2 de mayo de 2020 00:15 AM
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La dieta del confinamiento

CompartiremailFacebookTwitter La lista de las compras reposa sobre la mesa; hace apenas unos minutos, Martha, dejó pluma y papel, para verificaba que aún tuviera suficiente jabón de tocador y gel antibacterial. Entre los primeros indispensables por comprar se encontraban: surtido de galletas, pan de caja, jamón de pavo, cereal de chocolate, leche de varios sabores, […]

La lista de las compras reposa sobre la mesa; hace apenas unos minutos, Martha, dejó pluma y papel, para verificaba que aún tuviera suficiente jabón de tocador y gel antibacterial.

Entre los primeros indispensables por comprar se encontraban: surtido de galletas, pan de caja, jamón de pavo, cereal de chocolate, leche de varios sabores, pastelillos rellenos de mermelada de fresa, 2 botellas de refresco de cola y 3 de sabores surtidos; al reverso de la hoja se leía jitomate, cebolla, chile, ajos, lechuga, arroz, huevo, carne de res y pollo. Dicho listado sería entregado a Josué para que realizara las compras al día siguiente, por la mañana.

De bote pronto aquella lista no se encuentra fuera de la realidad, en tiempos de contingencia a más de unos nos ha tocado ser emisarios para las compras, previo cubrebocas y gel antibacterial. Sin embargo, ante la necesidad de la comparación mundial, deducimos la calidad de la alimentación que se tiene en ciertas partes de México, causalmente las regiones más “urbanizadas”.

Dicha calidad alimentaria nos dice que somos grandes consumidores de alimentos empaquetados, ultraprocesados y reformulados, la lógica dentro de este consumo podría recaer en asegurar que el alimento sea higiénico, práctico y libre de cualquier bacteria o virus que pueda atentar contra nuestra salud. Sin embargo, lo único que ha revelado es la baja calidad de la nutrición “moderna” y su relación directa con el covid-19.

Padecimientos como obesidad, hipertensión o diabetes producen una baja en las defensas, contribuyendo a la propagación del virus en los pacientes infectados. Y, en el marco de la celebración a los infantes (30 de abril), es necesario insistir en el tema de la alimentación futura.

De acuerdo con una investigación de Alianza por la Salud Alimentaria, que lleva por nombre Exposición de niñas y niños a la publicidad de comida chatarra durante el confinamiento, México ocupó, tristemente, el primer lugar en ventas anuales per cápita de alimentos ultraprocesados, en un periodo de trece años (2000-2013).

A pesar de que el análisis culminó hace siete años, las consecuencias son perceptibles en distintos ámbitos, uno de ellos ante la actual pandemia. La discusión tomó fuerza con la aprobación de la NOM 051, del pasado 26 de marzo, referente al etiquetado de alimentos industrializados; pues, según las empresas involucradas, los consumidores tienen la opción de elegir cómo alimentarse, y un nuevo etiquetado no aminorará el problema de consumo excesivo.

Sin embargo, la disponibilidad y el precio al consumidor dan la gran diferencia y, ante la actual situación sanitaria, trastornos alimenticios, estrés, ansiedad o simple practicidad, resultan preocupantes en la dieta mexicana. Un reto que ningún profesional de la alimentación hemos podido solucionar.

Fuente:

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