28 de septiembre de 2020 11:57 AM
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Dicen en el campo . . .

Cayó la cosecha y también se prevé que baje la próxima. Sigue la sequía y se agudizan, otra vez, los incendios. Con aumentos de costos, el campo arrancó la primavera y la última parte del año, con mucho desconcierto, y un ambiente político y financiero enrarecido para completar una inversión anual de alrededor de u$s15.000 millones. Son claves las próximas decisiones para que haya estabilidad en el frente financiero.

… que, tal como venía adelantando Ámbito, se confirmó la caída en el volumen de la última cosecha 19/20 que, a diferencia de anteriores, que se anunciaban hasta con conferencias de prensa, esta vez desde el sector oficial se dejó pasar “en silencio”; se mantienen, eso si, las diferencias de volumen con las estimaciones privadas que, incluso, hasta se agrandan. Así, el ficticio récord de 147 millones de toneladas de Mauricio Macri en la campaña 18/19 fue seguido ahora por los igualmente increíbles 141 millones de toneladas de la 19/20, según los desapercibidos datos de Agricultura, y nada menos que 13 millones de toneladas de diferencia respecto a lo calculado por la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, que ubicó la recolección en 128 millones, volumen más acorde con lo actuado por empresas y exportadores. De hecho, durante el lanzamiento “virtual” de la campaña gruesa (soja, maíz, girasol, etc.) la semana pasada en la centenaria entidad bursátil, no sólo se confirmaron las cifras sino que, además, se estimó que partir de la caída que ya vienen registrando los cultivos (a causa de la sequía), esta cosecha 20/21 volverá a reducirse hasta apenas 120,8 millones. El dato, malo para el Gobierno ya que prácticamente los únicos ingresos de divisas con los que va a contar son los provenientes de las exportaciones de la agroindustria, incluyen un inesperado recorte del trigo que, de las 21 millones de toneladas estimadas originalmente, ya cae a 17,5 millones, siempre y cuando, la seca no se agudice. La importancia del cereal de invierno radica en que son las ventas más tempranas, ya entre diciembre y enero. Otro pronóstico (malo) es la nueva caída que registraría la soja, a algo más de 46 millones de toneladas sobre sólo 17 millones de hectáreas, una de las cifras menores de los últimos años. Prácticamente la única excepción hasta ahora viene por el lado del sorgo, con aumento de área y volumen. Así, el único cambio posible se centra en el clima, y es allí donde el especialista Eduardo Sierra, aunque sin descartarlo, aseguró que “todavía estamos solo en un invierno seco”. “A partir de acá puede comenzar a normalizarse hacia noviembre, o convertirse definitivamente en un proceso Niña (seco) que generalmente dura cerca de un año”, lo que dejó alguna tenue esperanza entre los productores. Las lluvias más generales de noviembre, de todos modos, estarían llegando tarde para muchos cultivos, mientras que las precipitaciones de verano también tenderían a ser escasas, y “volvería la seca en febrero”, señaló.

… que, mientras alguno comentaba la caída “estrepitosa” del girasol en esta campaña (una de las mayores de los últimos años), otro grupo especulaba con la aprobación del trigo transgénico resistente a sequía que, aunque no está autorizado comercialmente, igual tiene sembrados varios miles de hectáreas en esta campaña. “Las objeciones no son técnicas. Lo que se les pidió (a la empresa) es que consigan alguna aceptación comercial para poder exportarlo si se aprueba, y todavía no lo hacen”, comentaba un conocedor que, además, agregó que es el mismo freno que tiene esta especie en todos los países donde se logró técnicamente. “Para colmo, tenemos a nuestros principales compradores, los brasileños, esperando que haya algún “escape” para objetarlo, y poder comprar más barato (sin aranceles) de otros orígenes”, señaló un tercero. Los principales comentarios, sin embargo, fueron comerciales y como zafara de las restricciones financieras, dado que los principales insumos ya están comprados (a cosecha o en canje), y también más de uno renovó vehículos, compró maquinaria, y hasta instalaciones como galpones, silos o tinglados. También comienza a inquietar la caída de la demanda interna de varios rubros básicos de alimentos, que se suma a las “bajas” que está registrando el personal de algunas empresas por el crecimiento de casos de covid en el interior del país, donde están radicadas. En el caso de la leche, el tema suma una inquietud más al estancamiento que trae el rubro hace más de una década y media. “La cadena cruje”, dijo el director de la OCLA, Jorge Giraudo, durante el 4º Outlook lechero de la semana pasada. La frase no fue casual ante la crisis de tamberos y de usinas que mantiene la producción muy por debajo de su récord de más de 11.000 millones, ahora “arañando” los 10.000 millones, pero con muchos menos establecimientos, y sin que termine de definirse si se va a trabajar para exportar (única posibilidad de crecimiento), o sólo para el mercado interno.

… que también el sector de los biocombustibles exige definiciones, en parte, por los cambios en las reglas de juego que dejan en capacidad ociosa varias de las inversiones más recientes, mientras se sigue importando combustible. En tal sentido, la experiencia santafesina, que transformó su parque de transporte público, directamente a combustibles bío, respaldo a los que defienden este uso o, al menos, un aumento en el “corte” con las naftas. Al respecto, un informe reciente de Movi Rosario sobre el programa de Uso sustentable de biocombustibles puntualiza que “las otras empresas que prestan servicio de transporte público en la ciudad de Rosario se encuentran utilizando biocombustible al 100% desde marzo del año 2019 aproximadamente. Esto representa un consumo anual de 20 millones de litros de biodiésel anuales que se traducen a valores de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero (-70%), CO2 (-36.877 Ton) y opacidad de los gases de escape (100% de unidades entre 0/1 escala Bacharach)”. Y esto sin mencionar el ahorro de divisas que implica la sustitución del combustible importado por el local. Argentina todavía se ubica en porcentajes de corte muy bajos respecto, por ejemplo a Brasil, donde ya se supera el 30%.

Por Susana Merlo

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