19 de julio de 2020 12:04 PM
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Los bosques forestales aprovechan el coronavirus para exportar a China

Uruguay : Agro Empresa Forestal administra 80.000 hectáreas, un negocio en plena “maduración”.

En una zona del departamento de Florida, donde un siglo atrás funcionó un centro de atención de la Cruz Roja para los heridos de la Revolución de 1904, se encuentra un bosque forestal con más de 1.200 hectáreas plantadas con pino y eucaliptus. Los campos forman parte del mayor emprendimiento forestal del Uruguay, que posee unas 80.000 hectáreas de bosques forestados -repartidos entre Rivera, Tacuarembó, Cerro Largo, Treinta y Tres, Lavalleja, Durazno, Florida y Rocha-.

Quien administra los bosques es la compañía uruguaya Agro Empresa Forestal (AF), fundada en el año 2000 por Francisco Bonino con foco inicialmente en dar servicios a las firmas del sector.

En el 2011 en vistas de la aprobación el año previo del instrumento financiero de los fideicomisos por parte del Banco Central (BCU), AF lanzó el primero con la emisión de certificados de participación de Bosques del Uruguay (BDU) por US$ 50 millones.

Luego vendrían otros tres fideicomisos: en 2015 el BDU 2 por US$ 70 millones, al año siguiente el BDU 3 por US$ 190 millones y en 2019 el BDU 4 por US$ 330 millones. Estas operaciones implican que hoy AF administra activos por US$ 640 millones, una gran parte derivados de inversiones de los fondos de ahorro previsional de las AFAP.

El modelo de negocio consiste en que con ese dinero la empresa forestal adquiera campos, se encargue de la forestación y a largo plazo distribuye beneficios por la venta de la madera.

También contempla como ingreso secundario la venta de pulpa de celulosa a las plantas de UPM y Montes del Plata, así como en menor magnitud el arrendamiento de los campos para actividades ganaderas.

Bonino junto al equipo de AF recibió a El País en los bosques ubicados en el establecimiento Cruz Roja en Florida, donde hay plantados miles de eucaliptus de distintas especies.

Allí explicaron que el negocio forestal por el momento no tuvo impactos por el coronavirus e incluso la compañía aprovecho estas circunstancias: al cerrar China la compra de madera a Nueva Zelanda por el virus, AF ya realizó el envió de tres barcos de pino rumbo al gigante asiático por US$ 11 millones. Además, está en los planes mandar una embarcación el mes próximo a India.

“Etapa de maduración”. El fundador y presidente de AF explicó que “si bien los fideicomisos son una estructura financiera, en los hechos cada uno (de los cuatro que administra) funcionan como una compañía”. El hecho de haber ampliado el negocio con más fondos permite ganancias de eficiencia en función de la escala.

En la estructura aparte del administrador, están los inversores que definen un fiduciario -en todos los casos ese rol lo ocupa EF Asset Management- y un comité de vigilancia con expertos en el negocio forestal, que siguen los pasos de la empresa y reportan a los titulares de los certificados de participación.

El Bosques del Uruguay (BDU) 4, lanzado en 2019 y que implicó la compra de tierras que pertenecían al fondo de inversión de la Universidad de Harvard, es el que está “más avanzando” a nivel del proceso de maduración de los árboles.

Ese ciclo lleva entre 18 y 22 años dependiendo la especie, y contempla raleos -tarea que implica una selección de los árboles de mejor calidad y el corte de los otros- intermedios que permiten comenzar a comercializar madera.

Mientras que los BDU 1, 2 y 3 aún están en “etapa de maduración”, ya que fueron proyectos forestales que comenzaron desde cero en la gran mayoría de los campos -en algunos se continuó el proceso de árboles ya plantados con miras a una renovación al culminar el ciclo-.

En virtud de esto, Bonino aseguró que “el negocio está comenzando una curva ascendente”. Entre 2017 y junio de 2020, las exportaciones de eucaliptus de los BDU significaron el 20% del total del producto vendido por el país, con un pico de unos US$ 6 millones en 2018. Pero en función de la etapa de madurez de los bosques, estos números “son pequeños aún” según la empresa.

AF trabaja con más de 40 clientes repartidos entre distintos países asiáticos, siendo la mitad de los embarques hacia Vietnam, y una menor parte hacia Camboya (25%), China (17%), Filipinas (4%), Corea del Sur (2%), Malasia y Taiwán.

Por otra parte, el negocio contempla que la parte más fina del árbol o algunos lotes específicos plantados con ese fin, se vendan como pulpa a las plantas de celulosa, con las que tienen firmado contratos de suministro de mediano plazo. Desde 2018 lo ingresado por este concepto estuvo en torno a US$ 16 millones al año.

Contemplando ambas modalidades y tomando en cuenta que el negocio es a 20 años, las ventas proyectadas en promedio por los cuatro fondos alcanzan los US$ 142 millones anuales. A partir de 2022 los BDU comenzarán a generar flujos de dividendos para los accionistas, con un retorno esperado de 9%.

Según la previsión, entre 2027 y 2032 el proyecto alcanzará los mayores niveles de venta, por encima de US$ 150 millones al año.

Tomando el caso del BDU 1, una valuación independiente del negocio situada en 2019 determinó que un 40% del valor estimado -en unos US$ 50 millones- corresponde a las tierras, un 59% a los bosques y un 1% al pastoreo.

Bonino explicó que los activos forestales tienen algunas particularidades: “baja correlación” con otros commodities, “correlación positiva con la inflación” -crecen en términos similares-, acumula valor a lo largo del tiempo por el proceso biológico de los árboles, contribución ambiental y la posibilidad de beneficiarse de potenciales nuevos usos de la madera.

Acerca del aspecto medioambiental, los bosques están certificados bajo el estándar internacional FSC (Forest Stewardship Council) que indica que la madera fue extraída de áreas controladas y gestionadas de modo responsable, cumpliendo con exigencias de uso sostenible y de conservación. Esta certificación forestal, que permite mejorar el acceso a mercados, es un proceso voluntario realizado por una tercera parte independiente, que visita los campos y entre otras cosas, dialoga con la población cercana respecto a los impactos.

Con miras al futuro, Bonino comentó que uno de los planes pasa por incorporar mayor industrialización al proceso previo a la exportación de la madera, para potenciar el producto y lograr la llegada a nuevos mercados. El otro desafío es explotar más los ingresos no forestales dentro del proyecto.

El proceso que se realiza en los árboles y el clima.

Un 64% de las tierras tienen eucaliptus y un 36% pinos. 
El día anterior a la visita al establecimiento Cruz Roja en Florida había caído la mayor helada en lo que va del año, según los registros meteorológicos de la zona. Justamente el aspecto climático es un factor relevante que los técnicos de AF siguen de cerca previo a la plantación de árboles, para determinar por cuál especie apostar.

En la totalidad de los campos, hay un 64% con plantaciones de eucaliptus -la mayor parte del tipo grandis y en menor medida dunni- y un 36% con pinos -de la especie taeda y menos cantidad de elliotti-.

Luego de plantar los árboles, el proceso incluye una primera intervención al año donde se aplican herbicidas y fertilizantes. Para esto último hubo un avance en los últimos años, con la liberación controlada de fertilizantes, que permiten un menor uso de químicos y que los restos no terminen en cursos fluviales.

Más tarde en el tiempo vienen los raleos, que implican seleccionar los árboles de mejor calidad -que crecieron rectos y no bifurcados, además de sanos-. En la primera selección los árboles que quedan por el camino no tienen uso, pero ya en la segunda son comercializados. A modo de ejemplo, en un bosque que se plantaron inicialmente 1.100 árboles, se estima que queden los 550 mejores luego de realizar los raleos.

También se hacen podas de las ramas ubicadas en la parte más baja del árbol, para permitir un mejor crecimiento, contemplando que ganan entre dos y tres metros de altura por año.

Todas estas tareas son ejecutadas por operarios que contrata AF entre trabajadores de las zonas cercanas a los campos.

Las distintas empresas subcontratadas por AF para realizar trabajos en los campos suman unos 800 trabajadores indirectos. Gran parte de las tareas se realizan de forma manual, pero en algunos casos se incorpora maquinaria importada por AF, que también abastece a empresas del sector forestal. En la foto se ve el raleo a árboles clonados plantados en 2014 en el establecimiento “Heber” en Florida, utilizando una plataforma mecánica -que maneja un operario desde la cabina superior- que posee una sierra incorporada.

CLAVES DEL NEGOCIO.
Acumulan bonos de carbono.
Un plan futuro de la empresa es aprovechar los bonos de carbono que generan los bosques por la captación del CO2 de la atmósfera. Hoy AF tiene un stock de 1,5 millones de toneladas de carbono. “No está en los balances pero es un valor a futuro”, dijo Bonino. Además, planteó que Uruguay como país ganadero -actividad responsable de la emisión de gases de efecto invernadero- debería pensar en potenciar los bosques forestales con un fin ambiental y para compensar los daños climáticos. Los bonos de carbono están registrados ante el VCS, estándar voluntario de certificación.

Sinergia con la actividad ganadera.
Con referencia a los campos que se utilizan para los bosques forestados, los técnicos de AF señalaron que no son suelos que podrían destinarse a la agricultura por sus características. Sí compiten en cierto modo con las actividades ganaderas, pero dentro del negocio está contemplado arrendar parte de las tierras para ello. “Las áreas sin forestar, como así también los bosques mayores al año son ocupados bajo la modalidad de contratos de pastorea”, explicó la empresa. En total, hay unas 80.000 hectáreas arrendadas con este fin con más de 14.000 cabezas de ganado.

Áreas con alto valor a conservar.
Dentro de las más de 130.000 hectáreas que poseen los fideicomisos de Bosques del Uruguay -en total son unas 80.000 hectáreas plantadas- hay varias áreas de alto valor de conservación, que la empresa dispone sean preservadas por su biodiversidad. Como la zona de Cerro Copetón en Florida, Don Ramón o Santa Amalia en Cerro Largo, y Silva Canosa en Treinta y Tres. En estos y otros casos, en los predios hay flora definida como de prioritaria conservación por parte del Sistema Nacional de Áreas Protegidas. En total hay unas 3.000 hectáreas consideradas de alto valor de conservación.

Fuente: El Pais

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