1 de mayo de 2020 01:10 AM
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En primera persona: La historia del tambero que le ganó al Covid-19

José Di Nucci es un referente de la lechería del oeste de Buenos Aires. Tras visitar a una hija en Barcelona se contagió con el coronavirus Covid-19. Pudo sobreponerse, reflexionar, y valorar de otra forma a su entorno.

El Parque Güell es un hermoso espacio público con jardines y elementos arquitectónicos situado en la parte superior de la ciudad de Barcelona, desde donde se logra una notable panorámica de la ciudad.

Por allí caminó en el inicio de abril José Di Nucci, un productor lechero que se caracteriza por un fuerte compromiso en la actividad en la zona de Casbas, partido de Guaminí en el oeste arenoso de la provincia de Buenos Aires.

Es que en los primeros meses de 2020 decidió visitar a su hija quien vive en Barcelona y entre otros lugares icónicos de la ciudad, visitó el parque que se halla en la ladera sur del monte Carmelo, en el Barrio de La Salud, en lo que son las estribaciones de la sierra de Collserola.

De Barcelona a Buenos Aires, con escala
Di Nucci recorrió este lugar creado por Antoni Gaudí, junto a una multitud, algo muy habitual en ese paseo, de los más emblemáticos de la urbe catalana.  Pero además, anduvo de aquí para allá en esa acogedora ciudad, una de las más cosmopolitas de España. 

Al final del periplo, se despidió de sus afectos, y se tomó un avión a Madrid junto a su esposa. Jamás reparó en las toses y estornudos de sus compañeros de viaje en el avión; y desde Barajas embarcó hacia Ezeiza. “Cuando llegué a Ezeiza había una fila muy lenta y un tanto peligrosa para el contagio. Me encontré con otro tambero y hablamos, pero no nos abrazamos, y desde Ezeiza nos tomamos un remise hasta nuestro departamento en Palermo” donde empezamos la cuarentena.
Di Nucci se sentía un tanto cansado, pero pensó que la fatiga por el largo viaje era la causa. “La verdad es que llegué sano y cuando me relajé me sentí un poco desmejorado”, dijo en el diálogo con TodoAgro, e indicó que siempre tuvo claro que debía hacer la cuarentena como todo viajero que retorna a su país.  A sabiendas de lo que estaba ocurriendo en Argentina  y el mundo, José -quien padece problemas pulmonares crónicos y crisis asmáticas- llamó a su médico de cabecera, quien rápidamente comenzó a trabajar con el protocolo indicado. Posteriormente una ambulancia del SAME lo trasladó al Sanatorio Anchorena donde quedó internado, “pero siempre con la certeza de que no tenía el Covid-19”, al menos eso para mí estaba claro.
Tras una noche en solitario en una suerte de consultorio, los equipos médicos comenzaron su tarea, lo controlaron, tanto en su temperatura como en la oxigencación de la sangre y le auscultaron con asiduidad los pulmones. “Al tercer día de internado apareció la fiebre, fiebre muy alta y me daban paracetamol pero me sentía cada vez más débil, y me comencé sentir cada vez más débil. Llegué a tener fiebre a la mañana, al mediodía y a la noche y siempre el mismo procedimiento, un paracetamol y la fiebre bajaba. Pero cada vez que volvía la fiebre me iba debilitando y sin ánimo para levantarme. Esa sensación de abandono y entrega duró 5 días. Ya me habían hecho un hisopado y análisis de sangre, y el médico me reportó el primer resultado: `No tenés nada bacteriano, no tenés nada extra¨”. Unos días después los análisis confirmaron que se había contagiado con el Covid- 19.
Contigo aprendí
A pesar de su grave cuadro, y en su estancia de 13 días en el sanatorio, José Di Nucci hizo un esfuerzo extra para armar una adecuada composición de lugar. Lo tranquilizaba el hecho de que ni su señora, ni su hija, ni su yerno, ni sus nietos, habían contraído la enfermedad. “Se ve que soy poco contagiador”, relata y suelta su primera sonrisa.
Vuelve al relato duro al decir, “esos días me costaron mucho porque tengo repulsión a sentirme sucio, y hubo momentos en que no daba más, estaba entregado, pero estaba seguro que no me iba a morir”.
Pero el diálogo en soledad, consigo mismo, con la vista al techo o a las paredes sirvió para la introspección: “Ese tiempo transcurrido me hizo reflexionar mucho, sobre todo por la gran cantidad de gente que se movilizaba para cuidarme, controlarme y curarme. Ese tiempo y ese trabajo de la gente que está en la primera línea de fuego, que me ayudó a sobreponerme, generó que dimensionara mi alto nivel de egoísmo. Yo solo pensaba en mí y en mi señora.  No me puse en lugar de ellos, yo estaba demasiado preocupado por mi propia angustia y no por el impacto que mi enfermedad podía tener en ellos, y ellos siempre estuvieron atendiéndome como correspondía”.

Di Nucci fue externado tras lograr estabilizarse, y pasar 4 días sin fiebre.
De esta experiencia, concluyó. “Soy un verdadero afortunado, porque tuve suerte de dar con un equipo de gente que luchó por mi vida, por mi bienestar. Cuando me retiraba del sanatorio, me fui caminando por un pasillo todo enfundado para no contagiar y vi la gente, le vi la cara a muchos que me asistieron y pude agradecerles. Ahí terminó de caerme la ficha de que esa gente arriesga su  vida por desconocidos como yo. Por eso me siento un verdadero afortunado. Creo que aprendí a mirar más allá de mí o de los míos, a valorar al otro”.
Añadió también que: “Yo tuve una enfermedad  grave, pero ya me olvidé de lo que sufrí, de lo que me pasó, además no tuve complicaciones pulmonares, aunque sí dolores musculares y mucha debilidad”, apunta al describir el impacto del Covid-19.
Agregó que el principal aprendizaje de esta pandemia ha sido su mirada sobre el semejante. “Yo no sé si voy a hace cosas distintas, pero sí cambió mi valoración del otro, por ejemplo de nuestro trabajo en el campo, donde es cierto que trabajamos para alimentar al mundo, pero lo hacemos con bajo riesgo. En cambio los policías, basureros, porteros, médicos y enfermeras, están en la primera línea de fuego”, destaca este gentilhombre, muy reconocido en el sector por su compromiso.
En Casbas las vacas siguieron dando leche
Con sus 70 años a cuestas, y siendo un paciente de riesgo, José Di Nucci se recuperó y pasó otros  14 aislado en su casa del barrio porteño de Palermo. “Todavía no volví al campo, es muy riesgoso. Aparte desde hace 3 años al tambo lo maneja Luciano, nuestro hijo”.

En tono jocoso dice: “Las vacas siguieron dando leche, muy felices de no verme”, aunque la realidad se cuela en la charla: “Estamos produciendo bien pero somos conscientes de que necesitamos gestionar los excedentes”.

En su tambo las vacas promedian 30 litros en un sistema con rodeos encerrados en amplios corrales y con un 60% de leche A2 lo que significa un plus de precio en las liquidaciones.

Al final, José Di Nucci aporta dos buenos datos: “Con el impacto del coronavirus bajé unos 6 kilos, algo que verdaderamente me hacía falta y otra cosa positiva es que cuando nos enteramos del  diagnóstico, avisamos al gobierno el nombre del remisero que nos había llevado hasta casa desde Ezeiza, y le hicieron los análisis y dieron negativos para Covid-19”.

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