6 de septiembre de 2020 00:54 AM
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El valor agregado del mercado de carnes: una nueva meta sectorial y social con alto potencial para generar dólares

El sector agroindustrial ha sido señalado como una de las primeras actividades que podría reactivar la economía post-pandemia sumando, además, la provisión de nuevas divisas de exportaciones

El caso de la exportación de carnes y, en particular, porcina es uno de los ejemplos con potencialidad exportadora más mencionado recientemente por el Gobierno. Dado que el comercio de carnes es un tipo de actividad administrada sujeta a numerosas barreras sanitarias, el desarrollo exitoso de este negocio requerirá de una adecuada coordinación entre empresas y Estado.

A lo largo de los años, la Argentina ha transitado, sin mucha convicción, diferentes estrategias de crecimiento. Así, para tomar episodios recientes, en los 90 hubo coincidencia entre técnicos y políticos en la necesidad de una mayor inserción exportadora combinada con acuerdos preferenciales de comercio. Desde 2003, se adhirió a la idea del doble superávit, fiscal y externo, que se vio favorecida por el súper ciclo de los precios de las materias primas.

El superávit comercial era el resultado de los altos precios y de un elevado tipo de cambio real. En esas circunstancias, las políticas de promoción de las exportaciones fueron muy limitadas, mostrando poca previsión en la construcción de un patrón exportador diversificado.En los 90 el superávit comercial era el resultado de los altos precios y de un elevado tipi de cambio real

A partir de 2007 se abandonó la estrategia del doble superávit y se volvieron a proclamar los beneficios de la sustitución de importaciones. Desde 2016, el objetivo exportador se retomó, pero su avance fue lento. Por entonces, las condiciones de la competitividad argentina estaban muy dañadas. Hoy se vuelve a hablar de inserción exportadora como factor de crecimiento, pero a un nivel mucho más generalizado. Este objetivo se ha vuelto un reclamo de los sectores productivos y, a confirmar por las medidas de reactivación aún en preparación, también en una iniciativa política de la propia coalición gobernante.

Hoy se vuelve a hablar de inserción exportadora como factor de crecimiento, pero a un nivel mucho más generalizado. Este objetivo se ha vuelto un reclamo de los sectores productivos (EFE)

Hoy se vuelve a hablar de inserción exportadora como factor de crecimiento, pero a un nivel mucho más generalizado. Este objetivo se ha vuelto un reclamo de los sectores productivos (EFE)

El sector agroindustrial es el sector de mayor competitividad de la Argentina. A lo largo de su historia ha debido sortear escenarios muy desfavorables del mercado internacional, con precios muy bajos para sus productos, pero también escenarios adversos locales derivados de estrategias macroeconómicas cortoplacistas (atraso cambiario, altos niveles de impuestos a las exportaciones, excesiva carga tributaria sobre la tierra productiva, etc.).

Ahora, el agro parece volver al centro de la escena económica y política por su capacidad exportadora, por sus condiciones de producción distribuidas en todo el territorio y por su capacidad de organizarse para transformarse en una actividad sustentable.

Plan agroexportador

Como se comentara en el número anterior de Indicadores de Coyuntura de FIEL, el Consejo Agroindustrial Argentino (CAA) (un conjunto de entidades gremiales empresarias, cámaras y bolsas de comercio del sector que pasó de estar conformado por 42 a 53 miembros en el curso de este mes) ha hecho una propuesta de reactivación sectorial basada en las exportaciones.

Por su parte, el Gobierno estaría preparando un plan agroexportador que tendría coincidencias en los objetivos y en los instrumentos. Los productores primarios, sólo representados muy parcialmente en el CAA, siguen estas iniciativas desde su representación de la Mesa de Enlace y sus propias entidades gremiales.

La mayor coincidencia entre los participantes se encuentra en el gran potencial que tendrían las exportaciones cárnicas para su crecimiento. La idea es que la agregación de valor transformando maíz y soja en carnes es un eslabón natural en el desarrollo agroindustrial. Ya existe en la carne vacuna y aviar, aunque con capacidad de crecimiento, y podría intensificarse en el caso de la carne porcina.La agregación de valor transformando maíz y soja en carnes es un eslabón natural en el desarrollo agroindustrial. Ya existe en la carne vacuna y aviar, aunque con capacidad de crecimiento, y podría intensificarse en el caso de la carne porcina

Dadas las condiciones competitivas de estas producciones, la pregunta inmediata es ¿por qué no se han desarrollado más sus exportaciones hasta el momento? y ¿Qué factores son los que facilitarían su desarrollo en el futuro inmediato?

Una primera respuesta es que el mercado de carnes para exportación enfrenta un mayor proteccionismo en el mundo y barreras sanitarias significativas. Por lo mismo, en el pasado se han negociado cuotas de importación de carne vacuna entre los principales países importadores y exportadores en el marco del GATT/OMC (Cuota GATT, cuota Hilton, cuota 481, cuota a los Estados Unidos, etc.) y, más recientemente, se mantuvo el formato de las cuotas en el Acuerdo Unión Europea- Mercosur. Entre los múltiples casos de barreras sanitarias, por ejemplo, recién en 2019 la Argentina logró recuperar el acceso a los Estados Unidos, luego de 20 años de exclusión.

Otro punto relevante es el de la formación del precio interno. En el caso argentino, la importancia del consumo interno de carnes hace que los precios dependan de la demanda local y, por lo tanto, no siempre se logra una cadena de abastecimiento de insumos para productos exportables a la industria frigorífica que sea consistente con las fluctuaciones de los precios internacionales. Estas no son las mejores condiciones para una industria frigorífica de exportación que debe asegurar estándares de calidad y sanidad desde el origen para poder ingresar en los mercados de mayor poder adquisitivo.

La importancia del consumo interno de carnes hace que los precios dependan de la demanda local y, por lo tanto, no siempre se logra una cadena de abastecimiento de insumos para productos exportables (NA)

La importancia del consumo interno de carnes hace que los precios dependan de la demanda local y, por lo tanto, no siempre se logra una cadena de abastecimiento de insumos para productos exportables (NA)

Sin embargo, en el escenario internacional actual, la irrupción de China y otros países de crecimiento rápido como demandantes de carne de calidad ha abierto una oportunidad interesante tanto para la Argentina como para Brasil, su socio principal en el Mercosur. Esta oportunidad se venía consolidando lentamente debido a que el aumento del ingreso per cápita en esos países fue acompañado, como se esperaba, por un aumento en el consumo de aceites vegetales y de carnes de todo tipo. Parte de ese aumento se trasladó a un aumento de la demanda en los mercados internacionales.

Más recientemente, la irrupción de la Peste Porcina Africana en China diezmó su stock porcino y obligó a completar el abastecimiento interno por vía de nuevas importaciones de todo tipo de carnes.

En el caso de la carne vacuna, las exportaciones de la Argentina sumaron más de 900.000 toneladas (equivalente carcaza) en 12 meses con un valor que supera los USD 3.000 millones. Ese desempeño, según los analistas, es el mejor de los últimos 60 años. Dos tercios de los envíos van hacia China, que representa el 67% del valor de las exportaciones de carne vacuna. Los otros clientes son Israel, los Estados Unidos, Rusia, Chile, Brasil y la Unión Europea.En el caso de la carne vacuna, las exportaciones de la Argentina sumaron más de 900.000 toneladas (equivalente carcaza) en 12 meses con un valor que supera los USD 3.000 millones

También en Brasil hay demanda sostenida desde China y buena actividad en su mercado interno. Para 2021, ya se pronostica un aumento del 4% de su producción.

La rama porcina

El caso de los porcinos merece atención especial, ya que no es un producto de exportación significativa desde la Argentina. Desde 2012 ha venido aumentando en el país el consumo per cápita de carne porcina y, también, su producción. Hoy el consumo por habitante es equiparable al de Brasil.

La estructura del sector se caracteriza por presentar gran heterogeneidad, tal es así que en la producción primaria poco más del 90% de los productores de cerdos son pequeños a medianos (desde menos de 10 madres hasta 250). Al considerar la industria procesadora de carne, se evidencia que alrededor del 65% de la faena se encuentra en manos de tan solo 10 principales firmas (82% en las primeras veinte). La producción argentina se concentra en más de un 87% en la región Pampeana.

Como consecuencia del escenario favorable que se viene dando en los últimos años, se observan inversiones tanto en la ampliación de criaderos intensivos como en las plantas elaboradoras por parte de las principales empresas integradas. Esta estrategia está siendo asumida también por firmas de menor dimensión relativa a escala regional.

Fuente: FIEL en base a Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca

Fuente: FIEL en base a Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca

Las exportaciones del sector también han ido en aumento recientemente Rusia y China son los principales clientes. Sin embargo, las condiciones sanitarias competitivas de la Argentina podrían ayudar a convertirla en un global trader de mayor peso internacional en este tipo de carne. Pese a su condición de exportador, una parte del consumo interno es provisto por importaciones, en particular, provenientes de Brasil. El mayor socio del MERCOSUR es el abastecedor del mercado local por un 5% del consumo.Las condiciones sanitarias competitivas de la Argentina podrían ayudar a convertirla en un <i>global trader </i>de mayor peso internacional en carne porcina

En el mercado mundial China, Unión Europea y EE.UU son los principales productores. China es el principal importador y consumidor mundial (31 kg/hab/año). La Unión Europea, EE.UU y Brasil son exportadores principales. Brasil es el cuarto productor y exportador mundial, exporta 34 veces más en volumen que la Argentina.

La importancia de China

La crisis de fiebre porcina africana en China afectó gravemente el stock y producción de ese país. Se estima una reducción del 50% de su industria. Esto llevó a un aumento súbito de las importaciones de todo tipo de carne desde ese país.

Se estima que su industria se irá reconstruyendo a partir de 2021. Este año China producirá 38 millones de toneladas (equivalente carcaza) y se estima que el próximo aumentará a 41, 5 millones. Y la recuperación del stock sería de 80% de la situación previa al impacto de la fiebre porcina.

Debido al interés de China por encontrar nuevos proveedores, se comenzó a hablar de inversiones de ese origen en el sector porcino. Los Estados Unidos eran un buen candidato para ese abastecimiento, pero la “guerra comercial” bilateral limita sus oportunidades.

Debido al interés de China por encontrar nuevos proveedores, se comenzó a hablar de inversiones de ese origen en el sector porcino (Getty)

Debido al interés de China por encontrar nuevos proveedores, se comenzó a hablar de inversiones de ese origen en el sector porcino (Getty)

Además, el propio sector privado local evaluó la oportunidad y se contactó con las autoridades chinas para avanzar en las condiciones de acceso. Más recientemente, la Cancillería llevó a China un proyecto de capitales mixtos (argentinos y chinos) para promover una inversión en el sector.

El acuerdo marco propuesto tendría condiciones sobre la localización de 25 plantas en las provincias de NEA y NOA, inversión en frigoríficos y aspectos de sanidad y ambientales. En contrapartida se aseguraría el abastecimiento a China. El monto de la inversión es incierto hasta el momento (se mencionaron USD 4.000 millones), pero la meta sería la de duplicar la producción.

A su vez, los productores de Santa Fe, Entre Ríos y Córdoba están trabajando para acordar un protocolo conjunto para facilitar las exportaciones porcinas. Ante la activación de las exportaciones porcinas, la Bolsa de Rosario presentó el Rosporc, el primer mercado de futuros para este sector en el país.Ante la activación de las exportaciones porcinas, la Bolsa de Rosario presentó el Rosporc, el primer mercado de futuros para este sector en el país

Una evaluación preliminar de las condiciones y posibilidades de desarrollar un mayor negocio exportador de carnes sugiere que todos los sectores cárnicos tienen ventajas por la demanda mundial creciente y la producción local de los insumos principales (maíz, soja).

En el caso de los porcinos, ese desarrollo significaría incorporar una cadena competitiva renovada y ampliada en su escala en comparación con la producción actual, orientada al mercado interno. Además, con escalas más elevadas se podría mejorar la sustentabilidad de los negocios con la incorporación de plantas de biogás, por ejemplo.

No obstante, los riesgos sanitarios de estos negocios ganaderos deben ser consistentemente atendidos y habrá que tener en cuenta que se requerirá mayor inversión de capital (ampliación de stocks y plantas frigoríficas nuevas). En un país de alta volatilidad, inversiones fijas se enfrentan a mayores riesgos de cambio de reglas tributarias e inestabilidad cambiaria, lo que dificulta su concreción.

Otro punto de atención para estas nuevas inversiones agroindustriales es la condición de exclusividad de abastecimiento de las plantas locales a empresas de países determinados (China, en el caso de los porcinos). El comercio al interior de las empresas vinculadas, que es usual en los sectores manufactureros del mundo, requiere la atención de los gobiernos en el control de los “precios de transferencia” del intracomercio.

La Argentina ya tiene regulación y ejercicio al respecto, pero la ampliación de los casos y su especificidad deberán ser atendidas apropiadamente.

La expansión de las exportaciones cárnicas desde la Argentina es, sin lugar a duda, una oportunidad para aprovechar. En ese desarrollo, el rol del Estado es el de gestionar accesos dentro de un comercio administrado y el de asegurar servicios sanitarios y regulaciones de sustentabilidad que creen un balance entre los negocios y las preocupaciones de la sociedad por el medioambiente. Todo ello sin afectar la competitividad sectorial. De alcanzarse, los resultados positivos de este ejercicio servirán como un valioso caso testigo de colaboración entre empresas y Estado para guiar la acción en muchos otros sectores.

Los autores son economistas de FIEL. Esta nota es un anticipo de la publicación Indicadores de Coyuntura N°623 que elabora la Fundación FIEL.

Fuente: Infobae

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