19 de julio de 2020 12:24 PM
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Cuando lo urgente se cae en una cueva de peludos

Buscar minimizar más de 60 casos de ataques a silos bolsa por el accionar instintivo de un animal que es incapaz de producir los daños que exhiben los envases con granos no contribuye a acercar las posiciones entre el Gobierno y el agro.

Alo largo de la historia argentina, la búsqueda infundada de responsables por acciones u omisiones ha sido una constante para ocultar fracasos o impericias colectivas.

Todo aquel que tuviera comprobada la capacidad para razonar es considerado sujeto pasible de integrar la lista de culpables hasta que se demuestre lo contrario.

Esa condición, sin embargo, quedó relativizada en los últimos días, cuando a una nueva corriente de pensamiento se le ocurrió meter en la lista de sospechosos a los propios animales. Así, las mulitas o peludos pasaron a ser actores responsables de los ataques a los silos bolsa que se registraron casi de manera sistemática en el último mes en las provincias de Córdoba, de Santa Fe, de Buenos Aires y de Entre Ríos.

La sorprendente hipótesis, avalada desde algunos sectores del kirchnerismo, causó más rechazo entre los productores y la dirigencia rural cuando fue la propia vicepresidenta de la Nación la que, a través de las redes sociales, festejó la ocurrencia.

Buscar minimizar más de 60 casos de vandalismo –que aún la Justicia no logra dilucidar– por el accionar instintivo de un animal que es incapaz de producir los daños que exhiben los envases con granos no contribuye a acercar las posiciones entre el Gobierno y el agro. Lo urgente siempre parece encontrar disipadores que demoran y relativizan una solución.

Lejos de la realidad

Entre los conflictos que tuvo la agroindustria esta semana, le tocó el turno a la lechería. La divergencia, esta vez, no fue con el Estado, sino con el gremio que agrupa a los empleados de la industria láctea. En medio de una disputa , salarialuna medida de fuerza que incluyó el quite de colaboración (sin horas extras ni francos trabajados) durante el último fin de semana largo y un paro total de actividades el lunes 13 de julio dejó a las usinas al borde del colapso.

Con la producción de cuatro días de leche en los depósitos y trabajando al 50 por ciento, el resultado fueron focos de desabastecimiento en algunos lugares del país. La conciliación obligatoria dispuesta por la autoridad laboral congeló el diferendo por 15 días, pero lejos está de solucionarlo.

En la disputa salarial, industria y gremio exhiben números que superan de forma amplia los reajustes obtenidos por el resto de los trabajadores en lo que va del año. Según las empresas, en abril pasado, terminaron de completar una suba salarial del 73 por ciento, mientras que en el sindicato aseguran que fue un 53,8 por ciento, por la inflación de 2019 más un dos por ciento adeudado de la paritaria 2018.

En el peor de los casos, se trata de cifras que, por sus magnitudes, no amerarían un conflicto, más si se tiene en cuenta el crítico escenario en que se desenvuelve la economía nacional. Pero la intransigencia vuelve a meter una vez más lo prioritario al fondo de las soluciones.

Fuente: AgroVoz

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