10 de agosto de 2020 10:00 AM
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Valor agregado, ese objeto de deseo

El plan del Consejo Agroindustrial Argentino (CAA) llegó en el momento justo en el que el Gobierno avanza con un plan para potenciar al sector con la mira puesta en el comercio internacional. Un proyecto que toma vuelo y suma adhesiones.

El Consejo Agroindustrial Argentino (CAA) irrumpió en la agenda del Gobierno con un claro plan para potenciar las exportaciones locales, voluntad de diálogo, propuestas y construcción. En apenas semanas desde su presentación, sus líderes mantuvieron reuniones con gobernadores, ministros, senadores, diputados y hasta el presidente de la Nación.

Cerrado el canje de deuda con los bonistas extranjeros, desde el Gobierno remarcan que inició una nueva etapa, la de la reconstrucción y en ese esquema la agroindustria jugará un rol más que fundamental. El objetivo es revertir la primarización de las exportaciones, potenciando el valor agregado, la producción de proteínas animales, sin descuidar a las economías regionales.

El punto de partida y quizás la señal más importante que le ha dado el actual Gobierno al sector agroindustrial, fue que el mismo día que se logró cerrar el canje de deuda, Alberto Fernández recibió en Olivos a representantes del CAA.

En lo que fue una jornada maratónica para el presidente de la Nación, hubo también lugar durante una hora y media para reunirse con José Martins, presidente de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires; Gustavo Idígoras, presidente de la Cámara de la Industria Aceitera; Roberto Domenech, presidente del Centro de Empresas Procesadoras Avícolas; Patricia Calderón, presidenta de la Federación Olivícola Argentina, y Dardo Chiesa, coordinador de la Mesa Nacional de las Carnes.

Justamente diversos líderes del CAA venían siendo fuente de consulta del actual presidente mucho antes de que llegara a su cargo. Por caso, Roberto Domenech, el histórico representante del sector avícola, ya se había reunido con Alberto Fernández pocas semanas después de que se asumiera y en aquel entonces se habló de que la producción de pollos debía recuperar el esplendor de años atrás.

Dos sectores claves

Según detallan desde la Fundación Producir Conservando, actualmente la Argentina produce 2,3 millones de toneladas de carne aviar, de las cuales exporta a más de 70 países el 10% y se consume internamente el 90% restante. Esas 230.000 toneladas que se exportan son sólo el 2% de mercado mundial, lo que nos marca la oportunidad de poder crecer en un futuro próximo.

Sólo 3,5 millones de toneladas del maíz que se producen localmente se destinan a la alimentación avícola (un 7% de la producción nacional). En tanto, la Argentina cuenta con una producción de maíz y soja que ronda los 100 millones de toneladas y cerca del 20% se consume internamente. El resto se exporta y es transformado en proteína animal en el país de destino. “Es aquí donde nuestro país tiene una gran oportunidad de agregar más valor del que hoy ya se agrega, generar más empleos y agrandar el superávit comercial que de por sí ya tiene el sector agroindustrial”, explican desde la Fundación Producir Conservando.

Para este año Domenech esperaba que el sector llegue exportar unas 300.000 toneladas anuales, pero la pandemia complicó todos los planes porque los precios internacionales del producto cayeron y los principales compradores internacionales son más conservadores a la hora de stockearse.

Pensando en la pospandemia, los productores avícolas se muestran más que esperanzados en el futuro próximo porque la demanda de proteínas iría en aumento y por eso confían que el sector volverá a recuperar el esplendor.

Otro de los sectores que tiene mucho por crecer y que también integra el CAA es la industria molinera. Diego Cifarelli, presidente de la Federación de la Industria Molinera (FAIM), es también miembro de la Unión Industrial Argentina (UIA) y uno de los impulsores del plan agroexportador que pretende llevar los envíos hasta los u$s100.000 millones al año.

Cifarelli, desde hace años viene hablando de la necesidad de que se fomente el valor agregado y su peso sobre la generación de empleo y el arraigo en las ciudades del interior.

Según explica, las actividades industriales del complejo trigo-harinero, tienen un multiplicador del valor agregado de alrededor de tres. Esto significa que por cada peso que crece la actividad en estos sectores en toda la economía se generan tres. Por su parte, el trigo tiene un valor más bajo de 1,7.

Por su parte, el multiplicador del empleo es de 2,5, tanto en la industria molinera como en la elaboración de pastas. Esto indica que por cada puesto de trabajo creado en estas áreas, en toda la economía se crean 2,5 puestos de trabajo genuinos. En el trigo es algo menor (1,6).

“Es muy interesante ver cómo se transforma el valor por tonelada en la medida que se avanza en la cadena, una tonelada de trigo se vende en el mundo entre 210 y 220 dólares, cuando eso se transforma en harina, generando empleo, pasa a valer unos 350 dólares por tonelada. Si esa harina se convierte en es pasta seca pasa a valer 700 dólares la tonelada y si producis pan de molde el valor es de 2.700 por tonelada, eso es el claro ejemplo de la necesidad de agregarle valor a los granos para la generación de divisas, indicó Cifarelli.

Mientras tanto Francisco Oliverio, asesor de FPC, remarca: “Gran parte del crecimiento mundial de los próximos años va a estar explicado por el crecimiento de los países emergentes y es ahí donde tenemos que poner nuestro foco. La Argentina debe, hoy más que nunca, trazar una estrategia de país a largo plazo, gobierne quien gobierne. Necesitamos reglas claras que se sostengan en el tiempo, que les permitan a los empresarios invertir con algo más de previsibilidad. No podemos centrarnos casi exclusivamente en el mercado interno. La mesa de los argentinos no peligra y podemos exportar mucho más de lo que hoy hacemos sin descuidarla. Tenemos que focalizar nuestros esfuerzos en agregarle el mayor valor posible a nuestra soja y maíz, y exportar cada año más productos avícolas, carne bovina, carne de cerdo y productos lácteos”, explica. Trabajos realizados por la Fundación muestran que la Argentina es capaz de producir en un mediano plazo 5,2 millones de toneladas de carne bovina, 15.000 millones de litros de leche, 1,2 millones de toneladas de carne de cerdo y 3 millones de toneladas de carne aviar. Junto con la pujante iniciativa del CAA y el plan que está delineando el Gobierno, parece ser que ese tiempo llegó y está pronto a concretarse.

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