20 de mayo de 2020 10:57 AM
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Buenas capturas y fin para la prospección de abadejo

Los barcos participantes completaron bodega en dos días de pesca con ejemplares de talla importante, que se vendió entre los 60 y los 100 pesos, según tamaño. Dificultades para colocarlo en el mercado interno y exportarlo.

La abundancia de abadejo en la zona de pesca entre el 40° y 43° S, que prospectaron un grupo de barcos fresqueros de altura, por autorización del Consejo Federal Pesquero en el Acta 8, generó que los buques completaran bodega en menos de dos días de pesca.

El relevamiento tuvo como objetivo obtener información biológica y conocer el área de distribución y de concentración del abadejo. Durante el tiempo que duró la prospección se suspendió la aplicación de la normativa vigente en cuanto a la limitación de la captura de abadejo por marea y a las vedas de los pozos de abadejo, para los buques que participaron.

A una semana de comenzar la prospección la flota alcanzó las 290 toneladas y al cierre de esta edición la autoridad de aplicación ya había informado a los armadores participantes dar por finalizado el estudio cuando algunos barcos ya tenían horario de zarpada este miércoles para iniciar la segunda marea.

REVISTA PUERTO recorrió el muelle Deyacobbi donde después del mediodía ya había descargado el Júpiter y se preparaba la descarga del Franca, que no participó de la prospección pero trajo algunos cajones de abadejo y el Sfida, uno de los buques participantes, junto con el Gaucho Grande, María Gloria, Don Santiago, Tesón, San Jorge Mártir, Argentino, Nono Pascual y Belvedere.

La prospección comenzó el 13 de mayo y tenía una duración de 20 días y un cupo total de 300 toneladas pero las buenas capturas completaron el cupo disponible a una semana de haber comenzado. “El primer día de pesca hicimos 2 lances y completamos mil cajones”, le contaba Matías Abascal, capitán del Sfida, a Mariano Retrivi, armador del buque, en el muelle.

“Lo están viendo… la calidad del abadejo es muy buena por lo corta que fue la marea”, afirmó el armador, quien anticipó que reprocesará la captura para atender la demanda de Brasil y ver alguna posibilidad de exportarlo a España.

El Franca había salido el sábado a la tarde y llegó con 2100 cajones. Mayoría merluza de dispar tamaño, un poco de abadejo y otro poco de rayas. Soledad hace siete años que trabaja en la cooperativa “Estimar”. Es la capataza y dirige la cuadrilla de 11 estibadores y al guinchero con un buzo de Alvarado. El guinche hace un ruido ensordecedor y amenaza con desintegrarse en cada giro.

Eduardo García había descargado el Gaucho Grande unas horas antes. Reveló haberse negado a venderlo a 65 pesos como le ofrecían. “Me lo quedé yo y veré cuando lo vendo”, dijo el armador, quien lamentó la destrucción del mercado interno. “Nada vale nada, y así y todo nos cuesta encontrar a quién venderle… nosotros tenemos costos que afrontar pero la plaza está muy quieta».

“Compré un poco de abadejo esperando que reactive un poco el mercado interno”, reconoció Fernando Mellino, de 27 de Noviembre. En el frigorífico tiene a todo el personal registrado bajo convenio, y con costos superiores a los que procesan el abadejo de la propina de los marineros. “Cuesta mucho mantenerse en este esquema y con tanta competencia que tiene costos inferiores”, reconoció el industrial.

El muelle Deyacobbi no resigna intensidad mientras va cayendo la tarde. Estibadores de Pequeña Marina y Estimer siguen moviendo abadejos que sobresalen de los cajones, mientras otros los tiraban del acoplado a la cubierta del Júpiter, en Zona Común, y en otro amarrado al muelle recibe hielo en escamas desde una cinta que lo une a un acoplado.

Con estos resultados satisfactorios, los armadores están entusiasmados con que las autoridades, a partir de los datos recolectados por los Observadores del INIDEP, puedan flexibilizar el cupo más allá de las 2500 toneladas asignadas en la actualidad.

Fuente: REVISTA PUERTO

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