6 de septiembre de 2020 12:36 PM
Imprimir

En épocas de crisis, aparecen las oportunidades

El complejo cárnico nacional definió una agenda quinquenal que busca subir a US$ 3.000 millones el ingreso generado por las exportaciones de carnes: mejorando accesos a mercados, volúmenes y precios

Martín Olaverry

En un año inimaginable para el mundo, quedó demostrado que contar con una diversificada cartera de clientes y un reconocimiento sanitario, envidiado por muchos, no alcanza para pisar fuerte en los mercados globales. En la carne, el producto uruguayo sufrió dificultades de colocación, parte por una menor producción a raíz de la menor materia prima disponible, pero más aún por la pérdida de competitividad.

No es un tema nuevo. En los últimos años muchas voces coincidían en que el oxígeno de la exportación estaba cada vez más contaminado y atrás quedaban los tiempos en los que el país, por ejemplo, lideraba el ranking de proveedores de China, el principal comprador mundial.

Si bien Uruguay cuenta con etiquetas elogiadas en el mundo, como la trazabilidad animal, la rigurosidad sanitaria e inocuidad de los productos, que, por ejemplo, le posibilitaron ser el primer país libre de aftosa con vacunación en ingresar al mercado japonés; esas ventajas se han ido diluyendo: más aún cuando prima la necesidad alimentaria y económica.

La fiebre porcina africana, que implicó un millonario sacrificio de cerdos en el país asiático, favoreció a acelerar el consumo de carne bovina en China, que se venía incrementando todos los años a razón del crecimiento económico y el sensible aumento de la clase media y alta.

El problema sanitario fue una oportunidad para los productores de carne bovina y otras especies. En el caso de Uruguay, la posición exportadora se consolidó con volúmenes históricos, en beneficio de un número destacado de plantas frigoríficas habilitadas y un protocolo sanitario, respaldado de la confianza sanitaria, que permitía el ingreso de una amplia variedad de productos.

Sin embargo, la necesidad de carne de China derivó en fulgurantes habilitaciones de frigoríficos brasileños y argentinos, además de una revisión de los protocolos que facilitó igualar las condiciones uruguayas. Al mismo tiempo, estos países experimentaron vibraciones en su economía que terminaron en significativas devaluaciones de sus monedas frente al dólar americano: variables que redundaron en una pérdida de competitividad de Uruguay.

En los mercados para cortes de alto valor comercial, los competidores gozaron de acuerdos comerciales con reducciones arancelarias, una tendencia tobogán, para las exportaciones de carne. A tal punto que Uruguay es el único exportador que paga el arancel completo en Japón y Corea del Sur.

“No estamos en una situación confortable. Desde el punto de vista de los aranceles estamos en una situación compleja”, aseguró a Valor Agregado el presidente del Instituto Nacional de Carnes (INAC), Fernando Mattos, y agregó: “Hay que seguir perfeccionando y mejorando el desempeño de la sanidad, pero por el camino de los aranceles es donde vemos la mayor probabilidad de mejora en las condiciones de acceso”, afirmó.

Como mencionamos en anteriores publicaciones, la pandemia no resultó un problema para la demanda de carne vacuna, sino que acentuó la falta de competitividad del país. En lo que va del año China aumentó sus importaciones un 70%, con aumentos del 185% en las exportaciones de Brasil y del 70% en las de Argentina; mientras que Uruguay redujo sus envíos un 10%.

“La crisis trae progresos”, y es ahí que “nace la iniciativa, los descubrimientos y las grandes estrategias”, dijo Albert Eistein. En tal sentido, el complejo cárnico nacional definió una agenda quinquenal que busca subir a US$ 3.000 millones el ingreso generado por las exportaciones: objetivo que se lograría mejorando el acceso arancelario a los mercados, el acceso sanitario, conquistando nuevos nichos e incrementando el volumen de ganado a faenar cada año.

El Presidente del INAC consideró necesario encontrar mercados de calidad, que tengan una demanda constante y niveles de acceso que no signifique una barrera imposible porque eso va en desmedro del precio. “Preferimos calidad de mercados y no cantidad”, señaló.

La lupa está centrada en Asia, donde se asegura que la demanda de carne continuará en aumento; más precisamente en países como Filipinas, Vietnam, Malasia e Indonesia, cuatro destinos que en su conjunto hacen a una importación de US$ 1.000 millones anuales.

Para la Cámara de la Industria Frigorífica (CIF) en el continente asiático está el futuro de la demanda. Daniel Belerati comentó en Valor Agregado en Radio Carve que el nivel de consumo de carne bovina es bajo pero todos los años va en aumento. “Las posibilidades de incremento son brutales, en esos países consumen 5 a 7 kilos de carne vacuna por persona al año, solo con llegar a la media mundial de 16 kilos sería un salto espectacular”, subrayó.

Y en la línea de las mejoras comerciales, el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea genera expectativas de avanzar hacia ese camino. Pero la pandemia ha dado lugar para que las autoridades del viejo continente den señales de desaliento, apuntando al daño medioambiental de la producción en Sudamérica y defendiendo la agricultura europea en momentos de desafíos económicos, sanitarios y sociales.

Belerati, que participó en grupos negociadores, afirmó que “seguimos manteniendo el optimismo” para que el acuerdo sea ratificado, aunque consideró que “quizás no sea en este periodo, donde Uruguay preside el Mercosur”. Y agregó: “A la corta o a la larga, el acuerdo es muy bueno para las partes”.

Días atrás el presidente Luis Lacalle Pou conversó con su par alemán, Angela Merkel, quien señaló en Twitter que “el acuerdo avanza aunque no con la velocidad esperada”.

Publicidad