20 de mayo de 2020 20:35 PM
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Plagas animales en horticultura: el manejo sanitario es clave para que no perjudiquen los cultivos

Así lo destaca un informe presentado por el INTA AMBA, que afirma la necesidad de comprender y conocer la estructura, el funcionamiento y las interacciones que ocurren en el agro-ecosistema. ¿Qué es una plaga animal?, se pregunta Maria Eugenia Strassera, técnica del INTA AMBA y de la Chacra Experimental Integrada Gorina (Ministerio de Desarrollo Agrario /INTA AMBA), quien, en el informe realizado recientemente.

“Las Plagas animales en horticultura”, indica que: “la definición más adecuada es la del investigador Horn (1988), que plantea que es toda aquella especie de artrópodo o nematodo fitófago (herbívoro) presente en un agro-ecosistema (cultivo hortícola bajo cubierta o a campo), que puede desarrollar poblaciones abundantes y causar daños al cultivo disminuyendo su producción o deteriorando la calidad del producto, con el consiguiente perjuicio económico”. Para que no haga daños a los cultivos, destaca, que la clave está en el óptimo manejo sanitario.

“Es imposible la erradicación de plagas, por ende es primordial, la implementación de una estrategia de manejo sanitario, entendida como un conjunto de técnicas usadas complementaria y simultáneamente, que permita mantener las poblaciones de plagas dentro de niveles de daño que no perjudiquen los cultivos”, afirma Strassera.

La horticultura es una actividad intensiva. Esta condición productiva acompañada de un inadecuado manejo conduce a un incremento de la inestabilidad y vulnerabilidad de los agro-ecosistemas con la consecuente manifestación de problemas que se traducen en limitantes productivas como la aparición de plagas, por el debilitamiento de los mecanismos que ocurren en el agro-ecosistema (Bottom-up y Top-down, ambos desarrollados en el informe completo). Sin embargo, el manejo de plagas, en el marco de una agricultura sustentable requiere una reformulación del abordaje del problema.

Al mismo tiempo agrega: “es necesario y fundamental comprender, como también conocer la estructura -cultivos, malezas, plagas, enemigos naturales, polinizadores, microorganismos del suelo-, el funcionamiento y las interacciones que ocurren entre ellos en el agro-ecosistema. En este sentido, para poder definir la estrategia de intervención sanitaria se debe conocer el sistema ya que no se puede manejar algo que no se conoce”.

Las técnicas a utilizar en conjunto y complementariamente tienden a favorecer al cultivo en detrimento de las plagas: aumentar y conservar los enemigos naturales de presencia espontánea y/o liberados y a modificar la calidad del recurso para que no sea preferido ni fácil de encontrar por las mismas.

Manejo

Las herramientas del mecanismo Bottom-up son aquellas tendientes a modificar la calidad del recurso alimenticio (cultivo) para que no sea apetecible o fácilmente localizable por las plagas: “Dichas herramientas, en general, tratan de contrarrestar las causas del origen de las plagas, asociadas a la hipótesis de la concentración del recurso, como por ejemplo uso de cultivos asociados” dice la investigadora.

María Eugenia Strassera suma que “las técnicas del mecanismo Top-down son las que tienden a contrarrestar las otras causas del origen de las plagas asociada a la hipótesis del enemigo natural. Ejemplo de ello es la implementación del control biológico”.

Todas estas herramientas, se lee en su informe técnico, deben sincronizarse con otras como el control cultural que son todas aquellas prácticas que favorezcan el crecimiento y desarrollo del cultivo en detrimento del de las plagas. Algunos ejemplos: seleccionar correctamente la variedad/híbrido a cultivar, de acuerdo a la región agroecológica, partir de semillas y/o plantines sanos, monitoreo del estado sanitario del cultivo en forma semanal, ventilar (en caso de invernáculos), deshojar, desbrotar en tiempo y forma, eliminar todos los restos vegetales fuera del lote productivo, colocar trampas adecuadas (cromáticas, con feromonas, físicas, luz, etc.) en función de la plaga detectada, entre otras.

También, sugiere la especialista del INTA AMBA, que puede sumarse al resto de las medidas de la estrategia sanitaria, el control químico (uso de plaguicidas), siempre y cuando se supere el nivel máximo de tolerancia (máximo nivel de daño que tolera el cultivo sin manifestar pérdidas de rendimiento) de la plaga en cuestión para justificar técnicamente la cura.

“Los plaguicidas deben estar registrados para el cultivo en cuestión y se deben rotar en lo posible para evitar resistencia y deben ser lo más selectivos posibles para no afectar a los enemigos naturales ni resto de fauna benéfica como polinizadores”, aclara la especialista en su publicación.

¿Por qué aparecen?

Se han desarrollado una serie de hipótesis para responder a esta pregunta. Entre ellas se destacan dos. Por un lado, la hipótesis de la concentración del recurso, debido a que en los agro-ecosistemas altamente simplificados (monocultivos) existe una extrema reducción de la diversidad estructural y dentro de esta la específica, varietal y, fenológica y funcional. Esto lleva a que el cultivo, el recurso alimenticio de las plagas, se encuentre disponible combinando una alta disponibilidad, calidad y fácil localización por parte de los individuos fitófagos, provocando consecuentemente su incremento poblacional abrupto.

Por el otro lado, la hipótesis del enemigo natural en donde la baja diversidad de un monocultivo genera una simplificación de la cantidad y calidad de micro-hábitats presentes. Estos brindan las condiciones necesarias para el establecimiento y supervivencia de la fauna benéfica con funciones importantes como los enemigos naturales. Es por ello que en los monocultivos los biocontroladores (enemigos naturales) de las plagas no se establecen por no encontrar las condiciones óptimas para su desarrollo, afectando drásticamente su abundancia.

“Ambas hipótesis coinciden en que la principal causa de la aparición de plagas fitófagas es la baja diversidad vegetal presente en los agro-ecosistemas”, concluye la investigadora del INTA AMBA Eugenia Strassera.

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