11 de marzo de 2020 12:00 PM
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Mendoza, tierra del buen vino, los megafardos… ¿y la carne?

El productor mendocino Diego Guerrero repasa cómo ha evolucionado la producción vitivinícola.

Mendoza es sinónimo de uvas y vinos (además, claro, de buenos paisajes, lagos y montañas, entre otras cosas). Pero la caída en el consumo de vinos obligó a reestructurar el negocio vitivinícola. Las empresas han ido buscando otras actividades que les den más estabilidad y previsibilidad. Así, surgió la producción de megafardos de alfalfa para exportar. También se ha eficientizado el uso del agua con riegos por goteo y aspersión, al tiempo que se ha mecanizado la cosecha de uvas.

Así lo vive Diego Guerrero, un ingeniero agrónomo, productor familiar y asesor que lleva el legado “campero” en la sangre. “Por el lado de papá tenemos campos de cría bovina extensiva, y por el lado de mamá trabajamos frutas y viñedos”, repasó Guerrero. Habían tenido hasta hace unos años un tambo de 40 vacas en San Rafael a partir del cual producían quesos artesanales, pero lo tuvieron que cerrar.

La familia Guerrero tiene dos campos: uno de 6.000 hectáreas en San Carlos, el noroeste mendocino, donde hacen una cría de monte natural en secano. El otro es un campo de 1.100 hectáreas en Juan Llerena, en el centro-oeste de San Luis, también natural de monte nativo, donde se hace la cría y, cuando se puede, algo de recría con pastoreos eficientes. El viñedo familiar está en San Rafael, Mendoza.

Por fuera del negocio familiar, Guerrero asesora una finca de 40 hectáreas de alfalfa, forma parte de una empresa que exporta megafardos, y asesora unas 150 hectáreas de viñedos que han ido mecanizando parte de la cosecha.

“La caída en el consumo de vino de las últimas décadas ha complicado la actividad vitivinícola, además tenés altos costos de laboreos, de insumos e impositivos, por eso, en lo profesional opté por diversificarme a la producción de las alfalfas, que además no es tan dependiente del clima, porque se riega, las granizadas te pueden arruinar un corte pero no toda una campaña y tiene precios estables y en ascenso”, resumió Guerrero.

Otras estrategias de la cadena ha sido aggiornarse a las necesidades de los nuevos consumidores, con propuestas de vino en lata o con menor contenido alcohólico.

Para Guerrero, también hay que propender a aprovechar los derivados de la producción de vino, como es el mosto, “tiene alto contenido azucarino y se exporta. Desde el sector se promueve el uso de azúcar de uva en bebidas gaseosas”. Actualmente, por ejemplo, se exporta a Japón para endulzar golosinas. También está la posibilidad de hacer alcoholes con orujo (la piel de la uva), así como usarlo para fertilizar en las fincas.

Riego eficiente

Mendoza es una provincia con un régimen pluviométrico que va de 150 a 400 milímetros según la zona. Las producciones se apalancan a partir del fantástico sistema de riegos y drenajes “único en el mundo” -aportó Guerrero-. Sin embargo, como las últimas campañas hay menos nieve en la cordillera y, por lo tanto, menos deshielo, una opción ha sido la eficientización de los sistemas de riego.

“Las producciones más intensivas como hortalizas o viñedos han pasado del riego por manto a riegos por goteo, y las alfalfas a pivotes por aspersión, lo que permite cuidar el recurso agua y bajar el costo de mano de obra”.

Mas carne se busca

“Queremos dejar de ser fábrica de terneros para pasar a ser fábrica de carne”, se entusiasmó Guerrero. Y argumentó: “Sólo el 15% de la carne vacuna que comemos los mendocinos es de un animal terminado y faenado en la provincia”. Hoy los terneros se van a engordar a San Luis, La Pampa o Córdoba y vuelven como media res.

“Hay que ver cómo podemos hacer para terminar esos animales acá, pero es difícil porque los fletes para traer los granos nos liquidan y producirlos acá también es caro porque necesitás del riego”, contó el productor y asesor mendocino.

De todos modos, como ganaderos buscan los caminos para ampliar la oferta de carne. “Siempre hablo con mi padre que la ganadería es una actividad que demanda tecnologías de procesos, no tanto de insumos, o sea, hacer pastoreos controlados, tener campos bien apotrerados, estacionar servicios, tener buena sanidad, logística aceitada con caminos transitables, todo eso”, explicó Guerrero. Y agregó: “En nuestro campo llueven 200-300 milímetros por año. Si vos no tenés todo bien aceitado, el agua se te escurre entre los dedos, no la podés aprovechar bien”.

Algo que están haciendo bastante para favorecer el crecimiento de pastos naturales es rolar la parte arbustiva que el animal no come, “para darle luz a las que sí come”. Otro manejo que están haciendo es el destete precoz. “Si vos tenés una finca de las que antes eran hortícolas y podés hacer algún forraje, llevás esos terneros destetados con 80 kilos o tres meses de vida y con algún suplemento lo recriás bien”, contó Guerrero.

Megafardos, nuevo negocio

La alfalfa tiene una larga tradición en la producción de carne y leche en Argentina. Sin embargo, hasta hace unos años, sólo se la pensaba cortada “a dientes”, o bien en pequeños fardos. 

Hoy, la dinámica mundial de los agronegocios, permite pensar en una producción de mega fardos en contraestación de 450 kilos para el mercado local o hasta 900 para exportar.

En Argentina, hay distintas zonas donde se presentan buenas condiciones para la producción de esta alfalfa que debe reunir ciertas características y el clima juega un papel fundamental. El norte de Córdoba es uno de los sitios; la Patagonia, el otro. Los climas más bien secos le sientan bien.

“Las condiciones ambientales nos dan un pasto de mucha mejor calidad que el de la Pampa Húmeda porque no tenemos lluvias en la época de corte y secado, el mundo demanda alto contenido de proteína y acá lo podemos lograr”, se entusiasmó Guerrero.

“Vemos una gran oportunidad, porque es un producto con un precio excelente, con una demanda que no tiene techo, y dicen que China en los próximos años, tendría capacidad para demandar todo el pasto que hoy se ofrece en el mundo”, contó Guerrero. En Mendoza muchos han empezado a producir alfalfas para megafardos en las fincas que antes eran hortícolas.

“La gente acá ha ido reconvirtiendo sus parcelas y está más tranquila con el clima, porque el granizo ya no es una amenaza tan severa, a lo sumo con la alfalfa perdés un corte. Con los frutales o las uvas perdés todo un año de trabajo, incluso dos”, concluyó Guerrero.

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