28 de febrero de 2020 10:37 AM
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Poner toda la carne…

La ganadería es una usina generadora de otras actividades industriales. La participación de la provincia en la producción nacional llega al 13 %, con capacidad además de desarrollarse en el ámbito de la bioeconomía. Alerta por la falta de apoyo a la realización de ArgenCarne en San Justo.

La ganadería debe ser una de las claves del desarrollo de nuestro país y, especialmente, de la provincia de Santa Fe.


Además de abastecer al mercado interno con precios por debajo del promedio histórico, de enero de 2019 a enero de este año, Argentina exportó 848 mil toneladas de carne vacuna, récord en el último medio siglo. El sector aportó unos U$ D 3.500 millones, tan necesarios para una economía ávida de divisas genuinas. El crecimiento sostenido de la demanda china -si bien las consecuencias del coronavirus transitoriamente pueden afectarlo- es una de las razones que explica el récord, pero hay otras causas como el incremento de los cortes de alta calidad a Europa y el cumplimiento de la cuota Hilton.


La actividad ganadera -muy por el contrario de lo que postula el falso dilema entre campo e industria, o entre actividad “primaria” y valor agregado- es una usina generadora de otras actividades industriales conformando una verdadera cadena. La más inmediata es la industria frigorífica pero ésta, a su vez, genera otros eslabones como la provisión de bienes de capital (cámaras y elementos de frío, equipos para el transporte, etc). En la propia actividad de cría del ganado hay incorporada cada vez más biotecnología producida en industrias de base tecnológica. Nuestro Parque Tecnológico Litoral Centro es un ejemplo muy cercano: en él hay empresas de medicamentos veterinarios de avanzada como vacunas, antibióticos y otros productos para la sanidad animal y un caso concreto de spin off de la investigación científica, como Biotecnofé, una empresa nueva que está desarrollando hormonas para hacer más eficiente el proceso de reproducción a través del cultivo de células animales.


Muchas medidas del gobierno de Cambiemos impulsaron el crecimiento de la actividad y la inversión, como lo demuestra la apertura de nuevos establecimientos frigoríficos. La baja de retenciones en un gesto de apoyo y estímulo al campo, la constitución de la Mesa de la Carne, la desburocratización y la mayor transparencia del SENASA, la apertura de nuevos mercados, entre otras actividades, dinamizaron la ganadería. Destacamos las acciones de promoción y ferias como lugares de circulación de saberes y negocios, entre ellos ArgenCarne, en la Sociedad Rural de San Justo, que es un evento estratégico para la provincia cuya sede merece todo el apoyo y no debe de ningún modo resignarse. Esas medidas en la dirección correcta deben sostenerse y generan incertidumbre tanto el aumento de las retenciones en el orden nacional como la falta de apoyo a ArgenCarne por parte del gobierno provincial.


Nuestra provincia tiene una gran potencialidad para protagonizar el crecimiento futuro de ésta actividad en el país. La participación de Santa Fe en la producción ganadera nacional es en torno al 13%, una proporción 70% por encima de nuestra participación en población, para tomar solo un indicador. Pero además tenemos los elementos necesarios para el desarrollo de lo que se ha dado en llamar la bioeconomía: la naturaleza que combinada con las labores humanas del cultivo de la tierra a través de la fotosíntesis produce granos y pasturas que pueden transformarse en proteína animal, la investigación científica y los profesionales en ciencias de la vida de excelencia en nuestras Universidades, y un lugar ganado en el mundo por la calidad de nuestras carnes. Además, la bioeconomía sustentable mitiga el cambio climático, produce arraigo de nuestros jóvenes y motoriza una red de miles de empresas –en su gran mayoría PyMES– que generan trabajo y oportunidades en todo el territorio.


A diferencia de otros momentos históricos, el límite para el crecimiento de la “industria ganadera” no es la demanda, sino nuestra propia capacidad de producir más. Desde la década del 60 el consumo per cápita de carne casi se duplicó –sobretodo por el ascenso de pobres a clases medias– y más que se duplicó la población mundial, pasando de 3.000 a 7.400 millones de personas. A ello hay que sumarle la fiebre porcina africana que diezmó la disponibilidad de proteínas animales en el principal productor y consumidor del mundo que es China. Los factores que impulsan la demanda mundial se mantendrán en el mediano plazo.


La pelota está en nuestro campo. Sólo hay que poner toda la carne al asador.

Fuente: El Litoral

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