25 de agosto de 2020 10:18 AM
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Etiquetado frontal de alimentos: una decisión clave

CompartiremailFacebookTwitterTodo parece indicar que Argentina está acelerando la toma de decisiones sobre políticas orientadas a mejorar la calidad de la alimentación de nuestra población: la clave está en los detalles. Recientemente se reunieron los ministros de Salud, Agricultura y Desarrollo Productivo y anunciaron que en septiembre se presentará una propuesta de etiquetado frontal de alimentos. Se […]

Todo parece indicar que Argentina está acelerando la toma de decisiones sobre políticas orientadas a mejorar la calidad de la alimentación de nuestra población: la clave está en los detalles. Recientemente se reunieron los ministros de Salud, Agricultura y Desarrollo Productivo y anunciaron que en septiembre se presentará una propuesta de etiquetado frontal de alimentos. Se trata de una gran oportunidad para elegir un modelo inteligente, cuyo impacto en una mejor dieta deberá ser evaluado y comprobado en los próximos años.

El sobrepeso y obesidad es la pandemia preexistente en Argentina; según datos de fuentes oficiales (encuestas nacionales de nutrición y de factores de riesgo), más de 25 millones de personas padecen alguna forma de malnutrición por exceso. Es probable que esos números sean mayores en momentos en que han crecido la pobreza y la inseguridad alimentaria, ambos fenómenos que afectan particularmente a la nutrición de los niños (más de la mitad de los niños son pobres y quizá casi un 20% padezca inseguridad alimentaria).

Un etiquetado frontal efectivo debería ser una herramienta para facilitar la comprensión de la información nutricional del alimento y de esa manera se traduzca en elecciones que finalmente converjan en una mejor nutrición. Todo modelo de etiquetado frontal se acompaña de un sistema de perfil de nutrientes, que es la clave, ya que aporta los criterios técnicos para definir qué alimentos serán desalentados y cuáles promovidos. En esa definición, es importante poner en juego aquellos déficits y excesos, sumados a las recomendaciones de nuestras guías alimentarias y la revisión de la última evidencia sobre dieta y prevención de enfermedades.

Los argentinos tenemos una dieta muy poco saludable, en particular en tres aspectos: bajos consumos de verduras, frutas, legumbres y lácteos (los consumos de estos cuatro grupos no alcanzan la mitad de su recomendación); excesos en el consumo de azúcares en gaseosas y jugos, en el mate diario y en galletitas dulces y facturas (solamente esos cinco productos, en ese orden, aportan el 70% del azúcar ingerido en nuestra dieta); y un exceso aún más preocupante (hasta dos veces su recomendación) en la ingesta de alimentos “harinosos” (fuente de hidratos de carbono de baja calidad, pobres en nutrientes).

Las definiciones técnicas que sustenten el etiquetado frontal lo convertirán en una herramienta robusta, que sirva al propósito de mejorar la dieta de la población en dos aspectos clave: desalentar el consumo de alimentos que contribuyen significativamente a la ingesta principalmente de azúcar y sodio, pero siendo a la vez un faro para estimular el consumo de aquellos ricos en nutrientes deficitarios (fibra, calcio, vitaminas B, A, D) o con presencia de frutas, verduras o legumbres en su composición. Lograr una propuesta que cumpla este objetivo será una muy buena noticia en el esfuerzo colectivo por mejorar la calidad de la dieta de los argentinos.

Por Sergio Britos

Director de CEPEA, Prof. titular y coordinador de la Carrera de Nutrición, Universidad Nacional de Entre Ríos (UNER).

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