3 de julio de 2020 13:30 PM
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Una Vicentin estatal tendría un impacto negativo en la industria agroexportadora

CompartiremailFacebookTwitterLunes 8 de junio del 2020, 17 horas en Buenos Aires, 22 horas en Róterdam.Suena el teléfono en la casa de un trader con sede en la ciudad holandesa: el gobierno argentino anuncio la expropiación de Vicentin, se escuchó. Silencio por eternos segundos…Y luego, la respuesta del otro lado de la línea: “Volvemos a los 70 atinó […]

Lunes 8 de junio del 2020, 17 horas en Buenos Aires, 22 horas en Róterdam.Suena el teléfono en la casa de un trader con sede en la ciudad holandesa: el gobierno argentino anuncio la expropiación de Vicentin, se escuchó. Silencio por eternos segundos…Y luego, la respuesta del otro lado de la línea: “Volvemos a los 70 atinó a responder el experimentado trader “; “Mañana 08:00 am quiero a todo el equipo en la sala principal en teleconferencia con la filial de Argentina”. La videoconferencia se realizó a las 3:00 de la madrugada de Buenos Aires, del día siguiente del anuncio presidencial.

Desde hace casi 200 años que el trading de commodities agrícolas en el mundo es llevado adelante por pocas empresas con ramificación mundial: americana, suiza, francesa, china, brasileña y hasta de la Argentina. En los últimos 20 años algunas empresas han desaparecido como ha sido el caso de Continental Grain de la familia Fribourg o La Plata Cereal también conocido como Grupo Andre de la familia homónima por citar los casos más emblemáticos.

El negocio del trading de granos es hoy muy ajustado, con márgenes de ganancias muy estrechos que muchas veces no existen, grandes volúmenes de manejo de granos y altos grados de exposición al riesgo comercial y financiero que le quitan las ganas de entrar a nuevas empresas.

Se requiere contar con una red de acopios y oficinas en todo el país, invertir millones de dólares en terminales portuarias, plantas de procesamiento de aceites y subproductos, y el intangible más tangible de todos: poder tener acceso a líneas de crédito internacionales a tasas razonablemente competitivas. Es decir, convencer a los bancos internacionales de prestarle a las empresas de granos argentinas en un país en default y con una caída pronunciada del PBI. ¡Y, además, ahora con el mensaje del gobierno de estatizar! ¿Si las agroexportadoras no convencen a los bancos, quienes nos van a dar los dólares que necesitamos como país? ¿No debería el Gobierno ayudarlos más que cuestionarlos?

El caso de Vicentin es un caso típico de ruptura de la cadena de financiamiento. La empresa se quedó sin capital operativo para hacer frente a los compromisos asumidos con los productores, cooperativas y demás integrantes de la cadena comercial. Los bancos dejaron de prestarle, el anterior gobierno los castigo con mayores impuestos al agregado de valor, reduciendo los márgenes de su negocio, y el mercado dejo de confiar en ellos.

Las mesas internacionales de los compradores a nivel global también pueden perder confianza en el origen argentino. ¿Con los antecedentes de nuestro país de incumplimientos seriales de pagos de la deuda, recurrentes default, no debería el gobierno y los agroexportadores trabajar juntos para no perder mercados?

Además, existe en el trading mundial un código de ética en los negocios que será muy difícil que el gobierno argentino lo pueda cumplir. Será muy difícil que la casa matriz de una multinacional acepte cerrar un negocio FOB con Vicentin estatal, o compartir tan solo un flete marítimo, como es el uso y costumbre entre las compañías cerealeras. No por ser gobierno argentino, sino por ser estatal, lo que siempre lleva a sospechar la forma que opera. Por eso desaparecieron las empresas estatales de granos. Siempre perdían plata y además eran sospechados de vicios en sus operaciones.

Si Vicentin es estatal, cualquier activo del estado argentino, ya se trate de granos, aceites, subproductos, atravesando los mares intercontinentales, podrá ser embargado en pocos minutos ante el no cumplimiento de los compromisos por parte del gobierno de turno de la Argentina. El negocio agrícola mundial es un juego de grandes ligas, que requiere de un alto grado de profesionalismo, un know how bien aceitado, un expertise elevado en los riesgos financieros y comerciales; un conocimiento de los factores de oferta y demanda mundial a la perfección, una relación sólida y permanente con los clientes que siempre tienen a las empresas de Brasil o de Estados Unidos como opciones de sustitución de las argentinas.

El mundo ha tenido experiencias muy negativas con las empresas estatales de granos. Sucedió con la Junta de Trigo canadiense, la junta australiana de trigo, el ENCI de Perú, la Conasupo de México, la CONAB de Brasil y ahora la empresa estatal boliviana. Y hasta con ExportKhleb, la agencia del gigante de granos de trigo de Rusia que, con un sistema de mando altamente centralizado y con una ausencia total del concepto de mercado, sucumbió ante el avance del libre mercado. Esta última se convirtió en una empresa de capitales mixtos a comienzos de la década de 1990, y desde entonces su participación en las importaciones rusas de cereales se ha reducido notoriamente, hasta desaparecer totalmente.

¿Podrá una Vicentin estatal competir en iguales condiciones de compra, financiamiento, y demás temas operativos que el resto de las operadoras del mercado mundial?, ¿Cómo se va a financiar una empresa estatal?, ¿No tendremos que pagar con nuestros impuestos una empresa que no agregue ningún bien público?, ¿Entregarán los productores sus granos a una empresa estatal, sabiendo que el estado argentino es un no pagador serial, o con plazos de pago que nunca podrán cumplir?, ¿No será el momento que el gobierno convoque a los que saben a darle una solución empresarial a un problema empresarial?

Por: Pablo Adreani

Fuente: La Nacion

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