19 de abril de 2020 10:57 AM
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Legumbres a China: el primer paso de un largo camino

El gigante asiático aprobó el protocolo sanitario y habilitó a un conjunto de empresas para embarcar arvejas, lentejas o garbanzos. Una gran noticia para el sur santafesino. Por delante queda un recorrido cargado de inconvenientes a sortear para poder aprovechar la oportunidad que brinda el mayor mercado del mundo.

A comienzos de abril se cerró una primera etapa de gran trascendencia para las legumbres argentinas: tras varios años de gestiones China habilitó 7 empresas y 8 plantas nacionales para el envío a su país de lentejas, arvejas o garbanzos. Un gran paso, pero no el último sino el primero de un camino que exigirá mucho trabajo, comercial y agronómico, para sacarle el máximo provecho a la oportunidad que se abre en el gigante asiático.

El negocio

Entre las firmas que lograron el visto bueno, varias son santafesinas dado que buena parte de la producción nacional de arveja se concentra en los departamentos Constitución y Rosario. “La noticia tuvo una repercusión impresionante en la zona, pero no quiere decir que ahora los chinos van a venir a llevarse todo; recién se abrió la puerta sanitaria, ahora hay que abrir la comercial”, indicó a Campolitoral Sergio Dipego, titular de Don Elio, empresa familiar que lleva tres generaciones produciendo legumbres y cuenta con una planta de procesamiento y fraccionado en Coronel Domínguez donde elaboran mercadería propia y de terceros.

Actualmente siembran unas 1.500 hectáreas de legumbres y por la fábrica pasan al año 6.000 toneladas de lenteja y 3.000 de arvejas, que se transforman en 140.000 paquetes diarios de granos secos (de medio kilo) con destino a supermercados o en sacos de 25 kilogramos. La mitad de las arvejas, además, se enlatan. Y ya realizan ventas al exterior, con colocaciones en países limítrofes y España.

Tras indicar que la validación de China es sobre el proceso de trazabilidad, desde el campo hasta el despacho del producto, el empresario explicó que “ahora sigue la parte de los negocios, que es encontrar la punta donde tengamos el futuro comprador, nos pongamos de acuerdo en precios y forma de pago; esa parte no la tenemos todavía”. Si bien consideró que aún están “lejos” de avanzar en esa instancia, se animó a suponer que los primeros embarques podrían cargarse al inicio de 2021, con la nueva cosecha que se levanta entre noviembre y diciembre. “Los contactos ya se iniciaron”, confió. Aunque “se habla todo sobre futuro, porque mercadería existente hay muy poca y primero hay que garantizar el mercado interno”.

Según el titular de Don Elio la escala del negocio la determinarán el mercado y el clima. “En años buenos no hay techo, en los malos como este -que se sufrió la sequía- estamos enfocados en el mercado interno. “Estamos exportando poco porque no hay excedentes; además creció la demanda doméstica porque el gobierno nacional incluyó legumbres en la asistencia social frente a la pandemia de coronavirus”, agregó.

Rotación

“Se abre un panorama muy lindo para que este año desarrollemos un plan”, dijo en referencia a incentivar a productores para que siembren legumbres en el invierno, “que en el plan de rotación agrícola encaja muy bien”.

“Es imposible de cuantificar (el impacto agrícola), porque China es tan demandante de estos productos que, de aparecer un negocio, puede ser tan importante como duplicar el área de siembra a nivel nacional; no sería nada descabellado”, estimó Dipego.

El problema, en el corto plazo, es “un perfil con muy poca humedad”, dijo, mientras se aproxima el inicio de la campaña con las siembras en junio y julio. Aunque es un factor determinante, hay otras cuestiones que pueden jugar a favor de las legumbres esta campaña: pagan menos retenciones que el trigo, cultivo con el que compiten en el uso del suelo; y los chacareros, que tuvieron una “media cosecha o menos” de soja necesitarán indefectiblemente sembrar en invierno para hacerse de liquidez cuanto antes. “Hay una pura necesidad de productores en esta zona que han cosechado muchos menos kilos de soja y se ven obligados a no dejar el campo vacío en el invierno y sembrar lo que sea porque hay muchos compromisos que cumplir”.

Genética y otros descuentos

Por su parte, desde la Agencia de Extensión Rural (AER) Arroyo Seco de INTA, el especialista en legumbres Gabriel Prieto consideró la aprobación del protocolo sanitario como una “buena noticia” para el sector, pero planteó otros desafíos para desarrollar el negocio con China.

El primero es la escala y la competencia con los países que se consolidaron como proveedores del gigante asiático con quienes no será fácil disputar el mercado. Por ejemplo sólo en arvejas la plaza oriental asciende a 1.5 millones de toneladas, mientras en Argentina no produce más de 110.000 toneladas. “Menos del 10%”, señaló el ingeniero agrónomo, y agregó: “China tiene como abastecedor natural a Canadá, con precios y calidad muy competitivos”. Además, el gigante asiático demanda arveja amarilla que tiene menor precio y representa apenas el 15/20% en Argentina, donde la mayor producción es de arveja verde.

A su vez, tanto en arveja como en lenteja, para generar más volumen hay una fuerte limitante genética, ya que en ambas especies se siembran variedades antiguas con escaso potencial para aumentar rindes y algunos problemas de calidad asociados a la falta de pureza que agregan costos extra. “La habilitación del mercado Chino deberá obligar una mejora genética, en arveja hace 25 años que se usa lo mismo; y esto no va a cambiar hasta que no haya una Ley de Semillas que garantice rentabilidad al obtentor y calidad al productor”, sintetizó. Al respecto relató que existen 33 variedades de arveja registradas en el INASE (Instituto Nacional de Semillas), pero en el 80% de la siembra se usan 4. Peor es la situación de las semillas de lenteja, con sólo cuatro variedades registradas y “la más moderna tiene 25 años”.

Asociado a esto Prieto remarcó: “todo lo que no sea pureza genética implica mayores costos para el productor” y por lo tanto menores márgenes. Al respecto citó el problema de la “flor mora” en el cultivo de arvejas. Se trata de una alteración genética por la que se genera un porcentaje de granos oscuros que obliga al productor a utilizar máquinas especiales para la limpieza de las partidas, agregando costos al proceso. “Y no hay lotes libres”, afirmó.

En cuanto a “descuentos”, también se requiere agregar la infinidad de ítems que configuran el denominado “costo argentino”, como fletes caros, logística imposible, paros en puertos o simplemente la carga tributaria, entre otros. “Por eso el productor de legumbres argentino recibe el 50% del precio que se paga en China”, reveló.

Como corolario, Prieto explicó que arveja verde y amarilla comparten la misma posición arancelaria en Argentina, pese a que son productos diferentes con precios distintos. Para establecer el valor FOB oficial se toma la cotización de la verde, que es más elevada, por lo que la amarilla, que para colmo tiene “precio deprimido” en torno a u$ s100 la tonelada, termina pagando (descuento en el precio) “el cuádruple de retenciones”.

Quienes son

“Argentina se ubica dentro de los pocos países que tienen implementado un protocolo fitosanitario de importación con el principal consumidor mundial de legumbres y que a su vez es el mercado de mayor crecimiento de consumo de los últimos años”, explicó la Cámara de Legumbres de la República Argentina (CLERA) en una comunicado.

Las empresas aprobadas fueron la Asociación de Cooperativas Argentinas. S.C.L.; Desdelsur S.A; Southern Seeds Production S.A.; Agricultores Federados Argentinos S.C.L.; Ronalb S.A.; Don Elio S.A.; Uranga Trading S.A.

Según publicó la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), la producción de legumbres en la campaña 2017/18 alcanzó las 686.500 toneladas en la Argentina, mientras que las exportaciones alcanzaron el 75% de la producción con 512.000 toneladas.

Fuente: El Litoral

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