27 de septiembre de 2020 00:01 AM
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El agro también ve caer su PIB y exige políticas sin “sarasa”

El plan agroexportador del Consejo Agroindustrial Argentino es inviable con medidas como el "supercepo" al dólar.

El ministro de Economía de la Nación, Martín Guzmán, se anotó en el diccionario histórico de las frases desafortunadas de funcionarios argentinos: “Yo puedo empezar a sarasear”, le dijo al titular de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, antes de comenzar a presentar el Presupuesto 2021.

Si bien después aclaró que se refería a que podía empezar con la conferencia, pese a que la presentación en PowerPoint aún no estaba lista, no pudo escapar a ser relacionado con las siempre errantes políticas que van de una banquina a la otra y nunca logran encauzar el país hacia el sendero del crecimiento económico.

Algunas novedades sucedidas en las últimas semanas, que impactan en el agro, son un fiel reflejo.

El “impuesto a la riqueza” que impulsa Máximo Kirchner tendría a las empresas agropecuarias como unas de las principales contribuyentes: un productor con 200 hectáreas y un par de máquinas en la zona núcleo podría quedar obligado a sumar otro impuesto en la interminable lista de los que ya abona. Las entidades rurales advirtieron que el resultado será menos inversión y producción.

Por otro lado, la aspirina del Banco Central para salir del ahogo en que se encuentran las reservas fue incrementar la presión impositiva en el mercado formal de cambios, llevando el dólar “oficial” por encima de 130 pesos, y obligar a las empresas que tienen deudas en el exterior a refinanciar el 60 por ciento o a recurrir a conseguir dólares por otras vías para poder cubrir estos pasivos.

El resultado es una brecha cambiaria de casi el 150 por ciento respecto de la soja, que con las retenciones al 33 por ciento tiene un dólar que equivale a 53 pesos; y de más del 80 por ciento respecto del tipo de cambio que rige para las exportaciones de trigo, maíz, carne o leche en polvo.

De nuevo, desde el campo alertaron que esto impactará en una menor inversión tecnológica: el 60 por ciento del costo de producir una hectárea está dolarizado y los productores descuentan que los importadores actualizarán el precio de los insumos al nuevo tipo de cambio.

La ecuación es sencilla: menos inversión significa menos rendimientos de los cultivos; por ende, menos exportaciones y menos ingreso de dólares del sector que trae más del 70 por ciento de esos billetes.

Por su parte, las empresas agroexportadoras ya alertaron que la liquidación de divisas se retraerá. La mayoría prefinancia exportaciones con bancos extranjeros que cortaron todo tipo de crédito ante las medidas tomadas por el Gobierno nacional.

En resumen: para frenar la sangría de dólares, el Banco Central construyó un dique; pero, del otro lado, el sector que más divisas puede traer no encuentra incentivos para volver a llenarlo, sino más bien obstáculos.

En baja

En paralelo, la Bolsa de Cereales de Buenos Aires pronosticó una baja del 6,1 por ciento en la cosecha 2020/21, lo que se traduciría en una caída del producto bruto agrícola (PBA) de las seis cadenas más importantes (soja, maíz, trigo, girasol, cebada y sorgo) del 0,2 por ciento.

Aunque el agro sigue siendo uno de los pocos motores que intentan arrastrar a la economía hacia la senda del crecimiento, el economista de la entidad porteña, Agustín Tejeda, encendió una luz amarilla: será el segundo año consecutivo de variación negativa para el PBA, luego de cuatro ejercicios de aumento.

“Las políticas tienen un rol fundamental para salir de la tendencia negativa y volver a la curva de crecimiento”, dijo Tejeda. Pero mostró un indicador de que Argentina va a contramano del mundo: lo único que crecerá en 2021 será la recaudación de impuestos asociados al campo.

“Mientras todos los países ayudan más a sus productores, en Argentina aumenta la presión fiscal. Más allá de la sequía, la siembra podría haber sido superior de no existir las últimas medidas que se tomaron”, enfatizó.

Todo esto, luego de que funcionarios del Gobierno, incluyendo al presidente Alberto Fernández y a su vicepresidenta Cristina Fernández, le dieron su aval al proyecto del Consejo Agroindustrial Argentino para llevar las exportaciones de 65 mil millones de dólares a 100 mil millones.

Por ahora, un ejemplo de “sarasa”: apoyan un plan inviable si no toman medidas que alienten la producción y las exportaciones, y no precisamente lo contrario.

Fuente: AgroVoz

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