28 de febrero de 2020 19:08 PM
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Indicadores de bienestar positivo en cerdos: una nueva tendencia para la evaluación del bienestar animal en porcinocultura

CompartiremailFacebookTwitterResumen El paradigma sobre lo que se entiende por bienestar animal ha ido cambiando con el tiempo, lo cual influye en la forma como se propone realizar su medición en sistemas productivos. En los inicios del desarrollo de esta disciplina, los aspectos relevantes al momento de evaluarlo eran la ausencia de signos de estrés, enfermedad […]

Resumen


El paradigma sobre lo que se entiende por bienestar animal ha ido cambiando con el tiempo, lo cual influye en la forma como se propone realizar su medición en sistemas productivos. En los inicios del desarrollo de esta disciplina, los aspectos relevantes al momento de evaluarlo eran la ausencia de signos de estrés, enfermedad y disminución del rendimiento productivo. En la actualidad, si bien estos aspectos siguen siendo importantes, el foco está en promover estados positivos en los animales, más que en minimizar los estados negativos. Este nuevo paradigma ha sido acompañado por cambios en conceptos fundamentales en la disciplina del bienestar animal, cambiando las Cinco Libertades a los Cinco Dominios y Vida Digna de ser Vivida, concepto relacionado con Calidad de Vida.


En este trabajo se revisa la información disponible sobre la evaluación de estados positivos en distintas especies animales y en particular en cerdos, evaluando la viabilidad de incorporar su medición en sistemas de evaluación de bienestar animal a nivel de granja que permiten el aseguramiento del bienestar animal.


Palabras claves:
 emoción positiva, bienestar animal, comportamiento de cerdos, oxitocina, evaluación cualitativa del comportamiento.


Introducción


Desde los años 80’s comenzó un aumento en el interés por el bienestar de los animales de granja, concepto que se definió en ese entonces como “el estado de un animal considerando los intentos para sobrellevar su ambiente” (Broom, 1986). Así, las principales aproximaciones para evaluarlo se enfocaron en evaluar problemas de bienestar animal, tales como estrés, dolor, enfermedades y bajas en el rendimiento productivo, basándose en las llamadas Cinco Libertades propuestas por el Comité de Bienestar de Animales de Granja del Reino Unido (FAWC, 1979 Farm Animal Welfare Council). A medida que se ha incrementado el conocimiento sobre el bienestar animal y también al aumento creciente de la conciencia de las personas por la forma como son tratados los animales en sistemas productivos, la ciencia del bienestar animal ha ido evolucionando y en la actualidad está cambiando el énfasis, ya que en vez de evaluar la presencia de problemas de bienestar animal, está enfocándose en promover el generar estados positivos en ellos (Fraser, 2003). En este sentido, Dawkins (2006) define bienestar animal como, el estado de un animal sano y que tiene lo que quiere, y la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE) en su Sesión 86 de mayo del 2018 acordó que se entiende bienestar animal como el “estado físico y mental de un animal en relación con las condiciones en las vive y muere”.


Así, las Cinco Libertades, como marco para evaluar el bienestar animal se han cuestionado porque en general se enfocan en experiencias negativas de los animales y estados negativos (p.ej., libres de hambre y sed; libres de dolor, lesiones y enfermedades), y un buen bienestar se lograría al reducir esas sensaciones negativas. Actualmente se cuenta con conocimiento sobre estados positivos que los animales pueden experimentar y las maneras de cómo se pueden promover (Mellor, 2016a,b). Además, otro aspecto que se ha cuestionado del manifiesto de las Cinco Libertades es que no permite distinguir dimensiones físicas/funcionales de las dimensiones afectivas (Mellor, 2016a). Así, en su lugar se ha propuesto el Modelo de los Cinco Dominios (Mellor & Beausoleil, 2015), el cual incorpora la evaluación de estados mentales en la medición global del bienestar animal, incluyendo emociones negativas y positivas. Mellor (2916a) propone cambiar la lógica de considerar el bienestar como equivalente a entregar provisiones para un buen bienestar, que es una aproximación común en las legislaciones de bienestar animal, con la finalidad de que los animales tengan una vida digna de ser vivida, que se enmarca en el concepto de Calidad de Vida y que destaca el balance entre, experiencias positivas y negativas en los animales (Green & Mellor, 2011).


Si bien, como se ha señalado, varios autores han planteado la relevancia de la evaluación de estados positivos y emociones positivas para evaluar el bienestar animal (Boissy et al., 2007b; Yeates & Main, 2008), es un tema relativamente reciente y por lo tanto, la búsqueda y validación de indicadores que permitan evaluar emociones positivas y estados positivos en bienestar animal constituye un desafío para los investigadores del tema y más aún plantear la forma de evaluar el bienestar animal en la práctica a nivel de granja (Fraser, 2003).


En esta revisión analizaremos primero qué significa evaluar estados y emociones positivas en animales, considerando indicadores fisiológicos y conductuales, y luego revisaremos los indicadores que se han descrito en cerdos. Finalmente, discutiremos la aplicabilidad de los indicadores descritos para esta especie y la brecha existente para que puedan ser incorporados como mediciones en protocolos de evaluación en granjas porcinas.


Indicadores de bienestar positivo: evaluación de emociones y más


Con la expansión de la ciencia del bienestar animal existen varias razones para promover indicadores de bienestar positivo tales como programas de educación, implementación de legislaciones y esquemas de certificación. Yeates & Main (2008) plantean que es importante promover un estado de bienestar positivo al mismo tiempo que una reducción de los estados negativos, ya que: 1) la sociedad cada vez valora un aumento del bienestar animal, 2) genera un buen vínculo con los animales, mejora su calidad de vida y al mismo tiempo mejora la satisfacción laboral y 3) permite mayor flexibilidad en el establecimiento de políticas a los distintos niveles.


En efecto, en la última década del siglo 20 surgió un gran interés por el conocimiento de la capacidad de los animales de experimentar emociones, ya que la preocupación por el bienestar animal proviene del reconocimiento que, los animales no sólo son reactivos a sus ambientes sino que también son sensibles. Esto implica que los animales tienen capacidades emocionales, de manera que intentarán minimizar las emociones negativas (p.ej., miedo, frustración), y por el contrario, se buscarán emociones positivas (p. ej., placer, alegría) (Duncan 1996).


Así, existe un amplio acuerdo entre los investigadores del área de bienestar animal de que los animales sienten dolor y sufren, tan es así, que se han validado métodos para evaluar estos estados (Fraser & Duncan, 1998). Sin embargo, con respecto a los métodos para evaluar experiencias positivas, éstos son más recientes a pesar de que se consideran centrales en el bienestar animal (Fraser, 1995). En efecto, se ha planteado que el bienestar animal no es la simple ausencia de emociones negativas, sino la presencia de emociones positivas. Esto nos lleva a considerar que es mejor asegurar conductas que en los animales se relacionen con satisfacción y placer, que aquellas conductas relacionadas con intentos de sobrellevar un ambiente deficiente en estímulos que permitan la expresión de conductas con alta motivación, generando frustración y sufrimiento (Lawrence, 1987). Además, la ausencia de signos de placer o emociones positivas en los animales puede ser una indicación en si misma de malestar, como es el caso de la anhedonia o la incapacidad para experimentar placer, uno de los síntomas centrales de la depresión (Boissy et al, 2007b).


No obstante, incorporar la comprensión de las emociones conlleva varios desafíos. Uno de ellos, es entender la relación entre la habilidad de expresar emociones positivas y un estado positivo más persistente, similar a la felicidad en las personas. Otro desafío es, describir un amplio rango de emociones positivas en las distintas especies animales utilizadas por el humano para distintos propósitos como el trabajo, la alimentación, la investigación, la recreación y otros. Además, dada la subjetividad de la experiencia de las emociones, no existe una forma de saber si los animales experimentan las emociones como los humanos (Boissy et al., 2007b).


Otro aspecto que se ha discutido es el uso de la terminología para referirse a estos estados y/o emociones positivas, como las palabras “gustar”, “querer”, “placer” y “felicidad”. Algunos autores científicos consideran estas palabras inapropiadas y cargadas de un valor emotivo que pueden predefinir modelos erróneos, por lo tanto, es tentador evitarlos (Dawkins, 2006). Sin embargo, esta terminología está presente en cualquier evaluación de bienestar animal, ya que los estados negativos como estrés, ansiedad y depresión también presuponen valores. De hecho, el concepto de estrés se ha revisado y redefinido en repetidas ocasiones para aclarar el concepto (Yousef, 1988; McEwen & Wingfield, 2010), lo cual es probable que ocurra con los términos usados para definir estados positivos que se han estado describiendo para evaluar bienestar animal (Yeates & Main, 2008).


Algunos términos que se usan con frecuencia en esta área se definen en el Cuadro 1.


Los indicadores propuestos para evaluar estados positivos en animales se pueden clasificar en conductuales y fisiológicos (Boissy et al., 2007a; Yeates & Main, 2008).


Dentro de los indicadores conductuales útiles para evaluar un bienestar positivo se señalan los comportamientos de “lujo”, concepto en contraposición a necesidades conductuales mínimas que se deben cumplir y que se exigen en legislaciones de bienestar animal. Estas conductas de lujo se consideran claves en indicadores positivos de bienestar, debido a que son los primeros comportamientos en perderse en situaciones difíciles. Como tal, a cualquier ocurrencia se le considera que el animal posee un “buen bienestar”, ya que, si el animal está realizando estos comportamientos, entonces la situación debe ser de un nivel de bienestar suficiente que permite su expresión. La identificación de estos comportamientos de lujo para diferentes especies es crucial. Algunos ejemplos son el juego, el acicalamiento y ciertas vocalizaciones (McCormick, 2012). Otros indicadores que se han descrito son “expresiones faciales” en ratas, caballos y otros animales (Finlayson et al., 2016; Descovich et al., 2017, Lansade et al., 2018). Estas expresiones se consideran más sensibles que posturas corporales o actividades.


Dentro de los indicadores fisiológicos positivos se han descrito varios, no obstante, son menos claros al momento de la evaluación, ya que un estado positivo puede ser estimulante o relajante. Es así que se podrían encontrar niveles altos de cortisol y células blancas. Se han utilizado parámetros como neurotransmisores, oxitocina y serotonina, cada uno con funciones específicas de acuerdo con el contexto (Yeates & Main, 2008).


Indicadores de bienestar positivo en cerdos


Se han descrito algunas conductas en cerdos que podrían utilizarse como indicadores de un estado positivo, las cuales se describen en la Cuadro 2. Las conductas listadas han sido validadas experimentalmente en estudios controlados con el propósito de evaluar la respuesta emocional y en algunos casos la capacidad de empatía. Los estudios citados en este trabajo no tuvieron una intencionalidad de ser replicados a nivel comercial, sin embargo, podrían eventualmente ser considerados. El juego en el cerdo por lo general está asociado a un estado positivo (Marcet et al., 2018). Se ha descrito también la capacidad de empatía en los cerdos, pero principalmente luego de haber experimentado emociones negativas (Reimert et al., 2015), no obstante, es un campo interesante de explorar, ya que el contagio de una emoción positiva podría ayudar a mejorar el estado de bienestar del grupo.


Algunas limitaciones que tiene la información encontrada a la fecha es que los estudios realizados han utilizado principalmente machos alojados en grupo. No se han estudiado signos de bienestar o emociones positivas en hembras y/o que se encuentren alojadas en jaulas, que es la situación que más preocupación muestra la opinión pública.


En cuanto a indicadores fisiológicos, se ha medido la respuesta a oxitocina exógena administrada vía intranasal (Reimert et al., 2015), no obstante, no tuvo el efecto esperado para estimular conductas positivas, ya que tanto los animales tratados como los controles, que experimentaron estímulos positivos, tuvieron la misma respuesta. También se ha medido la respuesta de cortisol salival como respuesta a enriquecimiento ambiental (Rodarte et al., 2004), no obstante no se observaron cambios significativos.


Un indicador fisiológico que ha dado resultados alentadores para evaluar emociones positivas es la variabilidad de la frecuencia cardiaca (HRV por su sigla en inglés) (Zebunke et al., 2011; Zebunke et al., 2013). Este indicador da cuenta de la activación del sistema nervioso parasimpático y se ha podido ver que los cerdos cuando se alimentan en un ambiente tranquilo las mediciones de frecuencia cardíaca se registran de manera consistente, de acuerdo a lo esperado.


En comparación con estudios realizados en otras especies animales, en el cerdo se ha explorado menos la utilidad de indicadores fisiológicos para evaluar estados positivos de bienestar animal, por lo que aún hay terreno que explorar en esta materia.


¿Son útiles los indicadores de bienestar positivo en sistemas de evaluación de bienestar positivo en cerdos a nivel de granja?


Si entendemos que bienestar animal no es sólo reducir los factores que afectan a los animales y minimizar problemas, entonces es deseable que se puedan evaluar aspectos positivos del bienestar. No obstante, a la fecha, los sistemas de evaluación de bienestar animal los incluyen de manera limitada. El sistema de evaluación Welfare Quality® (Temple et al., 2011) desarrollado en Europa, contempla una prueba llamada “Evaluación Cualitativa del Comportamiento” la cual permite evaluar la emocionalidad en cerdos (Rutherford et al., 2012) e identificar que los cerdos en las granjas estén muy bien y en cerdos de engorda mide el comportamiento social. Por otro lado, en otro sistema de evaluación de granjas porcinas llamado AssureWel (http://www.assurewel.org/pigs), el protocolo no incluye ningún indicador de bienestar positivo.


Discusión


Como se ha expuesto, las nuevas miradas sobre la evaluación del bienestar animal exigen que se considere una medición de bienestar positivo. Si bien este nuevo paradigma lleva alrededor de 10 años, aún la validación de los indicadores de bienestar positivo está en etapa de búsqueda. En cerdos, el juego, movimiento de cola, vocalizaciones de bajo tono y el caminar se pueden considerar indicadores válidos para evaluar estados positivos en animales etapa de engorda, pero faltaría validarlos en hembras y en las distintas etapas o edades del cerdo. Por ejemplo, surge la pregunta ¿una hembra en gestación en jaula podría expresar emociones positivas? ¿La privación crónica de movimiento podría ser causa de anhedonia o incapacidad de experimentar placer?


En relación a los indicadores fisiológicos, hay muchas más tareas pendientes para la lograr su validación. Sin embargo, para la utilización de indicadores positivos a nivel de granja, en general los indicadores fisiológicos son poco viables de aplicar.


En cuanto a la incorporación de indicadores de bienestar positivo en sistemas de evaluación que sean prácticos, válidos y confiables, es comprensible que hasta ahora no se incluyan o sólo escasamente en las evaluaciones de bienestar, ya que el desarrollo de este conocimiento es relativamente reciente. No obstante, la Evaluación Cualitativa del Comportamiento ha funcionado muy bien en el Welfare Quality®, de manera que se podría incorporar en otros protocolos que se generen a futuro. Los otros indicadores, a pesar de estar validados como signos de bienestar positivos, habría que diseñar formas prácticas de medirlos para así ser incorporados en sistemas de evaluación a nivel de grupo.


Conclusiones


El análisis presentado sobre bienestar positivo sugiere que el avance del conocimiento ofrece algunos indicadores que podrían ser utilizados para discriminar si los cerdos están experimentando sensaciones favorables o no. Si bien a la fecha se cuenta con información, se requiere avanzar en la validación de los indicadores y las formas de evaluarlos de manera práctica para incorporarlos entonces en sistemas de evaluación de bienestar a nivel de granja y que permitan el aseguramiento del bienestar de los cerdos.

Autor: Beatriz Zapata Salfate
Colaboradores: Enrique Corona Barrera

Fuente:

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