6 de abril de 2020 04:52 AM
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Carnes: conciente de que problema está en la demanda, el mercado busca el equilibrio

“Por la pandemia se produjo un aluvión de compras por parte de los consumidores y los precios reaccionaron. Aun así, tampoco se trata de un crecimiento genuino”, dijo María Belén Collati, del Rosgan.

Guillermo D. Rueda

   “Al igual que el resto de los mercados de productos básicos, el de la carne se encuentra en busca de un equilibrio. Las medidas de aislamiento social obligatorio irrumpieron como un factor inesperado o, al menos, antes de lo previsto por la mayoría de los argentinos”.

   Lo dijo María Julia Aiassa, de Big River, para el Rosgan, en una semana cargada de versiones de una eventual intervención del mercado de la carne por parte del Gobierno nacional, en razón de un incremento de los precios de la carne en góndola sin, en apariencia, alguna razón.

   La crisis sanitaria ha provocado un shock de demanda, ya que la gente salió a llenar sus heladeras y a abastecerse para el período de cuarentena.

   “En este sentido, a diferencia de otros momentos en los que el mercado ha sido sujeto de intervenciones, no estamos ante un problema de oferta, sino de demanda”, agregó Aiassa.

   “Ante un aluvión de compras por parte de los consumidores, los precios reaccionaron. Aun así, tampoco se trata de un crecimiento genuino de la demanda y lo que se compró de más en los últimos días, derivará en menor demanda para los próximos”, explicó.

   “No debemos olvidarnos de que el poder adquisitivo del asalariado sigue siendo bajo, a lo que se suma la retracción que está sufriendo el consumo de carne que se vende en restorans”, añadió.

   Por el lado de la oferta, la realidad es que el suministro de hacienda gorda no se ha visto limitado a causa de las medidas adoptadas.

   “Sí hemos tenido un mes de marzo con ciertas disrupciones en el flujo de oferta. Primero a causa del paro agropecuario y, luego, debido a varios días de lluvias que limitaron las cargas”, amplió María Belén Collati, también del Rosgan.

   Así, los precios de la hacienda en Liniers registraron una fuerte suba durante la semana del cese de comercialización, que llevó a incrementos generales del orden del 15 %.

   “Sin embargo, rápidamente el mercado volvió a ajustar y, tras retomar el nivel de oferta habitual, los valores de la siguiente semana mostraron un retroceso promedio de más de un 10 %”, indicó.

   Durante la semana de sólo tres días hábiles (25, 26 y 27 de marzo), el nivel de oferta diaria en Liniers resultó, incluso, más elevado que durante la semana previa, y los valores volvieron a retroceder levemente.

   La industria frigorífica, en tanto, se encuentra trabajando prácticamente con normalidad, aunque evaluando la situación semana a semana.

   “De todos modos, una disrupción transitoria de la actividad de faena tampoco debería generar un impacto inmediato en el nivel de oferta, siempre que el Gobierno logre mantener asegurada la cadena de suministro a las distintas bocas de expendio”, comentó Aiassa.

   “Debemos considerar que el nivel de faena que viene registrando la Argentina sigue siendo elevado. Pese a la caída de las exportaciones, la faena se mantuvo relativamente constante”, afirmó.

   En los dos primeros meses del corriente año, las exportaciones de carne argentinas alcanzaron unas 112 mil toneladas, tras caer más de un 36 % en relación al último bimestre del año pasado. Sin embargo, el nivel de producción se contrajo sólo un 12 %, respondiendo más a una cuestión de estacionalidad que a movimiento de adecuación del mercado.

   “Esto ha generado un excedente de oferta que se refleja en un aumento del stock de mercadería que acumulan la mayoría de las plantas frigoríficas”, sostuvo Collati.

   “Pero esta acumulación de stock lejos está de ser un movimiento especulativo”, indicó.

   “Por el contrario, ha sido producto de una abrupta caída en la demanda de exportación, en un contexto en el que el consumo interno ofrece escasa capacidad de absorción”, explicó.

   Por el lado de la oferta primaria (la hacienda) tampoco es posible sostener un nivel de retención de tipo especulativo.

   “Una de los aspectos determinantes es la escasa flexibilidad que tiene la oferta de hacienda terminada para adaptar su flujo”, dijo.

   “Un ternero o novillito terminado no es posible seguir sosteniéndolo en producción por mucho tiempo sin incurrir en variaciones marginales negativas”, dijo.

   “Esto hace que la oferta de hacienda, por sí misma, mantenga una gran regularidad, no admitiendo la retención que sí podría llegar a generarse con otros productos básicos que, hoy, están siendo altamente demandados”, detalló Aiassa.

¿Por qué faltan novillos pesados?

   De acuerdo con los datos de la última vacunación en la Argentina, el total de novillos registrados (en marzo de 2019) fue de 2,6 millones de animales que, comparado con los datos de 2008, implica una caída de más de 2,2 millones de animales.

   Este faltante estructural de novillos, según el Rosgan, ha sido consecuencia de largos períodos bajo políticas agropecuarias que desincentivaron la producción ganadera. En este sentido, las trabas que, hasta hace cuatro años, primaban sobre la exportación provocaron el cierre de muchas plantas de faena que terminaron reduciendo drásticamente la demanda de novillos pesados destinados a abastecer mercados externos.

   Esto condujo a un proceso de desinversión en pasturas e instalaciones de campos tradicionalmente invernadores. Consecuentemente, se produce una reconversión de estos planteos a un concepto de engorde más rápido, llegando con un menor peso final a faena y permitiendo, a su vez, convertir en carne el grano que, por momentos, también costaba colocar para exportación. Es decir, se dio un doble efecto, por un lado la menor demanda de novillos pesados dada la falta de incentivos para exportar y por el otro, un alimento muy barato que justificaba la intensificación del engorde, para producir un animal de menos kilos orientado exclusivamente al mercado doméstico.

   Con anterioridad al boom de compras generado por China, ahora interrumpido por el coronavirus, la exportación de carne argentina dependía mayoritariamente de la oferta de novillos pesados, al menos respecto de los mercados tradicionales en los que Argentina podía capturar precio en razón de la calidad de sus carnes.

   Por entonces, mucho se ha hablado, de acuerdo con el Rosgan, de la falta estructural de esta categoría en el stock nacional. Lo cierto es que, más allá del excelente año cerrado en materia de exportaciones, este faltante sigue vigente.

   Pese a la abrupta baja del stock de novillos, el nivel de faena no se contrajo en igual magnitud. Esto derivó a una aceleración de la tasa de extracción, es decir, a mayor número de animales faenados sobre el stock inicial del período.

   La pregunta es: ¿a qué obedece semejante caída en la faena, habiendo partido de un stock inicial relativamente estabilizado? Y hay que remitirse a los cambios registrados en materia de política económica, en particular de política agroindustrial.

   En los últimos cuatro años la exportación volvió a ganar competitividad en los mercados, no sólo por la liberación de las trabas vigentes (ROE’s), sino por la fuerte devaluación que registró la moneda local. Esto si bien ha sido muy positivo para la industria exportadora, significó un cambio sustancial –según el Rosgan– para los planteos de engorde intensivo que vieron aumentar exponencialmente el costo de su principal insumo de alimentación, erosionando fuertemente los márgenes.

   Ante este nuevo escenario, especialmente a partir del último año, se aprecia una mayor retención de animales en los campos, en un intento de prolongar el período de recría y así ingresar con una invernada más pesada a la etapa de terminación.

   Se trata de sumar kilos más baratos, en la medida que la oferta de pasto lo permita, alargando todo el ciclo de producción primaria en sus distintos eslabones. Este alargamiento del ciclo de producción da como resultado un bache, aún más pronunciado, en la oferta de novillos más allá del faltante estructural.

   De acuerdo a los indicadores analizados por el Rosgan, es muy probable que, en el próximo recuento de novillos, se aprecie un quiebre de tendencia respecto de la pérdida de stocks registrada en los últimos años.

   De confirmarse, podría marcar el inicio de un proceso de recomposición de esta categoría que llevaría a un aumento de la producción final, aun sin mediar grandes variaciones en el stock total de faena (kilo/gancho) que, tras un prolongado período de estancamiento, la productividad del rodeo nacional ha comenzado a crecer de manera sostenida en los últimos tres años, pudiendo terminar este último período en torno a los 59 kilos/animal en stock.

Fuente: lanueva.com

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