11 de febrero de 2020 12:13 PM
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Fertilizar ayuda a lograr mejores rindes

CompartiremailFacebookTwitterComo sabemos una de las principales limitantes de la producción de soja, maíz y poroto en el NOA es el agua, pero los productores lograron en poco tiempo acomodarse y conocer perfectamente bien cuál es la mejor herramienta para mejorar la eficiencia en el uso de este recurso con la siembra directa, que actualmente abarca […]

Como sabemos una de las principales limitantes de la producción de soja, maíz y poroto en el NOA es el agua, pero los productores lograron en poco tiempo acomodarse y conocer perfectamente bien cuál es la mejor herramienta para mejorar la eficiencia en el uso de este recurso con la siembra directa, que actualmente abarca más del 95% de la superficie destinada a los granos en la región.

Además ya saben que la rotación con gramíneas es una práctica determinante para la acumulación de agua en el suelo y que el incremento del rastrojo en superficie influye en las condiciones físicas del suelo mejorando la estructura del mismo; por lo tanto, favorece la infiltración del agua de lluvia, disminuye el escurrimiento y mejora el balance de carbono en el suelo.

Aun, con todos estos beneficios, uno de los puntos débiles dentro de la cadena de producción de los granos en el NOA es la dificultad para establecer un sistema de rotación estable, salvo en productores ya conscientes y conocedores de los beneficios de esta herramienta.

No se puede dejar de tener en cuenta lo que ocurre con la rotación con gramíneas ya que dadas las características agro ecológicas del NOA, los niveles de rastrojo que aporta una gramínea como el maíz son determinantes en la acumulación de agua, lo que se refleja en incrementos en los rindes del cultivo de soja posteriores al maíz.

La rotación también beneficia a no permitir la difusión de malezas resistente a glifosato y permite tener un costo de producción razonable para su control, además de los beneficios sobre insectos y enfermedades.

Lo real es que, además de usar la rotación de cultivos y la adopción de la siembra directa y de toda la tecnología disponible para lograr un buen cultivo, la necesidad de mejorar los rendimientos y dar al suelo lo que le sacamos trajo aparejado un incremento en el uso de la práctica de la fertilización, práctica que es muy difundida por todos los técnicos e instituciones de investigación vinculadas al cultivo de granos en Tucumán y en la región NOA, pero todavía estamos por debajo de los reales valores que todos los suelos de la región necesitan., debido generalmente a un factor importante como la rentabilidad muy fluctuante y su alto costo.

La fertilización es por ende un aspecto central que se debe tener en cuenta al momento de decidir obtener buenos rendimientos en el cultivo de granos, pero debe tenerse bien en cuenta que el fertilizante a aplicar no solo debe ser el que necesita el cultivo que se implanta, sino lo que el suelo requiere para seguir siendo sustentable.

Actualmente con los rendimientos de granos que se vienen obteniendo en la región y en nuestra provincia, hace que la necesidad de una mayor y mejor fertilización sea realizada como corresponde en virtud de mantener un balance nutricional del suelo adecuada, siempre y cuando otras variables se den como la humedad optima del suelo.

Con la fertilización adecuada de los nutrientes que extraemos del suelo con cada cosecha debe ser tal, que mantengamos el balance nutricional y que esté acorde al ambiente en la cual estamos desarrollando el cultivo y para ello se debe utilizar las mejores técnicas de manejo y determinar las dosis, fuentes, momentos y formas de aplicación de fertilizantes más adecuadas. Sin duda que antes de realizar todo esto debe hacerse un correcto análisis de suelo y conocer el historial del lote para saber cómo y con qué fertilizar.

Hace unos días la Bolsa de Cereales de Buenos Aires afirmó a través de un relevamiento que la producción de granos argentinos durante el ciclo 2018/19 superó las 140 millones de toneladas siendo una marca histórica y que estos resultados se debieron al aporte de la tecnología.

De acuerdo al informe, en la campaña 2018/19, el consumo total de fertilizantes se incrementó un 21% respecto de la campaña 2017/18, lo cual estuvo asociado a la expansión del área sembrada con gramíneas (muy asociadas a los fertilizantes nitrogenados) y el aumento de las dosis.

Maíz, trigo y cebada presentaron las mayores dosis promedio. Sin embargo, aún hay una brecha de eficiencia agronómica por cubrir, es decir, que los cultivos se mantienen por debajo de los rendimientos que todavía pueden alcanzar.

En el caso de soja, el aporte principalmente viene de las fuentes fosfatadas o sulfatadas. Con respecto a fósforo, la campaña 2018/19 arrojó valores de dosis muy similares en general, en relación a las dos campañas anteriores.

Sin duda que un correcto manejo de los fertilizantes aportará al productor mejores resultados, pero para que esto suceda, no solo debe ser acompañado por factores agroclimáticos adecuados y practicas agricolas eficientes, sino también por decisiones políticas agropecuarias que permita realizar la inversión de fertilizar adecuadamente.

Fuente: La Gaceta

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