10 de julio de 2020 21:05 PM
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Apuestan al sorgo y otras forrajeras de baja demanda hídrica para la cría de bovinos

Un proyecto del INA estudia la implantación de pasturas no tradicionales que permitirán reforzar la recría y el engorde de vacunos en la provincia. Buscan suministrar una oferta nutricional que permita disminuir la sobrecarga en el campo.

Cerca de 100 mil hectáreas bajo riego, es decir un tercio de los oasis productivos, están abandonadas. Si bien los motivos son diversos y la variable económica es importante, el más determinante es la falta de agua, que se ha agudizado en los últimos años y es particularmente notoria en los confines de cuenca. El Instituto Nacional del Agua desarrolló, junto con seis productores ganaderos de La Paz, un proyecto de cultivo de pasturas con menor requerimiento hídrico.

José Reta, investigador asociado del INA y responsable del proyecto “Pasturas de baja demanda hídrica”, detalló que, ante la problemática de campos abandonados por no tener disponibilidad de agua, comenzaron a analizar el requerimiento de riego de distintos cultivos y notaron que la mayor parte del oasis productivo se aferra a los tradicionales, como la vid y los frutales de carozo, que tienen una alta demanda.

Registraron también que, en ciertas zonas, por inclemencias climáticas como heladas y granizonumerosos productores empezaron a dejar la agricultura para dedicarse a la ganadería. Pero para alimentar los animales se necesita un suministro importante de pasturas y cuando dejaban de cultivar frutales y empezaban a plantar forraje, optaban por la alfalfa, que calificó de “la reina de las forrajeras”.

Reta reconoce que la calidad nutricional de la alfalfa es muy buena, pero subrayó que la planta demanda tanta o más agua que un cultivo de vid o de frutales. Esto hizo que, en la práctica, los productores mudaran de actividad sin resolver la problemática de fondo: la escasez del recurso hídrico.

El investigador encontró tres alternativas de pastura que no necesitan tanta agua: la digitaria eriantha (originaria de África), el sorgo forrajero y la cebada forrajeraEl segundo, por ejemplo, mostró muy buenos resultados con menos de 400 milímetros versus los 1.400 que demanda la alfalfa o los 1.200 que suele recibir el mismo cultivo en la pampa húmeda.

Uno de los objetivos del proyecto, detalló Reta, es generar una oportunidad para que los productores puedan recuperar hectáreas abandonadas. Es que en muchos casos, como el agua es escasa y los cultivos muy demandantes, usan los derechos de riego de cinco hectáreas para regar una -o compran esos derechos de otras fincas en desuso-, cuando si se elige la especie adecuada, se puede utilizar el recurso hídrico de una hectárea para regar dos.

La problemática se agudiza en los confines de cuenca, es decir en Lavalle (río Mendoza) y Santa Rosa y La Paz (Tunuyán inferior), y lo mismo ocurre con los cauces del sur. Es que si bien Irrigación entrega, en teoría, la misma cantidad de agua a todos, al final del recorrido se ha perdido bastante líquido por infiltración.

Además, por efecto del cambio climático, los productores reciben hoy la mitad de lo que les llegaba hace cuatro años atrás: se pasó de los 1.500 milímetros en 2016 a 800 en 2020. Esto último plantea la dificultad de querer desarrollar cultivos que demandan de 1.400 milímetros, cuando se reciben apenas 800.

Para el proyecto de pasturas de baja demanda hídrica eligieron a seis pequeños productores de La Paz, que tienen fincas propias con derecho a riego, ganado y cultivos de alfalfa. El doble objetivo, explica Reta, era recuperar hectáreas abandonadas con acceso a riego y favorecer el reemplazo de ese forraje por otras pasturas que demanden menos agua. También, suministrar una oferta nutricional a los animales para disminuir la sobrecarga en el campo y el proceso de desertificación.

Reconversión

Roberto Fadin cuenta que por casi tres décadas fue productor de ciruelas D’Agen, que tenía un secadero y vendía a los acopiadores y exportadores. Pero el clima, con las heladas tardías, y las dificultades para encontrar mano de obra para la cosecha –”es chiquita y le esquivan como a la aceituna”señala-, se conjugaron para que, cuando las plantas empezaron a cumplir su ciclo, se decidiera a erradicarlas.

Es que, además, con las “secas” de dos o tres años atrás, sumado al riego distante, cada 45 días, un buen porcentaje no logró sobrevivir. “Tuve una época linda, porque se exportaba a buenos precios”, recuerda con añoranza sobre las 12 hectáreas que llegó a tener de ciruela y que hoy se limitan a 3.

“Le busqué otra alternativa. A quien le gusta la producción siempre va buscando”, comenta Fadin. Así empezó, hace dos años, a cultivar pequeñas parcelas de alfalfa y cebada y sumó algunos terneros que compra a productores de la zona para engordarlos. Y por eso también, entendiendo que el agua es el gran limitante en el departamento, decidió probar con sorgo y digitaria cuando se lo propusieron desde el INA.

El hombre contó que el sorgo se dio muy bien y es abundante, pero se debe plantar cada año y cuando los animales lo comen se acabó. En cambio, la alfalfa puede durar unos 5 años y vuelve a crecer, por lo que da varios cortes. Sin embargo, el primero crece con tres riegos y el agua de lluvia, y no sólo lo verde es alimento, sino también la semilla.

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Esquema de tres

José Reta precisó que el sorgo dio buenos resultados, efectivamente, con apenas 370 milímetros, lo que se logró con tres riegos y un poco de lluvia. Esto, mientras que en la pampa húmeda la misma planta suele recibir unos 1.400. Y añade que el desarrollo vegetativo que se logró en La Paz “no tiene nada que envidiarle” a su par con mucha más agua. La clave, indica, es la aplicación del riego de manera oportuna.

Y si bien reconoce que en un primer momento encontraron resistencia porque ninguno de los tres cultivos -digitaria eriantha, sorgo forrajero y cebada forrajera- puede competir con la alfalfa en aporte nutricional por sí mismolo que se puede desarrollar es un planteo con las tres especies para que se complementen. Por otra parte, Reta resalta que, con la oferta hídrica actual, hay que empezar a pensar en lo que efectivamente se puede lograr.

La digitaria, detalló, es perenne y puede vivir hasta 10 años (los otros dos se deben plantar cada temporada); crece en verano y se hiela en invierno para volver a brotar en primavera. El sorgo, en cambio, se planta en enero y los animales lo pueden comer en esta época. La cebada, por su parte, se planta en marzo, sobrevive el invierno y en los primeros días templados rebrota con fuerza.

Así, cuando se agota el sorgo entra en funcionamiento la cebada, que se termina en octubre o noviembre, cuando ya está disponible la digitaria. Con las tres forrajeras se logra mantener un lote de animales estable durante todo el año. Los dos últimos se deben replantar cada temporada, pero aun así, plantea Reta, resulta conveniente por el volumen de materia comestible es alto, mientras que la alfalfa se aletarga durante el invierno.

Cría y engorde

Damián Barzola, inspector de cauce de Ramas de La Paz y además productor, explicó que, en la zona, los cultivos tradicionales cada vez rinden menos porque la cantidad de agua se ha reducido y los turnos de riego se han ido espaciando. Esto los llevó a pensar de qué manera se puede cambiar un poco la matriz productiva y empezaron a evaluar alternativas. Por otra parte, identificaron que el 95% del territorio del departamento es secano, donde se producen terneros y otros animales.

Así, entendieron que una opción era empezar a fortalecer la recría, para agregarle valor al ternero. Es que en la provincia lo fundamental es la cría, pero después los animales se llevan a campos de San Luis o de Buenos Aires para engordarlos y recién vuelven a la provincia faenados o en pie, pero listos para la faena.

Si bien algunos productores han empezado a comprar animales para hacer el engorde en tierras bajo riego, como utilizan pasturas de alfalfa y el requerimiento hídrico de esa planta es altísimo, las posibilidades se limitan ya que, por cada cuatro hectáreas bajo riego que tienen, sólo pueden plantar efectivamente una, para abastecer la demanda de agua.

Barzola expresó que los productores se sorprendieron del tamaño que alcanzaron las plantas de sorgo y que las han estado usando para la recría y para el engorde. Por eso, consideró que puede tratarse del puntapié inicial para empezar a producir más carne en la provincia, donde además a los animales sólo se les aplica el calendario de vacunación y no hay otros problemas sanitarios.

La experiencia favoreció, también, el intercambio entre los participantes, que ahora tienen un grupo de WhatsApp para ir compartiendo las vivencias con estas nuevas pasturas. Esto, además, permitirá tener un modelo para mostrar a otros productores que estén en las mismas condiciones, para que lo puedan replicar.

Aprendizaje

La prueba piloto no sólo incluyó a productores sino también a la escuela 4-034 Galileo Vitali, un establecimiento técnico con dos modalidades: enológica y pecuaria. Graciela Castellano, la directora, destacó que tuvieron la oportunidad de recibir las semillas, los fertilizantes y el asesoramiento técnico. También, que tuvieron una producción importante de sorgo e incipiente de digitaria (el financiamiento de Nación llegó cuando se había pasado el momento ideal de plantación).

En la escuela le están dando sorgo a un par de terneras y cada semana se hace un pesaje para determinar si las alimenta bien y si ese forraje se puede incluir en un plan de alimentación. Esto permitirá hacer los ajustes en el esquema de plantación y de entrega a los animales.

Castellano indicó que la primera semana mantuvieron el peso y a partir de la segunda empezaron a aumentar; un poco menos que con la alfalfa, pero ésta demanda mucha agua y si bien en el predio del establecimiento tienen una experimentación con alfalfa de invierno, es muy costosa.

La directora resaltó que los alumnos tienen, de esta manera, la oportunidad de tomar contacto con las últimas tecnologías. También, que hace un par de años llovía más en el departamento, mientras ahora la zona está muy seca y los ganaderos, complicados. Estas variedades no tradicionales permitirán tener un forraje que sirva para el invierno, ya que en el verano los animales se alimentan en el campo, pero con el frío y la sequía se reducen considerablemente las pasturas naturales.

Cambio integral

“No es posible regar ni plantar como se hacía hace 100 años”, planteó José Reta. En esta línea, consideró esencial empezar a pensar en especies con baja demanda hídrica. Y planteó que es insuficiente impermeabilizar cauces y extender el uso del riego por goteo, ya que en realidad se necesita una reconversión integral del sistema hídrico, que incluye un reemplazo de cultivos, atentos a que en realidad vivimos en una zona de secano, con pequeños oasis.

Pese a eso, también señaló que se han impermeabilizado muchos cauces en la cabecera y la parte media de cuenca, pero muchas han quedado en zonas urbanas. Por lo que se debe apostar a reducir las pérdidas por infiltración en los finales de cuenca, que son las que van a seguir teniendo un perfil agronómico productivo.

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