22 de marzo de 2020 11:32 AM
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Desde Salta, Lucas Elizalde avisa: “La soja se produce en quebranto, porque no se cubren los costos indirectos”

CompartiremailFacebookTwitterMientras la sociedad transita la cuarentena forzosa, hay procesos biológicos, productivos y comerciales que no se pueden detener y que, por otra parte, son los que garantizan el alimento de los argentinos. La soja genera la mayor parte de las divisas que el país necesita, pero a la vez integra la dieta de los pollos, […]

Mientras la sociedad transita la cuarentena forzosa, hay procesos biológicos, productivos y comerciales que no se pueden detener y que, por otra parte, son los que garantizan el alimento de los argentinos. La soja genera la mayor parte de las divisas que el país necesita, pero a la vez integra la dieta de los pollos, los cerdos ylas vacas que pasan por los feedlots y que terminan luego en la mesa de los argentinos. Esa soja se la produce también en Salta, una de las tantas provincias periféricas que no obtiene los rindes de las centrales, donde los productores pagan fletes más altos, pero los productores soportan la misma carga fiscal que en zonas más céntricas.

Lucas Elizalde es dirigente de CRA (Confederaciones Rurales Argentinas) en esa provincia. El productor agropecuario contó a Bichos de Campo qué pasa por estas semanas con la agricultura en la región: “El problema que tenemos en el norte es que el rinde promedio histórico de soja son 2.400 kilos (por hectárea) y para cubrir costos directos necesitamos esa cantidad”, apuntó.

Según Elizalde, en este escenario “entonces se produce en quebranto, porque no se cubren los costos indirectos como impuestos y gastos de estructura. Lo que termina pasando es que el productor vende activos o se endeuda para pagar y cumplir con sus obligaciones. Es la realidad promedio de la agricultura de soja”, enfatizó.

Según los cálculos del ruralista, para el productor las pérdidas por hectárea van de los 44 a los 84 dólares por hectárea. Mientras tanto, el Estado con esos mismos rindes se lleva cerca de 300 dólares, sumando la carga fiscal que implican las retenciones y el pago de los demás impuestos nacionales, provinciales y municipales.

Siguiendo con esa lógica, Elizalde remarcó que de cada 100 dólares que aporta la producción, 66 dólares son para el pago de costos directos y de comercialización y otros 43 dólares van al Estado. Cómo se ve, la suma no cierra y por eso el productor o vende activos o se endeuda, explicó.

“El problema en Salta no es el flete sino la carga fiscal”, sostiene este productor, que como otros en la provincia -para escapar a este cepo que generan costos e impuestos- decidió hacer cultivos especiales como el poroto alubia, de gran difusión en esa provincia.

Pero también esa alternativa puede transformarse en una trampa: “El riesgo es que al no haber rentabilidad en los committies (como soja y maíz) se pueden sobreofertar las especialidades y eso destruye al mercado”, dijo Elizalde.

También opinó sobre la reciente rebaja de retenciones a las legumbres, de 9 a 5%: “A pesar de que (en el gobierno) se jactan de haber ayudado a las economías regionales, al final esos cuatro puntos que nos sacaron en legumbres nos juegan en contra porque vamos a tener sobreoferta de porotos, que nos va a matar a todos”.

Fuente: Bichos de Campo

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