31 de mayo de 2020 11:04 AM
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Luz verde: las gramíneas les sacan jugo a las napa

Las claves del planteo de la Chacra Justiniano Posse que sigue el modelo “agricultura siempre verde” de Aapresid. Con una rotación intensiva, aprovechan los excesos hídricos para elevar los rindes.

“Siempre vivo, siempre verde” es el lema que eligió la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid) para su congreso anual 2020.

Es un desprendimiento de la nueva apuesta que se puso como meta la entidad tras cumplir sus primeros 30 años de vida: agricultura siempre verde, un postulado que propone un restyling del modelo productivo de la siembra directa, al pasar del paradigma de los barbechos al de los suelos siempre cubiertos y, por ende, “vivos”.

La Chacra Justiniano Posse es un ejemplo en territorio cordobés: con el asesoramiento de un técnico de Aapresid y de profesionales del Inta, 14 productores vienen intensificando sus estrategias de rotación con el fin de aprovechar los excesos hídricos provocados por los altos niveles de las napas.

MANEJO. Producir sobre la gran "cama" de rastrojos que deja la secuencia de gramíneas requiere de técnicas precisas a la hora de la siembra. (Gentileza Franco Bardeggia)

“Empezamos a estudiar y entender cómo funciona la napa y dejamos de verla como algo perjudicial para pasar a pensarla como una bendición, porque nos asegura agua para toda la temporada”, expresa Juan Juárez, uno de los miembros del grupo.

Para los miembros de la chacra de Posse, la rotación tradicional al 33 por ciento (maíz, soja de primera, trigo-soja) es el mínimo indispensable. Su apuesta es lograr tres cultivos en dos años; es decir, excluir a la soja de primera de la rotación y aumentar el porcentaje de gramíneas en la torta agrícola.

En los campos que están hacia el oeste del departamento Unión, en el límite con General San Martín donde los excesos no son tan pronunciados, luego de la cosecha de soja el suelo se cubre en forma inmediata con vicia o centeno (o un blend entre ambos); a fin de año se siembra el maíz tardío que se cosecha después de julio del año posterior.

Lo que sigue es la única época con un barbecho corto hasta octubre que llega una nueva siembra de soja y vuelve a repetirse el ciclo.

Hacia el este, para el lado de Marcos Juárez donde las napas tienen más incidencia, es el trigo el que se mete en la secuencia por detrás del maíz. Previo a indagar la profundidad de la napa, para no forzar un proceso que arroje resultados negativos.

Cambios

“Antes no se intentaba esa intensidad de rotación, porque la variación estacional de las lluvias te podía dejar pedaleando. Ahora las napas cubren los baches y permiten apretar el acelerador para producir más”, grafica Juárez.

Según el productor, uno de los principales beneficios es un mayor control de malezas con mínimo uso de agroquímicos. Otro: el aumento de la materia orgánica gracias a la enorme “cama” de rastrojos que deja una rotación intensiva, que a su vez sirve para mejorar la infiltración del agua.

“En un otoño seco como el que estamos viviendo, uno va a los lotes y encuentra mucha humedad disponible”, menciona Suárez.

RASTROJO. Maíz y trigo ganan tierra en el sudeste. (Gentileza Frango Bardeggia)

Semejante nivel de incorporación de gramíneas obliga a una mayor inversión en fertilización. Pero el productor asegura que los rendimientos lo pagan con creces.

Según Suárez, antes con los planteos más defensivos, tenían objetivos de entre 100 y 120 quintales de maíz, 40 de trigo, 45 de soja de primera y 35 de segunda.

Ahora este manejo más agresivo permitió explorar los techos y acortar las brechas: este año registraron casos de maíces de entre 130 y 140 quintales, trigos de 55 y sojas de hasta 60 quintales.

En el caso de la oleaginosa, asegura que representa prácticamente haber alcanzado el máximo potencial posible para la zona.

Súper rotación

A partir de los buenos resultados logrados, desde el grupo piensan en ir por más.

Franco Bardeggia es el gerente técnico de desarrollo que representa a Aapresid y relata que este año están probando una rotación más intensiva aún: trigo-soja sobre trigo-soja que venía por detrás de maíz. Es decir, cinco cultivos en tres años.

“Es una bomba de gramíneas que hay que plantear con cuidado por el tema hídrico, porque sólo se puede ejecutar donde haya una alta disponibilidad de agua, y por lo nutricional por los altos niveles de extracción de fósforo, nitrógeno y azufre”, aclara Bardeggia.

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En base a sus análisis teóricos, llegó a la conclusión de que esta estrategia está lista para ser llevada a campo. Además del aporte agronómico y ambiental, considera que puede tener sustentabilidad económica debido al buen momento del mercado del trigo.

Uno de los aspectos que están evaluando, por ejemplo, es rotar las variedades del cereal de invierno. “Una de las cuestiones más complicadas en una rotación así es el manejo de altos volúmenes de rastrojos. Por eso estamos pensando en usar una variedad de trigo que tiene gran producción de materia seca en la primera rotación, y luego al segundo año elegir otra que genere menos biomasa”, anticipa Bardeggia.

Fuente: AgroVoz

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