30 de mayo de 2020 00:48 AM
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Analizan cómo agregar valor y diversificar las exportaciones agroalimentarias

En un simposio discutieron políticas para llegar a las góndolas del mundo, a través de acuerdos público-privados

La gente tiene necesidad de alimentarse. No sabremos cómo será. Hay distintas visiones sobre el tema pero Argentina está allí, como un actor importante, porque forma parte del 10% de los países del mundo que produce excedentes alimenticios”, sintetizó Fernando Vilella, puntal organizador del simposio Del Sur al Mundo en 2030, que cada año organiza el Departamento de Bioeconomía de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (FAUBA), y este miércoles tuvo su 7ª edición adaptada al contexto. El eslogan esta vez se completó con la frase: “analizado desde la pandemia 2020” y se adoptó el formato virtual. También contó con la co-organización de la Fundación Centro de Estudios para el Desarrollo Federal (CEDEF) y el ministerio de Relaciones Exteriores, en cuya sede del Palacio San Martín, se iba a realizar originalmente.

Como parte de un programa amplio, Vilella, director del Departamento de Bioeconomía de la FAUBA y Gabriel Delgado, director consultor del INTA y coorganizador del simposio, abordaron la conferencia inaugural: “Hacia 2030. Reflexiones de mediano y largo plazo para el desarrollo”.

En este sentido, Vilella destacó que “tras la llegada del COVID-19, si bien es difícil sacar conclusiones sobre cómo seguirá el mundo luego de pasada la pandemia, sí hay algunos rasgos. Y aclaró que “el potencial de producción de alimentos argentinos está medido a partir de productos que nos son de consumo humano directo, ya que “sus dos principales granos de exportación, el maíz y la soja, forman parte de los alimentos balanceados para producir animales” al igual que la harina de soja que el país vende al mundo en un 90% de su producción, para que otros países generen alimentos para cerdos y aves, entre otros.

Para Vilella, “la pandemia se superpone con la reconfiguración que desde hace algo más de un año se da en el mercado de las proteínas animales, a nivel global, por la declaración de la peste porcina africana en China” que provocó que la cuarta parte del rodeo porcino mundial desapareciera, dado que China, que tenía la mitad, debió sacrificar el 50% de su piara. Por eso bajó drásticamente el volumen de consumo de harina de soja, de su poroto y del maíz que produce Argentina.

Fernando Vilella, director del programa de bioeconomía de la Fauba

“Así, quien tenga carnes para ofrecer a China, tendrá mercados activos y los que tengan insumos adicionales para producirla tendrán problemas”, no solo porque el gigante asiático consumirá menos alimento animal, sino por la baja en el consumo de combustibles fósiles, asociados a la producción de etanol y biodiesel, cuya producción bajó. Esto provocó una baja del consumo 40% de maíz de EE. UU., a lo que se suma que ese país espera una cosecha récord de cereal en esta campaña, lo que implicará probablemente menores valores para ese grano.

Vilella insistió en que “la Argentina tiene una agroindustria con capacidad de exportar y transformar granos en proteína animal. Un potente desarrollo de valor agregado en los territorios y un aprovechamiento en la bioeconomía, puede ser un instrumento de transformación de biomasa, aprovechando esos mercados”.

Pero al mismo tiempo advirtió que “esa transformación de la biomasa con el conocimiento cada vez más sofisticado, a través de científicos capacitados y empresarios dispuestos a invertir en tecnología, se cruza con la falta de un encuadre macroeconómico que fomente estas iniciativas”.

Consensos para la bioeconomía

En este sentido, Vilella reitero su idea de que así como se lograron consensos para dar un encuadre específico a las inversiones petroleras en Vaca Muerta, lo que él llama “vaca viva”, al referirse al potencial de la bioeconomía, requiere “políticas de estado donde no haya oficialismo y oposición, sino un conjunto de vocaciones que, por el bien común, puedan unirse y avanzar. Esto es lo que debería surgir en pos de generar riqueza y puestos de trabajo. El problema actual no es la falta de capital, sino de atraerlo en forma sustentable.” Y agregó que “estamos en una situación donde la creación de trabajo repetitivo debe equilibrarse con el trabajo del futuro. La bioeconomía puede generarlo en ambos campos y ofrecer una salida que saque al país de muchos años de retroceso y pobreza.

Pasar del 5% de pobres que había hace 45 años a valores cercanos al 50%, a la salida de la pandemia, muestra que por mucho tiempo hemos hecho cosas que no han sido las adecuadas”, reflexionó.

Por su parte, Delgado sostuvo que “una de las grandes conclusiones que deja el Covid-19, es que se están acelerando una serie de tendencias. Esto configura una nueva estrategia geopolítica y comercial diferente a nivel de los países, que estamos tratando de descifrar. Tanto los que dicen que todo será como antes, como los que decimos que todo será distinto, como aquellos que sostenemos que habrá una aceleración más profunda de lo que se venía dando, vamos a tener algo de razón”, sostuvo.

El ex secretario de Agricultura, Gabriel Delgado, puso el foco en las oportunidades que tiene la bioindustria argentina para crecer, reducir la pobreza y conseguir dólares

La idea es que tanto el sector público como el privado estén mejor preparados para lo que viene. Parafraseando al ex primer ministro británico Winston Churchill, quien alguna vez dijo que “nunca hay que desperdiciar una buena crisis”, Delgado señaló que “esto será muy doloroso porque hay mucha gente que sufre, hay empresas e industrias con situación muy grave y tenemos la obligación de transformar esta tragedia en una oportunidad de crecimiento y disminución de la pobreza para nuestro país”.

Delgado señaló que la pandemia y pasar dos meses encerrados nos llevó a pensar en cosas que no teníamos en el radar. Y sobre todo a los que vivimos en grandes urbes, donde esta situación representa un problema colectivo. Nadie puede realizarse en un una sociedad que no se realiza. El hecho que hace 45 años había 4% de pobres y hoy hay 10 veces más confirma la frase de (Albert) Einstein, que tenemos que hacer algo diferente para lograr resultados distintos, y que debemos reconocer que algo mal habremos hecho”.

Responsabilidades compartidas

Para Delgado hay una responsabilidad muy importante de todo el arco político y todos los argentinos como sociedad debieran hacerse cargo de esta coyuntura, ya que de lo contario será muy difícil encontrar un solución. La pandemia acelerará muchos de los procesos que estaban en marcha, entre ellos el crecimiento de la pobreza. Respecto de qué hacer con la economía al salir de la pandemia y cuáles son las oportunidades que deja, en cuanto dinamismo económico y generación de empleo Delgado citó tres claves:

?* Generación del conocimiento: “Hay una demanda muy grande de producción de software para hacer ‘home office’ y educación a distancia lo cual le da oportunidades a quienes están el campo de la informática y las nuevas herramientas educativas”, dijo.?

* Cambiar la matriz exportadora: “Hay que dejar de exportar alimentos para animales y pasar a vender alimentos para humanos: carnes, leches y fibras. No podemos seguir exportando maíz. Tener el record de exportación de maíz no es un piropo. EE. UU. tiene el record de producción de maíz y casi no exporta, porque casi por definición el maíz no se transporta ni en los campos porque es muy caro el flete y Argentina lo transporta entre países. El cambio paulatino y relativo a producir más proteínas animales es un camino bastante nítido para la Argentina. Sabemos cómo hacerlo y puede hacerse en todas las provincias” precisó.

* Servicios basados en el conocimiento y la tecnología: “Pueden aportar un dinamismo importante al desarrollo sectorial mundial. Tenemos un gen nacional que va a aumentar la superficie mundial de soja y trigo (HB4). Dar la opción de aumentar la superficie mundial de soja agrega mucho más valor que exportarla como grano”, enfatizó.

A estas tres claves, Delgado suma que “tenemos que tratar de consensuar y discutir, sin imponer, cuál es el modelo de desarrollo que queremos”. La falta de 10.000 a 15.000 millones de dólares que la Argentina padece todos los años y que se cubren con deuda, devaluación o venta de activos, llegó el momento de hacerlo con exportaciones genuinas” Y agrega un detalle no menor: Hay que dejar algunas cuestiones culturales fuera de esta discusión y comenzar a pensar que el verdadero problema que tiene el país es un deterioro institucional que no cesa. Y que esta pandemia puede llegar a generar problemas de pobreza que continúen con ese deterioro institucional que puede no tener fin en la Argentina.

En este sentido, retomando a Vilella, Delgado señaló que “si nos pusimos de acuerdo en un proyecto como Vaca Muerta, que promete cambiar las cuentas nacionales para siempre, no exento de problemas ambientales y de que participan unas pocas grandes empresas y que son solo 2 provincias las involucradas, ¿cómo no podemos ponernos de acuerdo en generar incentivos para un sector (como el de la bioeconomía) donde participan muchísimas más pymes, casi todas las provincias del país, donde hay conocimientos arraigados, también cuestionamientos ambientales no menores a los de Vaca Muerta, en un país con un Banco Central que no logra juntar todos los dólares necesarios para importar lo que el país necesita?”, se preguntó.

Visión cultural

Delgado dio una respuesta posible: “la explicación de porqué pasa esto en el sector bioindustria (una definición qué él prefiere a la de agroindustria) es absolutamente cultural y hay que explorar mucho más para poder llegar a consensos sobre este asunto, porque cada vez que se mide la visión que hay en las urbes sobre la imagen del sector agropecuario el resultado no es bueno. Hay una mirada muy sesgada de lo que representa en 2020 el sector agropecuario”.

Aclarando que lo cultural no es el único tema a explorar y que la comunicación no es el único componente de ese aspecto, en la valoración que la ciudad tiene del agro, Delgado dijo que “hay cuestiones que tienen que ver con una mirada holística del país, de lo que ocurre en el mundo. A las cuestiones de comunicación, que son imprescindibles, hay que acompañarlas con otro tipo de acciones que mejoren esta performance. Las pandemias generarán alertas sobre otras pandemias. Habrá que ver las consecuencias de prever estas cosas respecto de lo que nos dejará el Covid-19 y la peste porcina africana”, sostuvo.

En este punto, Vilella agregó que “desde lo biológico no hay ninguna razón para que lo que sucedió con los cerdos y los humanos no vuelva a aparecer en humanos, cerdos, pollos o plantas. La aparición de algo que ataque a la base alimentaria global es posible. Habrá que ver si somos capaces como sociedad de estar preparados para una captura temprana de estos problemas y para dar respuestas tempranas”. Y agregó: “En algunos rubros tenemos ciertos liderazgos tecnológicos que permitirían a la Argentina ser base de sustentación de innovaciones, con todos los cuidados necesarios para que mucho de lo que está circulando en el mundo con regulaciones no fundadas sea tomado por la Argentina para avanzar más fuertemente en este ámbito, lo cual requiere instituciones acordes y ciertas reglamentaciones.

 “Que Argentina sea uno de los países como más reconocimiento respecto de la regulación de la biotecnología, no solamente en agricultura sino también en farmacia, sobre todo y en industria -agregó Delgado- hace que el país pueda ser visto como un socio por otras naciones para avanzar en estos temas”.

Para Delgado, Argentina tiene muy mala performance en comercio exterior y siempre los argentinos buscamos una solución mágica a la solución de los problemas. “Si sobre la exportaciones se había puesto mucha expectativa -y en buena hora- sobre Vaca Muerta, con informes que hablan de 10.000 millones de dólares de ingresos por exportaciones, es bueno que se avance en eso, siempre y cuando los problemas ambientales puedan ser contenidos y remediados”. Pero resulta una apuesta a una sola cosa y no a una construcción con más aplomo”.

“Al sector bioindustrial quizás hay que apoyarlo con proyectos que den 1.000 millones de dólares en semillas, con una buena ley, que la exportación de carne de cerdos dé 2000 millones más, que la de carne vacuna, en vez de 4.000 pase a 6.000 millones y sumando esos valores ir solucionando esa brecha y, al mismo tiempo, ir cambiando la matriz productiva y de generación de empleo de la Argentina”, propuso.

Delgado sostuvo que para lograr ese objetivo debe haber una mirada respecto de que el sector bioindustrial puede ser muy importante para la economía argentina. “Esto requiere que una buena parte de los economistas deje de ver al sector solo como una caja y lo puedan ver como una fuente genuina de generación de empleos, sobre todo en la parte de carnes, que pueden generar divisas y empleo.

Y por otra parte, Delgado sugirió “que el sector deje de tener una mirada sectorial, y al mismo tiempo no diga que puede solucionar los problemas de la economía argentina, porque eso no es cierto tal cual como estamos, porque necesitaríamos tener cosechas de 350 millones de toneladas para cubrir la brecha de dólares que tiene la Argentina”..

Salir de la mirada puramente sectorial y puramente fiscalista son dos condiciones necesarias unidas por esta cuestión cultural. El desafío es encontrar las diagonales, tal como sucedió con Vaca Muerta, un proyecto que inició Cristina, lo siguió Macri y ahora Alberto. ¿Porque no podemos pensar algo así para el sector bioindustrial?”, volvió a preguntarse.

Vilella le respondió que sobre consensos, podría tomarse como ejemplo la convocatoria a los expertos infectólogos, quienes “sin que nadie les pidiera carnet de afiliación partidaria resultaron ser una herramienta exitosa para tratar la pandemia y a partir de opiniones expertas e información sustentada, tomar decisiones consensuadas que colocaron a la Argentina en mejor situación que otros países. En ese formato, quizás en esa institucionalidad nueva, debería haber algún otro tipo de enfoque que permita aportar ideas a los interesados en contribuir a la patria”.

En este sentido, Delgado fue algo más escéptico: “Con la salud es más fácil. Cuando la discusión pasa por la distribución de la renta, los consensos se hacen más difíciles, pero lo cierto es que si no hacemos cosas diferentes, el deterioro institucional de la Argentina, como sociedad, puede no tener fin”, advirtió.

Por Gastón Guido

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