24 de marzo de 2020 14:44 PM
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La mortalidad súbita de cerdas; un problema creciente

El aumento de la tasa de mortalidad en cerdas es uno de los fenómenos más problemáticos a los que se ha enfrentado la producción porcina a nivel mundial durante los últimos años. Hoy en día no nos sorprende estar trabajando con unas tasas de mortalidad del 6-7%, números que hace un tiempo eran alarmantes e incluso inaceptables para la mayoría de empresas productoras de carne1.

¿Qué hay detrás de este aumento de muertes súbitas?


Pero sobretodo, ¿Qué impacto tiene dicho incremento en cuanto a costes productivos?


No hay nada más desconcertante para un ganadero o un veterinario de una explotación porcina que la muerte súbita de sus reproductoras. Por una parte, se trata de animales en los que se ha invertido una gran cantidad de dinero y, por otra, una tasa de mortalidad elevada aumenta la tasa de reposición y, por tanto, el porcentaje de primíparas, con el consiguiente riesgo de aparición de procesos patológicos que derivan de la desestabilización del censo (baja fertilidad, diarreas neonatales, brotes de PRRS, …)


1. El origen del problema

El 61% de las causas de muerte súbita poseen una etiología multifactorial lo que dificulta mucho su control; entre las causas más frecuentes encontramos prolapsos, úlceras gástricas, intoxicaciones por micotoxinas, torsiones, etc. Por otro lado, se estima que el 39% de las causas de mortalidad en cerdas son de etiología desconocida, y eso es algo extremadamente sorprendente2. Esto se debe a que muchas veces no se suelen practicar necropsias de las cerdas muertas y con ello se nos puede estar pasando por alto la fuente de la muerte; fuentes infecciosas y fuentes no infecciosas.


Entre los agentes infecciosos causantes de mortalidad en cerdas se encuentra Clostridium novyi, un bacilo anaeróbico Gram positivo, esporulante, que pese a tratarse de un anaerobio estricto, en algunos casos puede presentar cierta tolerancia al oxígenoClostridium novyi se ha descrito como agente etiológico de enfermedades como la mionecrosis, la hepatitis necrótica infecciosa y la hemoglobinuria bacilar3.


Por lo que a la hepatitis necrótica se refiere, la evolución de la enfermedad es generalmente hiperaguda, con apenas signos clínicos, lo que complica el aislamiento de la bacteria en los cadáveres del animal. Los principales signos clínicos son4:

  • Muerte súbita durante el periparto
  • Distensión de las canales con coloración morada de la piel
  • Descomposición cadavérica rápida e inhabitual
  • Hepatomegalia, infiltración de burbujas y oscurecimiento del hígado
  • Edema generalizado e infiltración subcutánea de burbujas

En algunos estudios se ha tratado de determinar las principales etiologías que pueden coexistir y causar brotes de mortalidad en granjas de cerdas. De hecho, un estudio llevado a cabo en 74 granjas con más de 1.150 madres en Estados Unidos concluyó que5:
 

  • La muerte súbita supone el 50% de las bajas de una granja
  • El 29% de las cerdas muertas presentaban cojeras (osteomalacia en cerdas jóvenes y osteocondrosis en caso de cerdas viejas)
  • El 14% de las bajas presentaron prolapso rectal
  • Clostridium novyi fue aislado en el 40% de las bajas. Estos resultados se complementan con un estudio de seroprevalencia realizado en España en el que, tras analizar 855 cerdas provenientes de 143 granjas diferentes, se registró un 31% de animales seropositivos y un 74.23% de granjas positivas a Cl.novyi 6

2. ¿Cuánto nos cuesta un incremento de mortalidad en cerdas reproductoras?

Llegados a este punto, tenemos que preguntarnos cuánto dinero nos está costando ese aumento de mortalidad en nuestras explotaciones. Para contestar esta pregunta tenemos que ser capaces de cuantificar el valor que supone la pérdida individual de una reproductora, y para ello vamos a tener que diferenciar dos tipos de costes; los que dependen de la cerda (costes individuales) y los que dependen del mercado (costes generales).


2.1 Costes generales


Si nos preguntamos por donde empieza el impacto económico de una baja, tenemos que empezar por aquellos costes que no se ligan directamente el momento o las condiciones en las que muere una cerda, sino que vienen fijados por unos precios que establece el mercado y que el ganadero deja de recibir cuando una cerda se muere. Se trata de unos costes que son variables y que afectan por igual a todas las cerdas de una región. Hablamos de:

  • Coste del alimento de gestación
  • Coste de la cerda al desvieje
  • Coste de la primera cubrición

2.2 Costes individuales


Los costes cerda-dependientes o individuales, tal y como su nombre indica son unos costes de oportunidad que van a impactar de manera distinta en cada caso de muerte súbita. Aquí hablamos de costes que vienen influenciados por factores como por ejemplo la fase productiva en el que un animal muere (ya que no es lo mismo una baja a día 13 de gestación que una baja a día 114), el número de ciclos productivos o el alimento consumido hasta el momento de la muerte. Todas estas variables conectadas entre ellas terminarán influenciando dos valores cruciales para el coste final:

  • Genética pendiente de amortizar: se trata del rendimiento económico que hemos sido (o no) capaces de sacar de la cerda. Su valor disminuye cada ciclo productivo ya que, cuantos más lechones se han destetado, mayor es la amortización realizada.

  • Valor de la gestación: pérdida que incluye el coste de la cubrición, los medicamentos, el coste diario de la plaza de gestación, y el alimento consumido. Su valor aumenta proporcionalmente durante los 114 días de gestación ya que la cerda habrá consumido más recursos.


Con todo ello somos capaces de dibujar un escenario en el que podemos cuantificar el coste individual que tiene una baja en distintas fases productivas:

Como podemos ver, cada baja tiene un coste distinto determinado, principalmente, por el tercio de gestación en el que ocurre la muerte. Cuanto más alimento se ha consumido, mayor es el valor de la gestación y por lo tanto el impacto económico. A nivel práctico, todo este procedimiento supone una limitación ya que, cuando queremos calcular el impacto global a nivel de granja, siempre tenemos que trabajar con aproximaciones.

Lo que sí que podemos, pese a estar trabajando con aproximaciones, es conocer el coste de oportunidad que perdemos si no se toman medidas para minimizar la muerte súbita (Tabla 2).

3. La prevención, el mejor remedio


La inmunización contra la hepatitis infecciosa inducida por Clostridium novyi es una práctica rutinaria en todo el mundo. Este tipo de prevención solo resulta viable con el uso de vacunas, generalmente toxoides basadas en toxinas alfa. SUISENG® es la única vacuna que contiene el toxoide alfa de Clostridium novyi para la protección de cerdas reproductoras además de proteger a los lechones frente a las diarreas perinatales provocadas por Escherichia coli y Clostridium perfringens tipo C.

Fuente:

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