20 de julio de 2020 01:00 AM
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Vinos: vaticinan complejo escenario mundial para la pospandemia

Con la caída de la economía, advierten que la venta de embotellados y graneles al exterior estará expuesta a un derrumbe.

Con una caída del PBI mundial cercana al 5%, se estima que las importaciones caerán un 12% este año y la recuperación será de apenas 8% en 2021, por lo que el comercio internacional no alcanzará los niveles de 2019 sino hasta 2022. El mercado interno tampoco ofrece un panorama mejor, ya que el descenso en la actividad superaría el 9,5%. De ahí que las perspectivas para el sector vitivinícola sean, según un informe del Banco Supervielle, complejas. Sin embargo, desde el sector esperan poder sostener los números del primer semestre, que fueron mejores de lo anticipado.

Cada año, la División Vinos del Banco Supervielle elabora un reporte anual sobre la vitivinicultura argentina. La presentación se suele realizar en abril, pero con la pandemia se fue trasladando y finalmente se concretó los primeros días de este mes. Por eso, no sólo incluye la comparación de 2019 con 2018 y las perspectivas para 2020 en el mercado local y el internacional -con un apartado sobre la situación de las bodegas pequeñas, medianas y grandes-, sino que este año sumó un capítulo sobre los cambios que ha provocado el coronavirus en el mundo.

Javier Merino, asesor y autor del informe, detalló que las bodegas argentinas enfrentan dos escenarios relativamente complejos. Por un lado, el mercado interno ya venía complicado y es de esperar que esto se acentúe en 2020, producto de la caída de la actividad y de los ingresos de los consumidores, por lo tanto también de la demanda. Además, en 2019, las elevadas tasas de interés provocaron que las empresas liquidaran sus stocks de vinos, lo que produjo un marcado descenso de los precios. Y con un consumo alicaído es de esperar que tengan poco margen para recuperar el terreno perdido.

La clave, detalló, será cuidar lo que se tiene, ya que solo las grandes bodegas van a poder desplegar un juego un poco más agresivo. Pero también planteó que el cierre de las vinotecas por un tiempo le solucionó un antiguo problemas a las bodegas, en particular las más pequeñas, que querían incursionar en el comercio electrónico, ya que a la que tomaba ese camino se le cerraba el canal de los locales de vinos.

Por otro lado, el tipo de cambio benefició a las que tienen un fuerte componente exportador, ya que mejoró sus posibilidades con respecto a 3 o 4 años atrás. Merino planteó que es probable que esta situación se mantenga, porque el país es deficitario en dólares y no es de esperar que la cotización vaya a la baja. Pero si bien esto les ofrece oportunidades, el contexto mundial puede complicar su participación en el mercado externo.

El Fondo Monetario Internacional ha estimado una caída del PBI mundial del 4,9% para 2020, pero los números de las economías avanzadas duplican este descenso y, con la excepción de China, los principales compradores de vino del mundo se ubican entre éstas. De hecho, ni siquiera en 2021 alcanzarán a recuperar los valores anteriores a la pandemia. En este marco, se anticipa una baja en las ventas en el comercio global cercana al 12% este año y se calcula que apenas crecerían un 8% el próximo.

Además de la reducción de la demanda por la crisis mundial, el consultor resaltó que la pérdida temporal –aunque no se sabe por cuánto tiempo- de los canales de restorán y hotelería amplifica el fenómeno para la industria del vino. De ahí que señale que las importaciones vitivinícolas caerán por lo menos un 10% con respecto a 2019 y que esto impactará a las bodegas locales.

A diferencia de lo que ocurrió en 2008, cuando la crisis causó una caída de las importaciones equivalente a 2,3 veces la disminución del PBI pero los vinos argentinos contaban con la ventaja de un tipo de cambio muy competitivo, hoy la cotización es favorable pero no tan beneficiosa. Entonces, señala Merino, pudieron capturar con buena calidad a los consumidores que buscaban productos en una franja de precios más baja, pero ahora los competidores son más agresivos.

Otra contra que menciona el autor del informe es que el comercio mundial de vinos ha madurado y ya no tiene el mismo potencial para seguir creciendo. Hace 20 años, de cada 100 botellas que se vendían, unas 18 eran importadas. Ahora se alcanzó las 43 o 44 y se estabilizó en esa cifra.

Como contraparte, el hecho de que Estados Unidos haya fijado un arancel de 25% a los vinos europeos beneficia especialmente a Argentina. Sobre todo, teniendo en cuenta que este país concentra, junto con el Reino Unido, más del 50% de los envíos de vinos argentinos al exterior.

Javier Merino consideró que el mercado internacional presentará obstáculos y oportunidades para las bodegas locales y que el resultado dependerá de la capacidad de cada una para adaptarse a este escenario. Para ello será necesario que conozcan muy bien cómo desarrollar mercados en ambientes competitivos, cómo estar más cerca de los clientes y de las necesidades de los importadores, y anticipar las jugadas de sus competidores. En definitiva, se verán obligadas a profesionalizarse, además de a agudizar su flexibilidad.

Sin embargo, no se puede obviar que también se requerirá de inversiones para modificar no sólo el sistema operativo sino también la infraestructura para, por ejemplo, jugar rápido y sacar una nueva línea de vinos. En este sentido, muchas empresas acusan el impacto de varios años de una economía estancada y seguirán enfrentando dificultades para acceder al crédito.

Merino, quien para elaborar el reporte analizó los balances de más de 100 bodegas, indicó que la facturación en moneda constante de los últimos 12 meses (a abril de este año) muestra una disminución de 5,4%, que se explica por una caída de más del 12% en el mercado interno y un aumento del 3,4% en los ingresos de exportación.

Más allá de que los números marcan algunas tendencias, para el consultor también hay diversas incertidumbres, como de qué manera va a seguir el comercio electrónico o cuál va a ser el impacto del mayor consumo en casa. Tampoco se sabe cuáles van a ser los nuevos formatos de comercialización internacional o de qué modo se van a desarrollar las ferias de vinos y las relaciones con los importadores en los próximos años. Como además, en otras latitudes a la reapertura, después de la cuarentena, le ha seguido una segunda ola de contagios de coronavirus, “hay más dudas que respuestas”.

Mejor precio

Eduardo Sancho, presidente de la Federación de Cooperativas Vitivinícolas Argentinas (Fecovita), indicó que los informes del INV muestran una recuperación del mercado interno en los últimos meses, aunque advirtió que hay que esperar a ver qué pasa después de la pandemia. Con la cuarentena, planteó, las personas almuerzan y cenan en casa, lo que ha incrementado el consumo del vino, que es la bebida que se toma para acompañar las comidas.

Efectivamente, entre enero y mayo de 2020 los despachos de vino fraccionado crecieron 1,9% con respecto al mismo período de 2019 (con un aumento del 6,4% para el tinto y una reducción del 11,8% para el blanco).

En cuanto a los precios, Sancho señaló que en 2019 el vino tuvo valores muy bajos, que de hecho eran insostenibles porque se encontraban por debajo de los costos de la actividad, sobre todo para el productor primario, aun el que producía de modo eficiente. Sin embargo, este año ha habido una tonificación bastante importante, en particular en los vinos comunes (no tan marcada en los varietales), que probablemente se estabilice por este sostenimiento del consumo.

De ahí que Sancho plantee que las perspectivas para este año es que sea uno positivo para la vitivinicultura. Esto, porque, además, los mercados externos se están sosteniendo y no ha habido grandes dificultades en el despacho de exportaciones. De todos modos, reconoció que esto podría modificarse si las medidas por la pandemia se profundizan.

El Instituto Nacional de Vitivinicultura informó que Argentina exportó en los primeros seis meses de 2020, 70,9 millones de litros de vino más que durante el mismo período del año 2019 (+51,9%). Del total de 207,6 millones de litros exportados, el 45,9% fueron fraccionados y el 54,1% a granel. En tanto las toneladas de mosto concentrado crecieron un 15,6% con respecto al primer semestre de 2019.

El titular de Fecovita añadió que se puede esperar un buen año porque una de las situaciones más graves era el bajo precio pagado al productor, mientras ahora se está alcanzando uno sostenible (se pasó de los $ 8 el litro en el mercado de traslado en 2019 a $ 14 en la actualidad).

Pese a eso, señaló que debería llegar a los $ 16 y a partir de entonces seguir a la inflación; algo que estima puede ocurrir en 2020 porque luego de un año en el que convenía salirse del vino e invertir en un plazo fijo o en dólares, hoy resulta más conveniente quedarse con el producto que con pesos.

A esto contribuyó también que esta fue una cosecha más baja. Y en este sentido, Sancho señaló que el anunciado Banco de Vinos va a permitir manejar los excedentes, cuando se produzcan, que son los que periódicamente se traducen en una crisis para el sector.

Tecnificación

Esta semana, California (Estados Unidos) volvió a cerrar bares y restaurantes después de haber permitido su apertura, mencionó la presidente de Bodegas de Argentina, Patricia Ortiz, para ilustrar que la pandemia ha provocado avances y retrocesos, que dificultan anticipar escenarios futuros. Y agregó que la caída de 13 a 14% en las ventas de vinos en ese país afecta de distintas maneras a las bodegas exportadoras, según cuál sea su canal principales de ventas en ese destino.

En Canadá, en cambio, no se han producido cambios relevantes, ya que nunca cerraron las vinotecas por ser consideradas como esenciales. Y en Europa el panorama es bastante diverso, pero el consumo en restoranes era el que más había sufrido por la cuarentena y ahora se permitió la apertura de estos negocios.

Sobre el mercado interno, Ortiz planteó que si bien la venta de vino en supermercados creció, se trata de los de segmentos más bajos, mientras que el cons umo en restaurantes cayó y aunque hace algunas semanas volvió a habilitarse en Mendoza, no se sabe si esta medida se sostendrá en el tiempo. Por otra parte, pese a que la gente, al estar en casa, ha empezado a tomar un poco más de vino en el hogar, esto no alcanza a compensar lo que se bebe en juntadas ni cuando se sale a comer.

El turismo, en tanto, representa una parte importante del consumo de vino y los cruceros, en los que no falta nunca un malbec argentino (mendocino) en la carta, llevan varios meses sin funcionar y no se sabe cuándo retomarán su actividad.

Pese a este contexto, la titular de Bodegas de Argentina resaltó que está empezando a desarrollarse mucho el e-commerce (comercio electrónico) y que los periodistas especializados han empezado a realizar entrevistas, charlas y degustaciones virtuales, con lo que se empieza a promocionar el mundo del vino de otra manera.

Ortiz estimó que los vinos de segmentos “entry level” o “entrada de gama” son los que tienen una buena oportunidad en el mercado externo porque la pandemia ha tenido repercusiones económicas y la gente empieza a optar por las bebidas de menor precio. Y Argentina, en general, no tiene valores muy altos pero sí buena calidad. De hecho, recordó que en 2009 se ganó mercado con los norteamericanos que compraban botellas de 25 dólares y, luego de la crisis de 2008, bajaron a las de 15 dólares.

De todos modos, reconoció que las bodegas han perdido bastante competitividad con la inflación y un dólar que está empezando a quedarse. Pero también, por la brecha en la cotización, que genera que compren insumos al “contado con liqui” pero cobran con el Banco Nación, que no es la mitad, pero está cerca.

La nueva realidad, destacó, obligó a las bodegas a digitalizarse y aprender no sólo a como armar una página, sino también establecer el cobro online y la logística para la entrega. En Bodegas de Argentina se está pensando en crear una plataforma común para que puedan vender por Internet las elaboradoras más pequeñas, que en muchos casos vendían al turismo y perdieron esa vía de comercialización.

Sin excedentes

José Bartolucci, presidente de la Cámara Argentina de Vinos a Granel, manifestó que se vieron gratamente sorprendidos por el crecimiento de las exportaciones de vino a granel en el primer semestre, al punto que en sólo seis meses ya alcanzaron el volumen total exportado en 2019. También se manifestó conforme con el hecho de que, en el marco del cambio de hábitos que trajo la pandemia, el consumo interno haya tenido un leve repunte.

Así, en el contexto de la caída del nivel de actividad de un buen número de sectores, Bartolucci consideró que el panorama para la vitivinicultura es alentador. También resaltó que el trabajo conjunto con ProMendoza, el INV y Aduana les ha permitido mantener el ritmo de despachos.

En cuanto al segundo semestre, lo ve como promisorio si el país puede alcanzar un acuerdo por la deuda y se sostiene un tipo de cambio competitivo. Pero indicó que hay potencial para seguir creciendo tanto en el mercado interno como el externo, y que en este último hay margen para el granel y el fraccionado. Aunque también se mostró cauto porque la cosecha en Europa está cerca y no ha habido accidentes climáticos que puedan disminuir el volumen, por lo que la competencia será difícil.

Asimismo, coincidió en que los precios han tenido una mejora este año, porque el pasado se logró sacar un buen stock de vinos genéricos, que constituían un excedente, pero a valores muy bajos. En cambio, en 2020, con una cosecha más acotada y mejores oportunidades en el país y en el exterior, se han ido recuperando.

“Nadie sabe nada”

Para intentar explicar cuáles son las perspectivas para la vitivinicultura en lo queda de 2020, Sergio Villanueva, gerente de la Unión Vitivinícola Argentina y director del Fondo Vitivinícola Mendoza, hizo mención a un programa español que se llama “Nadie sabe nada”. Es que si bien se pueden proyectar los resultados del primer semestre puede resultar aventurado.

En los primeros seis meses, repasó, el mercado interno se mantuvo e incluso mostró un leve crecimiento, lo que es bueno dado el contexto. Y en el externo, tanto los vinos a granel como los mostos tuvieron una buena performance, mientras los fraccionados, aunque con una suba más modesta, también crecieron. Pero con todos los cambios que se están produciendo, Villanueva consideró que hay que ir analizando muy bien las tendencias y evitar una perspectiva demasiado optimista o pesimista.

Sobre las tendencias de consumo, señaló que lo que el argentino tomaba afuera, ahora lo toma en casa, ya que de otra manera se hubiera visto una caída. También que, en este ámbito, se inclina por los envases más grandes, como el botellón y el bag in box, lo que muestra que el low cost llegó para quedarse y que se prefiere pagar menos por insumos y más por el producto. Esto ha afectado a aquellas bodegas que vendían en restoranes y hoteles, porque es difícil que se consuma el mismo vino en el hogar.

Lo que ocurra en los próximos meses, indicó Villanueva, dependerá de la situación general del país, pero la gente ha priorizado el consumo de alimentos y bebidas, y, dentro de éstas, ha elegido más el vino, ya que las cervezas y las gaseosas han perdido ventas. Estimó que esto ha sido un acierto de la comunicación, que mostró a la bebida nacional muy ligada a las comidas.

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