28 de mayo de 2020 12:13 PM
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Eclosionan desequilibrios en la cadena cárnica,Ejercicio agrícola con múltiples desajustes

Uruguay : El desajuste productivo y comercial que se registra en este primer semestre de 2020 en el mundo cárnico, anticipa los magros resultados del ejercicio agrícola que estamos transcurriendo y que cierra el 30 de junio próximo.

El cambio en el escenario fue abrupto: el 2º semestre del año pasado marcó récords en varias áreas, en particular los precios de la carne y subproductos exportados, así como los ganados y las recaudaciones totales del rubro.

Hacia fines de ese período empezaron los problemas, que nada tenían que ver con la pandemia sino con los desajustes macroeconómicos en el principal destino de nuestras carnes, China, que motivaron intervenciones enérgicas en el mercado interno de ese país.

Como consecuencia de esas medidas, el mercado chino, que estaba absorbiendo ¾ del total de las colocaciones, se trancó, los precios de venta de los escasos negocios sobrevivientes se desplomaron, contratos cerrados y cumplidos por parte de los proveedores uruguayos sufrieron incumplimientos de pago o debieron aceptar cambios en los precios, entre otras peripecias.

Todo esto ocurrió antes del virus, que hacia el mes de febrero empezaba a asumir el protagonismo de todos los problemas mundiales. Cruzó para Europa, y ya convertido en pandemia, contrajo el mercado para la carne de alto valor.

En nuestro país, la situación impactó duramente en una industria que venía debilitada, que buscó bajar el precio del ganado, lo que provocó una retracción muy importante de la oferta y la faena cayó pronunciadamente.
El agregado de los resultados de abril confirma la tendencia que caracterizó el primer trimestre del año: baja faena, precios declinantes de la carne exportada y del ganado, menor recaudación total por exportaciones, cambios en los destinos, entre otras alteraciones.

A la vez, se observan modificaciones importantes en el funcionamiento del mercado interno, con el aumento muy significativo de la importación de carne brasileña, fruto de la diferencia de precios, que en gran medida responde a la devaluación del real, que en lo que va del año supera el 40 %, prácticamente sin inflación.

Los datos, las tendencias, con algunas proyecciones, fueron presentados y analizados por la presidencia y gerencias de INAC en recientes instancias y se encuentran disponibles en la página web del instituto.

Veamos determinados aspectos de lo expuesto, agregamos otros elementos y aportamos algunos comentarios.

La extracción

El principal renglón de la extracción corresponde a la faena, que habrá de caer significativamente en el ejercicio agrícola y no se recuperará antes de completar el año calendario. En lo que va del año, la baja acumulada es de 26,2 % respecto al año anterior (ver cuadro), lo que equivale a unas 245 mil cabezas faenadas menos. Esta brecha, que llegó a ser del orden del 30 %, se viene acortando, porque ha crecido la actividad en las últimas semanas, pero siempre con registros inferiores a igual período de 2019. Los aumentos recientes se deben a los embarques en alto porcentaje de lotes de corral, cuyos negocios están finalizando y no figurarán por algún tiempo en la planilla de faena. En el primer cuatrimestre los ganados procedentes de confinamientos fueron el 14 % del total. En la actualidad se señala una fuerte demanda de vacas para atender los negocios con China, lo que incide en una inusual relación de precios entre novillos y vacas, categorías que hoy valen casi lo mismo, cuando normalmente la diferencia supera el 10 %.

Al preverse para el período próximo inmediato una reducción en la faena de ganados de corral, se genera más incertidumbre porque no se conoce cuántos animales de pasto preparados hay, y en caso de que hubiera, si habrán de salir a la venta, dada la distancia que existe entre las aspiraciones de los ganaderos y los precios que ofrece la industria.

Aceptando todas las incertezas, proyectamos para el fin del ejercicio en curso una faena del orden de las 1,95 millones de cabezas, lo que implica una baja de un 10 % respecto al ejercicio 2018 – 2019, que fue de 2,348 millones.

Esa brecha no se habrá de cerrar: en la presentación de INAC, el gerente del área estadística, Jorge Acosta, advirtiendo que por la inestabilidad del escenario mundial no pueden realizarse estimaciones precisas, proyecta tentativamente que la faena en el año calendario rondaría las 2 millones de reses, una baja significativa respecto al año previo, que fue de 2,23 millones.

Stock y faena

Como había sido reiteradamente expresado por parte de los expertos, la extracción que tuvo lugar en los años recientes era excesiva, no era sostenible, los terneros que llegaban al destete y a la marcación, que se declaran al 30 de junio de cada año, no alcanzaban para reponer los animales que habían salido durante el ejercicio. Y no se puede, por razones sanitarias, importar ganados vivos, así que, si la faena no bajaba, el rodeo tendía a caer, lo que quedó en evidencia ya el año pasado, con una reducción importante de las existencias declaradas en 2019 respecto al año anterior.

Industria complicada


Dando por supuesto que se habrá entorado un número de vacas similar al del año anterior (4,25 millones, aunque podría esperarse un mayor número de falladas), observamos al resto del rodeo.

Los faltantes que hoy reclaman atención corresponden a las categorías adultas, los animales destinados naturalmente a la faena (“faenables”), que aparecen raleados, incapaces de aportar el volumen que necesita la industria para mantener un nivel de actividad suficiente (ver cuadros). La industria debe necesariamente apuntar a las categorías más jóvenes, novillitos y vaquillonas de 1 a 2 años y terneros/as, como ya está ocurriendo. Estas categorías pueden acelerar su crecimiento y preparación, pero requieren de sistemas intensivos más exigentes y onerosos que los que mayoritariamente se utilizan en el engorde, y ese cambio implica tiempos prolongados para cifrar decisivamente.

Esto agrava para el futuro inmediato las dificultades de las empresas frigoríficas, muchas de las cuales están en situación crítica, como vemos más adelante.

La cuestión de la exportación en pie

Se ha señalado reiteradamente desde la industria y desde algunos estudios técnicos la responsabilidad de esta fuente de extracción comercial como responsable de la escasez de hacienda faenable por los frigoríficos locales. Esta escasez ha llevado a una distorsión insostenible de precios de la hacienda, lo que condujo a la grave situación financiera de muchas empresas de esta rama. El paso siguiente de este enfoque es proponer fórmulas que impidan o limiten esta actividad, de forma de preservar para la industria local los ganados que se crían en el territorio, ya que no puede importarse hacienda de la región para faenar acá por acuerdos sanitarios comprometidas con los mercados de destino de la carne.

Efectivamente, hubo tres años en los que la venta de ganados vivos, en general terneros machos para engorde a Turquía, asumió dimensiones voluminosas, que se acercaron a las 400 mil cabezas en un año. Esa bomba de succión de los terneros cedió su intensidad el año pasado, ya que los invernadores locales pagaron precios superiores a los exportadores, algo que en este ejercicio se está repitiendo. La razón por la cual los productores venden a uno u otro destino – recriadores e invernadores locales, en competencia con los exportadores en pie-, responde obviamente a lo que pague cada uno, aunque en la formación de este precio también hay factores de desconfianza involucrados. Para que los invernadores estén dispuestos a pagar altos precios por ganados que habrán de vender 18 o 24 meses más adelante a la industria frigorífica, deben estar convencidos de que obtendrán precios justos por sus animales, que se relacionen cristalinamente con los mercados de la carne. Y eso no ocurrió en algunos momentos claves del mercado, como lo muestran bastante claramente el indicador del Novillo Tipo y el que releva la relación entre precios de la hacienda con los precios de exportación de la carne.

Coyuntura y crisis estructural

Actualmente, y desde hace un par de años, la situación cambió de signo: el precio del ganado que ha pagado la industria ha estado demasiado alto para su negocio y así es que varias empresas han estado trabajando con números en rojo, acumulando deudas para cubrir el desfasaje y seguir funcionando, hasta el punto de que algunas de ellas hoy ven comprometida su sobrevivencia, o, aunque superen el momento, arrastrarán secuelas serias.

Más allá de la coyuntura, el problema es más de fondo, estructural: la industria instalada puede faenar sin grandes esfuerzos más de 3 millones de vacunos anualmente, y apenas consigue 2,4 millones en el mejor año, y en este rondará los 2 millones. El exceso de capacidad instalada, si el mercado realmente funciona en competencia, provoca necesariamente, más tarde o más temprano, un ajuste. O sea, que quedarán menos frigoríficos operando.


A pesar de la crisis mundial y los vaivenes del mercado del gordo, los invernadores hoy observan el futuro con optimismo


En una serie histórica más extensa, en los últimos 11 años, la participación de lo que INAC denomina “valor agregado industrial”, que incluye todos los costos y las eventuales ganancias, osciló en torno a un eje de 25 % del precio total, pero hubo años en que ese porcentaje bajó a un 20 %, hasta llegar a un mínimo el año pasado, con un insostenible 17 %.

Este período de vacas gordas para los productores, que abarca los años 2018, 19 y ya menos el 2020 en curso, el indicador ilustra bastante fehacientemente la crisis del sector industrial.

Este año, a pesar de que los precios del ganado vienen bajando, la escasa actividad de faena debida a la alicaída oferta, impide que los frigoríficos puedan aprovechar la situación, porque los costos fijos capturan una proporción alta de sus ingresos. Así lo explica el informe mensual que elabora INAC para este indicador, en el que señala que con la relación de precios actual y el nivel de actividad actual, la industria no cubre los costos operativos.

Los productores

Pero esta historia tiene antecedentes que deben recordarse: entre la segunda mitad del 2013 y el 2017, el margen industrial fue casi todos los meses superior al 25 % de la recaudación total, llegando por momentos a bordear el 30 %, lo que dejaba en una situación muy grave a los productores; a los remitentes de hacienda y sobre todo a los criadores, sobre los cuales se descargan todos los problemas de los siguientes eslabones de la cadena productiva: el precio del ternero es en gran medida, un precio residual en el mercado. Esto cambió cuando aparecieron los exportadores en pie y los productores no estuvieron obligados a vender sus teneros en el mercado interno.

Este año, por segundo año consecutivo, los compradores locales son los que pagan los precios más altos y se llevan la mayor parte de los terneros; a pesar de la crisis mundial y los vaivenes del mercado del gordo, los invernadores hoy observan el futuro con optimismo.

En las ventas recientes está aflojando algo el precio del ternero en las pantallas, debido a varios factores, como la inestabilidad general del mercado cárnico, algunos problemas climáticos, la elevada oferta de animales que proviene de la muy buena parición del año pasado, así como a la mala situación económica y financiera por la que atraviesa el país, que invita a la prudencia por parte de los inversores.

La exportación en pie fue una forma de liberarse del corsé de un mercado cerrado en el que la industria tradicionalmente tuvo un papel dominante a la hora de fijar los precios del ganado gordo, los que marcan la pauta para todas las demás categorías. No parece probable que los productores estén dispuestos a que se elimine esta opción comercial, que se ha desarrollado y especializado competitivamente a lo largo de estos años.

Hoy por hoy, aun con grandes oscilaciones, se ha consolidado como un rubro de importante volumen en la recaudación de divisas para el país y cumple una función relevante en el funcionamiento del mercado.

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