20 de abril de 2020 11:11 AM
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En EE.UU., el petróleo y la Covid-19 les pegan al maíz y a la harina de soja

La menor demanda de Estados Unidos impacta en sus precios internos. El riesgo es que esta baja se traslade a Chicago.

Durante la rueda de mitad de la semana, el precio del maíz en el mercado de Chicago cayó al mínimo de casi tres años. La crisis del petróleo, con un precio del barril que llegó a un piso de 20 dólares, fue el disparador bajista en el valor del etanol producido a partir del cereal en Estados Unidos.

La crisis del petróleo se produjo en el medio de la pandemia por el nuevo coronavirus declarada por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Y en simultáneo se registró la caída en las cotizaciones de todas las bolsas del mundo.

La pérdida en la actividad económica mundial, con afectación también en Estados Unidos, China y muchos de los países de la Unión Europea, ha tenido un impacto negativo sobre el precio de los minerales y la energía.

Las cotizaciones de las commodities agrícolas, no obstante, no han sufrido la fuerte baja que se produjo en el resto de las mercancías. Sin embargo, el principal país productor del mundo de soja y maíz –Estados Unidos–, comienza a mostrar síntomas de caída de sus precios internos, debido a su menor demanda interna.

Sucede que en el país del Norte, el consumo de maíz destinado a la producción de etanol representa 30 por ciento de la cosecha de maíz, el equivalente a un volumen de 130 millones de toneladas.

El menor precio del petróleo junto con la disminución en la demanda de etanol en su mercado interno provocó una merma durante la semana en la producción de etanol de 102 mil barriles por día. La retracción afectó a la industria que se vio obligada al cierre de plantas.

Efectos negativos

La demanda de etanol en base a maíz se vio perjudicada también por las medidas de cuarentena en Estados Unidos, que han mantenido a los automóviles fuera de las carreteras.

Además, el consumo doméstico de harina de soja en Estados Unidos está sufriendo una fuerte caída, como consecuencia de la menor actividad económica que se refleja por ejemplo en el aumento de la desocupación y la caída del consumo de carnes. Por este motivo es inminente el riesgo que se produzca una interrupción en la producción de carne en Estados Unidos.

De hecho Smithfield, principal criadero de cerdo anunció el cierre de sus operaciones de faena debido a que algunos de sus empleados habían sido contagiados por el virus. De la misma forma, muchos frigoríficos de carne vacuna están también evaluando la posibilidad de cerrar algunas de sus plantas procesadoras, ante la menor demanda.

Ese menor requerimiento de proteína para producir carne podría impactar de forma negativa en el precio de la harina de soja en Chicago, como ya ocurrió esta semana.

En ambos casos, el maíz y la harina de soja los Estados Unidos tienen un mercado doméstico muy fuerte, cuyo volumen supera ampliamente el de sus exportaciones. En el caso del maíz no sólo se utiliza en la industria de etanol con un volumen de 130 millones de toneladas, sino que también se abastece a la industria de elaboración de alimentos balanceados utilizados para la producción de carnes que, en total, consumen un volumen cercano a los 150 millones de toneladas.

El riesgo para el mercado global es que la menor demanda interna de maíz y de harina de soja en Estados Unidos impacte directamente en la tendencia negativa de los precios en Chicago. Existe también la posibilidad de que la menor demanda interna estadounidense provoque un incremento en el saldo exportable de ambos productos.

Este es el talón de Aquiles de la crisis. Lo genera la caída de la demanda interna de países como Estados Unidos que son fuertes productores y exportadores, pero también con un volumen de mercado interno que es lo suficientemente grande como para que cualquier disminución en su actividad genere un excedente de saldos exportables.

Contra este factor bajista, un potencial aumento de la demanda de los países importadores de alimentos podría ir equilibrando el mercado, con un frenó en el ritmo e intensidad en las bajas de precios.

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