1 de octubre de 2020 11:35 AM
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Las exportaciones de carne vacuna resisten pese a la pandemia mundial

La industria frigorífica sufre la caída del consumo local, pero mantiene los envíos al exterior. Los casos de Coto, Gorina, La Anónima y Marfrig.

Entre la pandemia y la consiguiente recesión global, la industria frigorífica enfrenta desafíos, aunque las expectativas de las grandes empresas a mediano y largo plazo son más que positivas teniendo en cuenta que la carne vacuna argentina sigue siendo un producto que se elige alrededor del mundo.

La Argentina está por cumplir la cuota de 20.000 toneladas con Estados Unidos. Aunque no solo eso, sino que también se cree que se podrá mantener el mismo nivel de exportación que en 2019. Estas noticias llegan en un momento en el que los protocolos sanitarios y los consecuentes costos de producción extra son una realidad en todo el mundo y en todas las industrias. Sin embargo, a diferencia de otros países, en la Argentina no se registraron grandes focos de contagio en las plantas frigoríficas y, por tanto, no debieron frenar la producción, pero sí ralentizarla.

Estas condiciones dieron a las grandes empresas frigoríficas un pie para enfocarse en el futuro del mercado, sobre todo luego de que se estableciera nuevamente la cuota Hilton a la Unión Europea para el período comprendido entre julio pasado y junio próximo. En esta ocasión, la empresa más beneficiada por la adjudicación de toneladas de exportación de carne sin hueso fue La Anónima, de la familia Braun, que por primera vez alcanzó esta posición y obtuvo 2.400 sobre un total de 29.500. Mientras, Quickfood, la dueña de la marca Paty y propiedad de la brasileña Marfrig, obtuvo 2.013 toneladas. 

Pese a la volatilidad del mercado frente a la pandemia, que redujo los precios respecto de 2019, Gustavo Kahl, el CEO de Marfrig Argentina, destaca que la carne local tiene una gran oportunidad en el mundo. Lo mismo opina el dueño y CEO de Frigorífico Gorina, Carlos Riusech: “Hoy se comercializan entre países alrededor de 29 millones de toneladas, de las cuales 10 millones son carne bovina”. Riusech agrega que la gran oportunidad para los productos nacionales está en los mercados de siempre como China, Europa, Estados Unidos, Israel y Rusia, pero algunas condiciones como la fiebre porcina que atacó a China en 2019 son una posibilidad de crecimiento que la Argentina tiene que aprovechar.

Aunque como explican desde Gorina, “la demanda derivada de países asiáticos crece a un ritmo de entre el 3% y 4%”. Esto se debe a que la clase media se amplía en China y muchos de sus ciudadanos están deseosos de incorporar proteínas animales a su dieta.

“Los chinos estaban abalanzados arriba de la góndola donde estaban las carnes nuestras”, cuenta el gerente general de La Anónima, Nicolás Braun, al recordar con cierta emoción la anécdota de cómo establecieron hace poco una marca propia en China de la mano de RT-Mart, el tercer supermercado más grande en el país asiático que pertenece en un 40% al portal Alibaba.

El posible crecimiento de la industria no solo se debe a factores externos sino que también a que la Argentina “tiene ventajas competitivas en cuanto a los tipos de haciendas, la tecnología a mejorar y la posibilidad de generar divisas y empleo”, asegura Braun. El empresario cree que en los próximos cinco años se podrá duplicar la cantidad de dólares que origina la industria y, en consecuencia, crear unos 70.000 puestos de trabajo. 

Lo mismo prevén desde el frigorífico Coto, que este año recibió 1.173 toneladas en la cuota Hilton. “Cuando comience a funcionar el nuevo frigorífico con tecnología de vanguardia se espera poder exportar cuatro veces más de lo que hacemos hoy”, explicaron desde la empresa de Alfredo Coto, que exporta carne vacuna, porcina, avícola y cueros. Además hacen hincapié en el hecho de que la agroindustria “siempre va a prevalecer”, teniendo en cuenta que el campo produce la materia prima para la industria frigorífica. 

En el mercado interno, foco principal de La Anónima, que se complementa con las exportaciones, los comportamientos son diferentes. Con la llegada de la crisis de 2018 y la pandemia, el consumo de ciertos cortes disminuyó. “Lo que se ha perdido mucho es la juntada social. Entonces hay cortes como el asado que cuesta más venderlos, pero, por ejemplo, la carne picada se vende muy bien”, cuenta Braun. 

Como explica Riusech, el concepto de carne es más abarcativo, ya que hoy incluye el pollo y el cerdo. “Si uno solo mira carne vacuna, el consumo ha decrecido y se ubica en los 50 kilos por habitante”, asegura el CEO de Gorina quien explica que los excedentes de esa producción deberían ser destinados a la exportación. El modelo de negocios de su compañía es 65% mercado externo y 35% interno. 

Carne vegetal. Las formas de consumo están mutando a la par de los cambios sociales y culturales. Entonces es inevitable pensar en los movimientos veganos y vegetarianos y la posibilidad de que en el futuro se afiancen todavía más. Tal es así que Marfrig decidió rotar sus productos y lanzar la hamburguesa de verduras con sabor a carne Revolution. Aunque desde La Anónima y Gorina miran los movimientos desde lejos y no los consideran una amenaza para el negocio. “Creo que va ser una tendencia que se va a complementar”, opina Braun al referirse a que probablemente una porción de la población elija estos productos. Riusech asegura que las carnes alternativas son “algo que llegó para quedarse” y que es necesario encarar un debate alrededor de ellas, aunque en cuanto al daño al medio ambiente que provoca la ganadería vacuna asegura que no es una amenaza: “Quedó demostrado en la pandemia, cuando las vacas siguieron y lo que se detuvo fue otro tipo de producciones”.

por Camila Arostegui

Fuente: Perfil

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