10 de febrero de 2020 11:17 AM
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Atentos al ‘Brexit’ agrario, pero no preocupados

El riesgo radica en que las barreras comerciales de la UE a los países extracomunitarios ya no serán aplicables a la frontera británica, por lo que podrán importar productos de otros países donde los costes de producción son mucho más bajos y, por tanto, el precio

AL final se ha producido, el Reino Unido deja la Unión Europea (UE) tras muchos vaivenes. Quizás haya sido lo mejor, en todo caso, mucho mejor que este largo periodo de incertidumbres al que nos han sometido a lo largo de estos años. Una situación que demuestra que ni siquiera un gran país con una enorme tradición identitaria tiene las ideas claras sobre el camino a seguir.

Las emociones se han exacerbado por ambas partes y, a la vez que muchos británicos han celebrado la salida como si de la liberación de un yugo opresor se tratara, en el continente no son pocos los que piensan, e incluso desean, que les invada el caos y su economía se hunda, maldiciéndose por haber abandonado a la todopoderosa UE. Pues bien, o mucho me equivoco o nada de eso va a suceder. Sobre todo porque somos vecinos y tanto ellos como nosotros necesitamos tener una relación fluida y productiva para ambas partes. Y si bien es sabido que dos no pelean si uno no quiere, todavía menos si los dos quieren llevarse bien.

En el ámbito agrario, es cierto que España es el principal vendedor al Reino Unido de cítricos, hortalizas, aceite de oliva, frutos rojos, etc. El quinto en cárnicas y, en general, un exportador de peso de productos alimentarios a este país. De hecho, el 8% de las exportaciones alimentarias españolas se envían al Reino Unido, por un valor de más de 4.000 millones de euros. En este contexto uno podría pensar que el daño a nuestro sector puede ser sustancial. Que si el gobierno británico pone en marcha una política arancelaria estricta, junto con las inevitables barreras extra arancelarias, se podrían frenar radicalmente nuestras exportaciones.

El riesgo radica en que una vez fuera de la UE, las barreras comerciales de la UE a los países extracomunitarios ya no serán aplicables a la frontera británica, por lo que podrán importar productos de otros países donde los costes de producción son mucho más bajos y, por tanto, el precio. En este sentido África, Asia y Suramérica podrían crecer como proveedores alimentarios del mercado británico. Sin embargo, la situación no es tan sencilla. Por un lado, los costes de transporte, vía fletes marítimos o aéreos, son más elevados que el transporte por carretera desde España, lo que podría igualar el diferencial de previo.

Por otro lado y todavía más importante, el mediano y gran comercio británico es tremendamente exigente con la calidad de los productos que ponen en sus lineales. De hecho, las grandes cadenas de venta de alimentos como Tesco, la tercera cadena minorista más grande del mundo, o Sainsbury’s la segunda cadena de supermercados más grande del país, tienen unos de los estándares de calidad más exigentes a nivel mundial. En este sentido, la producción europea da perfecta respuesta a sus demandas, con unos parámetros de seguridad alimentaria y de calidad bien conocidos y ya acreditados por sus rigurosas agencias certificadoras. Estas garantías y los complejos procesos que los avalan no son fáciles de implantar en países mucho más alejados, con menos requerimientos sanitarios y mayor inestabilidad política y económica.

Tampoco hay que olvidar el factor Trump, muy interesado en reforzar la alianza anglosajona, sin las injerencias de una UE, para él ineficiente; algo en lo que es muy probable que tenga buena parte de razón.

Un factor menor, pero que también jugará su papel, es la huella medioambiental generada por un transporte desde puntos muy alejados, con las consiguientes emisiones de gases de efectos invernadero. Todo ello en un momento y en un país de alta sensibilidad medioambiental.

Fuente: hoy.es

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