1 de agosto de 2020 12:29 PM
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Del silobolsa roto a una hoja de ruta

Imparable ola de rotura de silobolsas, un ministro de Agricultura que en un reportaje radial prácticamente llevó este delito al terreno de algo como "problemas entre particulares" (ver aparte) y exportaciones de carnes que no dejan de dar buenas noticias, por sus volúmenes vendidos.

Entre noticias que lejos de contribuir a un clima de tranquilidad para los productores los aturden y otras que brindan datos alentadores, esos que vienen cuando a la cadena no se le pone trabas, así transcurrió la semana para el sector.

La veintena de silobolsas rotos a Cargill en Vedia llevó el total de ataques en lo que va del año a 129. Una estadística que refleja mucho: que cuando más se necesita -por el complejo escenario económico- que el productor tenga tranquilidad, la repetición de estos hechos no hace más que azuzarlo. Riesgo climático, riesgo de precios, riesgo político, riesgo de que sea vandalizada su producción. Demasiados riesgos.

Del otro hecho, las exportaciones de carne, está lo positivo. En el primer semestre subieron 20% las exportaciones de carne vacuna, 7,1% la aviar y 50% la de cerdo. China es, más allá de lo que se lleva de cada producto, el común denominador de tracción entre las distintas carnes. Fue suficiente para que la cadena cárnica se adaptara a la pandemia para que no detuviera su marcha. También alcanzó para que, al menos hasta ahora, el Gobierno no cayera en la tentación de volver a un pasado de trabas. ¿Vieron que sin intervenir se puede contar con un círculo virtuoso?

Sin duda, el mundo, el país y la producción agropecuaria en particular están por la pandemia de coronavirus ante un momento de desafíos, amenazas, oportunidades. Un momento donde también es clave mirar que están haciendo otros países por su producción.

Ese ejercicio lo acaba de hacer Ezequiel De Freijo, economista de la Sociedad Rural Argentina (SRA). “Los países, luego de un análisis de los riesgos y cuellos de botellas de cada una de las cadenas de valor en cada país han respondido en forma distinta, producto del objetivo que decidieron reforzar”, cuenta el economista.

De Freijo agrupó las medidas específicas tomadas para el sector agroindustrial en los distintos países. En esta línea, hubo “medidas para preservar el cashflow de las empresas afectadas por la caída de la demanda”. Al respecto, Canadá destinó U$$3600 millones para renovación de créditos y Turquía pospuso los vencimientos por seis meses.

También aparecieron medidas ligadas al comercio de alimentos. “Reino Unido relajó durante la pandemia las leyes que rigen la competencia para que los eslabones de la cadena de los distintos mercados puedan cooperar para salir de los cuellos de botella que se iban generando durante el transcurso de la pandemia. Ucrania utilizó precios máximos para algunos productos, Australia armó un programa con US$69 millones para mantener las importaciones de los productos críticos de sus cadenas de valor y así poder evitar el freno de su producción”.

Por otra parte, según el relevamiento del experto, Nueva Zelanda puso US$366 millones para que parte de los aviones sin actividad por la caída del turismo se dirigieran para el movimiento de productos alimenticios para ganar y abastecer mercados.

También se pusieron en marcha programas para que los alimentos lleguen a los sectores más vulnerables. Por caso, Estados Unidos aplicó la Family Food Box y “destinó U$S3000 millones con el objetivo de alimentar a las familias que habían quedado sin ingresos por el cierre de los foodservices y restaurantes”, precisó De Freijo.

Por otra parte, EE.UU. destinó US$16.000 millones a pagos directos a productores, Japón el equivalente a US$5000 millones para detener la caída de la demanda y Canadá puso US$179 millones para que productores e industrias aplicaran protocolos.

Y la Argentina, ¿qué hizo puntualmente? El Gobierno dio el programa ATP para las empresas no esenciales, el IFE (ingreso familiar de emergencia), postergó impuestos. Pero, más allá de las medidas para que el sector agropecuario siga funcionando como actividad esencial en la pandemia, no instrumentó un programa con medidas puntuales para la agroindustria.

Vale recordar que esta semana el Banco Nación dijo que de créditos otorgados por más de $42.000 millones desde abril pasado un 27/28% fueron tomados por pymes del agro.

No es comparable, no obstante, a medidas más de fondo en otros países. Estrechez de recursos, dificultades para administrar la emergencia…Cualquiera de esas cosas podría ponerse como excusa desde el Gobierno. Pero tras casi ocho meses en el poder hay algo que ya no debe tener excusas. ¿Tiene objetivos agroindustriales? ¿Apuesta a una suerte de piloto automático como con la carne? ¿Qué rol y herramientas tiene para la pospandemia? El productor quiere saber la hoja de ruta del Gobierno.

Por: Fernando Bertello

Fuente: La Nacion

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