11 de julio de 2020 11:09 AM
Imprimir

Leonardo Pereyra, un pionero de la modernización del campo argentino

CompartiremailFacebookTwitterLeonardo Pereyra fue pionero en la modernización del campo argentino. Visionario, inició a mediados del siglo XIX la epopeya de convertir un latifundio con animales silvestres en un establecimiento de vanguardia, para lo cual introdujo genética para la mejora de los rodeos, adelantos tecnológicos para la crianza del ganado como el alambrado y las aguadas primero, […]

Leonardo Pereyra fue pionero en la modernización del campo argentino. Visionario, inició a mediados del siglo XIX la epopeya de convertir un latifundio con animales silvestres en un establecimiento de vanguardia, para lo cual introdujo genética para la mejora de los rodeos, adelantos tecnológicos para la crianza del ganado como el alambrado y las aguadas primero, y el molino de viento después. Desde la Sociedad Rural Argentina, que cofundó en 1866, buscó incorporar a los propietarios de tierras a esta revolución, tarea que le demandará décadas.

En 1850 su padre, Simón Pereyra, había comprado 16.000 hectáreas en Quilmes, a 40 km de la ciudad de Buenos Aires. Al heredar dos años después, su hijo Leonardo (1834-1899) las transformará en la estancia “San Juan”, un moderno establecimiento reconocido por la reproducción de ganado de calidad.

En 1857 Leonardo Pereyra adquirió en Inglaterra el toro Defiance y la vaca Coral, para formar el plantel Shorthorn. En 1862 importó del mismo país a “Niágara”, el primer toro puro de pedigree Hereford. Avanzó en el negocio del engorde de la hacienda, para lo cual multiplicó las plantaciones de alfalfa. También fue un notable criador de ganado ovino y equino.

Formó en la estancia San Juan un parque de 350 has, introduciendo plátanos, abedules, palmeras, pinos y jacarandaes. Sembró las primeras semillas de eucaliptus que el presidente Sarmiento recibiera desde Australia, y uno de los pocos ejemplares del “árbol de cristal” (Agathis Australis) existentes en el país, que sorprende porque exuda una resina que brilla en la oscuridad.

También acrecentó la presencia de especies originarias como el palo amarillo, el sauce, la acacia y el espinillo. Fue en este parque donde su amigo, el fotógrafo Francisco Ayerza, retrató las conocidas escenas campestres y gauchescas.

Pereyra construyó su casa en “San Juan” y vivió en ella con su familia; sus estadías en la ciudad de Buenos Aires eran breves. Fue católico practicante y eximio pintor. Amigo de Prilidiano Pueyrredón, su casa pronto se convirtió en lugar de encuentro de representantes ilustres del arte, la literatura y la política. En el Jardín Florida, de su propiedad, se realizó en 1889 el mitín que dio origen a la acción revolucionaria de la Unión Cívica contra el régimen oligárquico.

A su muerte, en 1899, la estancia se dividió entre sus seis hijos. El mayor de ellos, Leonardo Rafael Manuel Pereyra Iraola (1867-1943), recibió el casco y el parque, conservando el nombre original de la propiedad. Los sectores para su hermano Martín y sus cuatro hermanas dieron lugar a los nuevos establecimientos Santa Rosa, Abril, Las Hermanas, La Porteña y El Carmen, aunque la administración de la mayoría de estos bienes se mantuvo unificada.

La estupenda foto inédita que ilustra esta nota, tomada por el mismo Leonardo Pereyra Iraola en 1915, muestra una selección de las diferentes razas del plantel bovino en “San Juan”, con la casa principal y un sector del parque como marco.

En 1948 el presidente Perón anunció la expropiación de las 10.000 has correspondientes a las estancias San Juan y Santa Rosa, para destinarlas a reserva forestal y a la recreación de las personas. Sin embargo, solo 600 has fueron abiertas al público (lo que se conoce como Parque Pereyra Iraola); el resto está ocupado por numerosos organismos gubernamentales y algunas concesiones privadas. La casa principal se convirtió en la escuela de policía Juan Vucetich.

Leonardo Pereyra y sus hijos, junto con otras familias pioneras, sentaron las bases de la pujante industria agropecuaria nacional, reconocida en todo el mundo. Ellos nos enseñaron que para generar riqueza y desarrollo no alcanza con la abundancia de recursos naturales, sino que se requiere de trabajo, inversión y tecnología. En estos días resulta útil recordar su legado.

Por: Matteo Goretti

Fuente: La Nacion

Publicidad