15 de abril de 2020 01:40 AM
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¿Por qué no crece el consumo de carne ovina? Para Roberto Boffi, “es difícil organizar productores con majadas que no logran siquiera llenar un camión”

CompartiremailFacebookTwitterLa carne ovina venía tratando de ganarse un espacio un poco mayor en el consumo doméstico de carnes, pero la crisis del coronavirus puso en jaque toda la distribución y por ahora detuvo ese impulso. Para potenciar esta cadena productiva, en los últimos años se creó la Mesa Nacional Ovina, que tenía una ambiciosa agenda […]

La carne ovina venía tratando de ganarse un espacio un poco mayor en el consumo doméstico de carnes, pero la crisis del coronavirus puso en jaque toda la distribución y por ahora detuvo ese impulso.

Para potenciar esta cadena productiva, en los últimos años se creó la Mesa Nacional Ovina, que tenía una ambiciosa agenda con la promoción del consumo interno como uno de sus ejes principales, ya que no llega a 2 kilos anuales per cápita, contra más de 50 kilos de carne vacuna, 45 kilos de pollo o 15 kilos de cerdo. Pero la crisis sanitaria parece haber obligado al sector a pisar el freno. Así lo indicó Roberto Boffi, quien se dedica desde hace más de 20 años a la producción, faena y comercialización de esta especie.

“Este es un año absolutamente atípico, pues se destrozaron todas las cadenas que intentamos comercializar algo. En el caso del ovino cambia por completo la forma de distribuir. Teníamos como principales clientes a los hoteles y restaurantes, y esa demanda desapareció y será difícil que vuelva a aparecer. Estamos  viendo como cambiamos la forma de distribuir esta carne, porque la realidad es que el consumidor final cuando la ve la consume”, explicó el ovejero.

Escuchá el reportaje completo a Roberto Boffi:

Boffi no cree que el problema de la carne ovina esté en la demanda sino más bien en la posibilidad de contar con una oferta continua y de características parejas de cortes ovinos, aunque reconoce que los argentinos estamos lejos de saber cómo cocinar los cortes que ofrece esta especie.

“La demanda está, incluso en ciudades como Buenos Aires y su conurbano. Pero el consumidor final no encuentra el producto. Es real que la forma en que se presente el producto hará más sencilla o compleja para su cocción. Aunque estamos lejos de esa cultura, en términos generales entiendo que la demanda supera a la oferta”, indicó el productor.

Este especialista en comercio de carne ovina considera que el gran desafío del sector no está en el consumidor argentino, que se lleva toda la carne que se le ponga delante, ni tampoco en la disponibilidad de salas de faena, a las que considera más que suficientes.

Para Boffi el problema mayor a superar está en la oferta del producto, al menos en la zona del país que queda por encima del paralelo 44, que divide a la Argentina en dos. Se trata de la barrera sanitaria del Río Colorado. Por encima de ese límite es necesario aplicar la vacuna contra la fiebre aftosa y por debajo se considera una “zona libre sin vacunación”. Esta última condición permite el acceso a otros mercados que tienen más exigencias sanitarias. En rigor, hace pocos meses se habilitó el ingreso de carne ovina patagónica a Japón, uno de los mercados más exigentes.

“Desde el punto de vista de la producción son dos regiones diferentes. Por debajo hay frigoríficos exportadores y tienen (los productores) una cultura de trabajo mucho más fuerte de la que hay del paralelo 44 para arriba. El producto que terminan llega con mucha más continuidad”, explicó.

Luego agregó que en la zona norte “lo que pasa fundamentalmente es que la oferta no está organizada. Hay gran cantidad de hacienda no registrada, mucha matanza en negro y el tamaño de los productores varía mucho y eso hace que la cadena sea difícil de organizar. Ahí está la clave en el desarrollo de una cadena que permite que el producto llegue con continuidad”.

Boffi dijo que la zona está repleta de frigoríficos que pueden faenar ovinos y nombró varios municipios como los de General Belgrano, Roque Perez, Chascomús o Coronel Pringles donde funcionan algunos con habilitación sólo provincial. Añadió que también muchas plantas cerraron por la falta de una oferta continua y pareja, en cantidad y calidad.

“La realidad es que no creo que falte estructura frigorífica. Creo que el productor no conoce la demanda y si vos analizás el tamaño de los productores, hay pocos con majadas de más de mil animales, y pocos con más de 500. Es difícil organizar productores con majadas que no logran siquiera llenar un camión”.

Fuente: Bichos de Campo

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