26 de abril de 2020 15:15 PM
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Derribar un mito: ¿quién dijo que hay poca gente en el campo?

El coordinador del último Censo Agropecuario, Roberto Bisang contó que hay más de 330.000 viviendas rurales y 730.000 residentes

Argentina se enfrenta ante la necesidad de repensar su perfil industrial hacia el futuro. El campo ya no es sólo granos, carnes y productos regionales, hoy también es la reutilización de lo que eran residuos (estiércol, bagazo, cáscaras, etc) para producir bioenergía y biomateriales.

“En este contexto, el sector agropecuario no aparece ya sólo como proveedor de alimentos, sino que ha empezado a caminar por un sendero de desarrollo donde, además de producir alimentos de manera mucho más eficiente que hace 20 años, también está empezando procesar la biomasa y a usar de manera sustentable de todos los recursos”, resumió durante una videoconferencia el economista Roberto Bisang, que fue coordinador del Censo Nacional Agropecuario 2018.

Durante algo más de una hora repasó datos y ofreció algunas conclusiones sobre el sector. Los datos del CNA 2018 dejan muchos datos concretos a partir de los cuales se pueden sacar algunas conclusiones y se puede vislumbrar un cambio que ya se está gestando: chau pooles, es un sector que genera empleo, muchos viven en el campo, hay una agroindustria incipiente en los mismos campos o en zonas rurales.

Como disparador, Bisang apuntó: “Argentina se sigue pensando desde una estructura convencional que tiene que ver con el concepto que se tiene urbanamente de la industria, pero esa industria no le está generando la cantidad de empleos y el saldo de balance comercial que se necesita”. Y agregó: “Por otro lado, el agro, a partir de su organización en red, con 14 cultivos anuales, muy cargado de servicios, de tecnología, va camino a lo que podría llamar de precisión o 3.0”.

Datos fríos y reflexiones

Los datos finales del CNA 2018 estarían antes que termine 2020 pero habrá que ver qué sucede pandemia de coronavirus mediante. Sin embargo, los resultados preliminares ya permiten ir sacando conclusiones.

Bisang repasó los datos principales (que se mostraron ya en noviembre de 2019), al tiempo que fue haciendo algunas reflexiones. Se relevaron 206,7 millones de hectáreas (M/ha) y se censaron 250.881 explotaciones agropecuarias (EAPs).

¿Cómo se usa el suelo? Hay unas 38 M/ha que tienen cultivos, 102 M/ha de superficie apta pero no cultivada, 11 M/ha de superficie no apta y 3 millones con viviendas y caminos.

“Un dato interesante es que hay 330.000 viviendas en el campo, hay mucha más gente de lo que se cree viviendo en la ruralidad, hay 730.000 residentes”, aseveró Bisang. Y espetó: “No es cierto que todos los campos están vacíos, la percepción urbana de que esto es así es de dudosa sustentabilidad”.

Marcó como una de las novedades, o que les llamó la atención, “la existencia de 32.000 prestadores de servicios puro, contratistas que van de un campo a otro a sembrar, cosechar, pulverizar o hacer forrajes”.

Chau “pooles”

¿Cómo es el perfil de los decisores en la actividad agropecuaria? Se preguntó Bisang. “Lo primero que hay que saber es que el grueso de las explotaciones a nivel país tienen en promedio 200 a 500 hectáreas, y hay, a nivel país, sólo 2.473 EAPs de más de 10.000 hectáreas, ahora bien, si uno toma las 10 provincias agrícolas centrales, sólo son 843 las explotaciones que superan ese hectareaje, con lo cual, si uno quiere saber quienes son entran en una planilla bastante corta”.

“El dato más llamativo es que las grandes explotaciones que existían en 2001-2002, los grandes pools de más de 200.000 hectáreas, prácticamente desaparecieron y se han ido quedando en tamaños de 50.000 a 60.000 hectáreas, los grandes se han reconvertido para bajar riesgo de ese modelo que se basaba en más superficie hoy tiene su basamento en producciones más diversificadas, que van sumando actividades productos como la bioenergía y otras actividades como la producción forestal por contrato, todo esto aleja al campo sojero, el que se construyó en las mentes urbanas”, espetó Bisang.

Hay 113.000 productores sobre las explotaciones agropecuarias (45%), o sea la mitad de las EAPs tiene la gente viviendo ahí. Además el 65% son gestionadas por el propio productor.

“Hay un imaginario colectivo sobre los pooles de siembra, fideicomisos y los fondos de inversión, pero los números de acá es que hay 208 fideicomisos, 13 fondos de inversión, mucho menos de los que pensábamos, 853 pooles de producción y 2.577 EAPs de cierto peso económico que forman parte de grupos económicos con otras actividades, es decir, la gente que no es del campo y vino al campo a invertir”, enumeró Bisang.

Otro dato interesante, preocupante a la vez, es que menos del 5% de las empresas usan mercado de futuros y opciones. Además, menos de 10.000 practican agricultura de precisión, 43.400 son gestionadas por mujeres y sólo en 20.755 (8,2%) sus productores tienen educación universitaria.

“Un tema preocupante es que sólo un 45% lleva registro de producción, algo complicado pensando en la organización y el progreso ordenado de una empresa”, destacó Bisang.

También apuntó que, en promedio, el 35% tienen computadora y usan internet. “Cuidado con esto, porque en las zonas centrales tienen cerca del 60% pero en otras como NEA y NOA, no llegan al 10%, entonces todo lo que se plantea desde la ganadería de precisión y el E-commerce tiene un techo que está dado porque no hay infraestructura básica para llevarlo adelante”, advirtió Bisang.

Qué cambió desde el último censo

Entre los datos más destacados de cosas que cambiaron desde el último censo realizado en 2002 a este de 2018, es que hay 17 millones de hectáreas menos en producción. “Esto se explica básicamente por la crisis lanera de Argentina que hace que haya 9 millones de hectáreas menos en provincias patagónicas, principalmente, Santa Cruz y Chubut, también se debe a inundaciones y al avance de la urbanización”, resumió Bisang.

Un dato que refleja la tecnificación en pos de la eficiencia, es que sin haber cambiado casi nada la superficie implantada, en 2002 se producían 60 millones de toneladas entre cereales y oleaginosas y en 2018/19 se produjeron 140 Mt, “la productividad ha aumentado fenomenalmente por hectárea, esto es tecnología, sistematización, eficiencia, etc”.

Algo alarmante es que respecto del último censo desaparecieron 4 millones de hectáreas de bosques naturales (de 34 M/ha a 30 M/ha).

¿Cuánto se agro-industrializa?

“Veinte años atrás, el campo era básicamente un reservorio de recursos naturales aplicado a la producción de insumos para hacer alimentos, hoy el campo sigue cumpliendo ese rol con creces, y de manera más eficiente (recordemos evolución de la cantidad de hectáreas y la producción) pero ahora también sirve para producir bioenergías, biomateriales y turismo”, relató Bisang. Y agregó: “Por toda esta evolución, la habrá que ver cómo cuál es el aporte de la actividad agropecuaria a la bioindustria de todo el país, en un contexto en el que la bioindustria está llamada a ser un motor de desarrollo los próximos años”.

De las 250.881 EAPs relevadas, unas 9.700 están integradas con agroindustrias (son proveedoras de un producto bajo contrato, una empresa que puede ser de su propiedad o de terceros, gente del campo que avanzó a la industria).

Se desglosan en 3.000 que fraccionan aceitunas, 2.376 que fraccionan y envasan hortalizas (otro fenómeno interesante, grandes galpones y plantas de congelados adentro de algunos campos), unas 2000 procesan deshidratados de frutas y verduras; 233 bodegas dentro de los campos, 2500 fabricas de embutidos también en los mismos campos, 149 envasan y pasteurizan leche y 2679 curtiembres. “Hay un avance de la agroindustria sumamente importante”, sentenció Bisang.

Pero además, hay 552 elaboradores de alimento balanceado adentro de los campos, establecimientos de mediana o baja escala que han subido un escalón. También 261 extrusoras de soja y 5 mini destilerías de maíz.

Finalmente, otras que “son centrales en la ecuación del campo que produce biomasa para alimentos y ahora produce biomasa para energía: unas 1.114 que hacen algún procesamiento del estiércol de tambos, feedlots y explotaciones aviares. “El estiércol empieza a ser una materia prima más que un problema que, además, puede valorizarse comercialmente y es otro ingreso para la empresa”, relató Bisang. Finalmente hay unas 1500 empresas que hacen actividades de turismo.

Revolución NOA y NEA

Otro de los cambios que llamó la atención a los analistas del CNA 2018 es el cambio que se ha dado en las provincias del norte del país. “En NEA y NOA hay muchas empresas que hacen agricultura, ganadería, algunos con feedlot, otros con emprendimientos avícolas, industrializan, producen su propio alimento y lo que queda es la idea de una nueva avanzada con unas 200-300 de estas empresas que son entrerrianas, algunas forestales en Corrientes y Misiones, Santiago del Estero, Chaco, Salta, etc, que están obligados, para crecer a pensar en industrialización, porque el flete no ayuda”, relató Bisang.

Al poner bajo la lupa la zona central, aparecen más jugadores con 150-200 hectáreas a 1500-2000 hectáreas, que tienen lugar de residencia citadina y varios campos alquilados en un radio no muy alejado que les permite ir y venir en el día. “Es un modelo de desarrollo que le cambió la cara a esas ciudades”, dijo Bisang.

Los nuevos clusters

Bisang también mostró lo que llamó “nuevos clusters”, con tres perfiles distintos. Por un lado, los nichos “for export”, como la producción de arándanos, limones, berries, pistachos, que son “integraciones de empresas con capacidad de coordinación hacia atrás, con hectáreas propias de abastecimientos para insumos, mas compras a terceros a partir de producciones parametrizadas, que arman complejos en determinadas regiones y le cambian la cara a la zona”.

Bisang destacó que “pueblos que hace 20 años tenían 8000 habitantes hoy se convirtieron en ciudades de 20.000 habitantes, es un modelo de negocio que tiene impacto territorial”.

El segundo nicho son los complejos agroenergéticos a gran escala, media y baja escala, “el cracking de las cinco plantas etanoleras, 12-15 empresas que molían caña para azúcar y ahora son grandes complejos sucroalcoholeros, más producción de biofertilizantes y demás, son empresas que antes eran agrícolas netos y hoy se han vuelto complejos industriales”.

Por último, el tercer nicho, que destacó Bisang son los polos hortícolas periurbanos. “Son cadenas cortas, campos pequeños que se ubican en la periferia de ciudades de más de 100.000 habitantes y abastecen con productos frescos a la misma, algo que hay que revalorizar coronavirus mediante”, opinó Bisang.

Desafíos

Finalmente, consultado por las leyes que él consideraría importantes para poder explotar más eficientemente este influjo agroindustrial, Bisang marcó tres cosas: “Sería importante contar con alguna facilidad inicial de capital para industrializar, con un modelo de financiamiento muy puntual y prolijo para el capital de trabajo, porque muchas de estas actividades son llevadas adelante por Pymes familiares, muy intensivas en inversión, muy descolocadas financieramente porque financian proyectos de mediano y largo plazo con capital de corto”.

También puso la vara alta para “los cuidados ambientales” y advirtió que “el desarrollo de estas empresas chicas y medianas familiares hacia una escala agroindustrial no tiene que ver sólo con los fierros o lo biológico, es también gestión y estrategia, algo que en el mundo industrial está parametrizado pero en el bioindustrial no y no ha entrado en el mapa de decisiones políticas de los últimos 20 años”.

Por Juan Martínez Dodda

Fuente: Clarin Rural

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