24 de agosto de 2020 10:55 AM
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Era un contratista forrajero y ahora diversificó haciendo corrales e infraestructura para tratar efluentes

Daniel Gardello se dio cuenta que tenía que diversificar su actividad para no perecer. Hace corrales para engordar vacunos y estructuras para convertir los desechos de los tambos en fertilizante

Gringo de manos grandes, de trabajo, hombre de palabra, sencillo y atento. Todo eso es Daniel Gardello, que durante muchos años fue contratista forrajero (los que “hacen la comida” de los animales que van al feedlot), picaba granos y armaba rollos de alfalfa. Hace unos años, al darse cuenta que no alcanzaba sólo con esa actividad (que podía hacer 6 u 8 meses del año), y a partir de unos viajes a España visitando colegas, decidió ampliar su oferta de trabajo: sumó primero el armado de corrales de engorde y más recientemente la infraestructura para aprovechar los desechos de los tambos y convertirlos en fertilizante natural. Todo un resiliente, como se dice ahora.

“La rentabilidad de un semestre de trabajo fuerte no alcanzaba para mantener a flote una empresa, tampoco la gente capacitada que necesitaba trabajo todo el año, por eso, para mí, diversificar fue la llave para encontrar estabilidad y hacer fuerte mi empresa”, contó Gardello.

“Viajar y ver cómo otros hacen las cosas, aún en contextos de países diferentes, me abrió la cabeza y me permitió dejar de ser sólo un contratista forrajero para diversificar mi negocio y mejorar mi rentabilidad a lo largo de todo el año”, apuntó.

El país que más visitó en Europa fue España, donde vio trabajar a sus colegas contratistas y visitó tambos, algunos pequeños de 100 a 200 vacas, pero también estuvo en uno de los más grandes de Europa.

“Me gustó la concepción del negocio que vi en esos lugares, los prestadores de servicio trabajan todo el año con distintas actividades y tienen un ingreso mensual estable los 12 meses, no como me pasaba a mí antes, que tenía contar con el personal capacitado para trabajar seis meses y después quedaban otros seis meses en los que casi no entraba plata pero tenía que mantener la estructura”, explicó Gardello, que vive y tiene la base de operaciones de ForCeres en Tandil.

Corrales on demand

“Hay corrales que se hacen a gusto del alambrador, otros por recomendación del veterinario o del dueño del campo, pero no de manera profesional, por eso ha pasado que el agua está en la parte más baja e inundable del corral, he visto diseños que no han tenido en cuenta lo que se pierde en conversión de alimento en carne por tener a los animales sin confort para acceder a la comida”, apuntó Gardello. Y destacó: “Hemos llegado a tener que raspar dos metros de profundidad para llegar a lo firme de tan estropeados que estaban esos corrales”.

Daniel Gardello, y su proyecto de diversificar la producción

Daniel Gardello, y su proyecto de diversificar la producción

Por eso, el primer paso en el camino de esta diversificación fue el armado y arreglo de corrales en feedlots. “Cuando picábamos, vimos muchos animales empantanados hasta el pecho o con dificultades para llegar a comederos y bebederos, luchando para caminar en el barro y por eso se nos ocurrió capacitarnos para lograr un armado de corrales profesional”, expresó Gardello.

Como dato interesante, Gardello ofrece a sus clientes la posibilidad de trabajar con placas de hormigón transportables que permiten hacer corrales en zonas donde un camión mezclador no puede llegar. Por otro lado, todo es más rápido, porque una vez que está preparado el terreno, se puede armar un corral y medio por día.

Las placas son de 1 metro por 3,50 con 14 cm de espesor, hechas con un hormigón con alto porcentaje de cemento. Cada placa pesa 1300 kilos.

Efluentes hechos biofertilizante

Otro de los negocios en los que Gardello diversificó su empresa es en el armado de plantas para el tratamiento de efluentes en tambos. Vale recordar que desde 2015 en la provincia de Buenos Aires, por iniciativa del Ministerio de Agroindustria, se estudió de qué manera se puede mejorar el uso de efluentes generados en los tambos para evitar la contaminación.

Después de tres años de estudios coordinados por la Dirección Provincial de Lechería, la mesa técnica integrada por profesionales de la Autoridad del Agua, CREA, Universidad de Buenos Aires, la Asociación Pro Calidad de Leche (Aprocal) y referentes de la Mesa lechera provincial, redactó la Guía de Buenas Prácticas para la gestión de Purines en Tambo.

“Las obras que hay que hacer para lograr ese manejo más eficiente de purines es un tema que me interesa mucho, porque es un beneficio para todos, la naturaleza y el tambero”, dijo Gardello.

Otro de los negocios en los que Gardello diversificó su empresa es en el armado de plantas para el tratamiento de efluentes en tambos

Otro de los negocios en los que Gardello diversificó su empresa es en el armado de plantas para el tratamiento de efluentes en tambos

“En España vi un aprovechamiento de todos los recursos y una valorización de todos los subproductos y residuos, todo tiene un valor y se aprovecha, no se desperdicia nada”, afirmó el contratista. Y graficó: “Para ellos es una necesidad absoluta porque muchos tambos están metidos en los pueblos, los trabajadores llegan caminando de su casa al ordeñe, conviven con la producción”.

De acuerdo a estimaciones del Censo Nacional Agropecuario, mientras que la producción de leche a nivel nacional aumentó en un 76% las últimas dos décadas, el número de tambos en ese lapso se redujo a menos de la mitad: de 30.100 a 11.600 unidades productivas. Desde AACREA advirtieron que esta transformación genera un aumento en la cantidad de efluentes generados en las instalaciones de ordeño. Una mayor concentración.

Se estima que por día, 100 vacas requieren para el lavado de la instalación de ordeño un promedio de 3.000 litros de agua y generan 36 kilos de materia seca provenientes de la materia fecal y los restos de los alimentos. “Esto genera un efluente con un nivel de contaminación promedio que equivale a la carga orgánica de los efluentes cloacales generados por la población de la Ciudad de Buenos Aires por año”, compararon desde AACREA.

“Hay una necesidad de mejorar todo lo que tiene que ver con tratamientos porque, mayormente, se viene haciendo de forma tradicional como hace 50 años”, advirtió Gardello. Y se entusiasmó: “En Argentina está todo por hacer en el manejo de efluentes, y son obras que, contando con un buen asesoramiento, se pueden hacer a un costo razonable, aún en un contexto complicado financiera y económicamente”.

La clave está en el agua, uno de los insumos que se necesitan para producir leche. “Si no hay impermeabilización y se tira todo así nomás es muy probable que los nitratos lleguen a la napa y se contamine el agua del propio establecimiento”, opinó Gardello. Y agregó: “Si vos das agua contaminada o de mala calidad va a repercutir en la conversión de alimento en leche”.

Pero, además, se puede usar el estiércol como fertilizante. Y el agua, después de tres o cuatro ciclos de usarla para el lavado también se puede usar como fertilizante. “Todo esto, si lo ponés en la balanza también tiene sus beneficios, no sólo es hacer mejor las cosas, por la ecología y la sustentabilidad, sino también por que es más rentable”, opinó Gardello.

El sistema consiste en armar una pileta con un plástico que impermeabiliza la superficie. Depositado ahí, se va bajando el nivel de bacterias del líquido, y se logra que una parte de bacterias muera por efecto aeróbico. “Es un proceso sencillo pero que requiere un cálculo específico respecto de la cantidad de efluentes que produce un tambo”, apuntó el contratista.

A veces, las soluciones requieren de más trabajo. Pero no son imposibles. Seguramente Gardello nunca imaginó cuando era ya un contratista forrajero consolidado, con tecnología de punta, que iba a tener que hacer ajustes para seguir en el ruedo. Pero se animó. Sorteó los obstáculos saliendo hacia adelante.

Fuente: Infobae

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