3 de octubre de 2020 08:44 AM
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Tecnología 5-G: un salto disruptivo para la conectividad en el agro

Implica una profunda transformación porque es la plataforma tecnológica que va a permitir la Internet de las Cosas, el ecosistema que permitirá conectar todos los equipos que utiliza la agroindustria.

La conectividad es el núcleo del cambio tecnológico en la agricultura mundial; y ahora la producción agrícola se ha centrado en las redes móviles super rápidas de la tecnología 5-G.

El 5-G opera a una velocidad de más de 10 gigavatios por segundo (gvps), una diferencia exponencial respecto al actual 4-G que se desempeña con una celeridad de hasta 100 megavatios por segundo (mvps). Es un salto tecnológico profundamente transformador que modifica todas las fases de la actividad productiva, de evidente impacto disruptivo.

El 5-G implica un punto de inflexión en la producción agrícola global, que enfrenta el desafío de aumentar más de 70% la producción de agroalimentos para 2050 en relación a los niveles actuales, debido a que es preciso alimentar para entonces una población de más de 10.000 millones de personas, con un ingreso per cápita que se triplicaría en este periodo; y debe realizar todo esto sin que se produzca aumento alguno de la superficie sembrada.

El impacto de la 5-G en materia de empleo agrícola es extremadamente revelador sobre su efecto en el conjunto del sistema económico.

Estados Unidos tiene 2,1 millones de trabajadores agrícolas, con un promedio de 45 empleados por unidad productiva; y se espera que disminuyan a 1,78 millones de operarios en 2035 (27 trabajadores por unidad de producción). Esto surge de la extrapolación de la tendencia central de los últimos 70 años (1948/2017) en que se han reducido más de 70%.

La diferencia en la etapa 5-G no está en el nivel de empleo, que se reduciría menos de 20% en los próximos 15 años, sino en su composición, porque el nivel de calificación exigido crece verticalmente: los operarios de 2035 deben tener grado terciario o universitario, y capacidad para programar y supervisar procesos automatizados, además de una cultura empresaria surgida de las principales escuelas de negocios del país (Wharton, MTI, etc).

La clave de la cuarta revolución industrial, de la cual la 5-G es un componente central, no es la disminución del empleo, sino el salto cualitativo en el nivel de calificación requerido.

La razón es simple: el 70% de aumento de la producción agrícola que estima necesaria la FAO (Organización para la Alimentación y Desarrollo de Naciones Unidas) en 2050 es obra en su totalidad del cambio tecnológico y el despliegue incesante de innumerables innovaciones y modelos de negocios.

Lo que está en juego en relación al auge de la productividad agrícola en los próximos 30 años no es una opción entre otras, sino una exigencia ineludible de la necesidad, que es la auténtica maestra y guía del cambio histórico; y el núcleo de éste, en términos tecnológicos, es la conectividad, el 5-G en espera del 6-G que ya está en pleno desarrollo.

El Foro de Davos estima que el mercado mundial del 5-G asciende a U$S 31.000 millones en 2020; y que al ritmo actual alcanzaría una dimensión de U$S 11 billones en 2026. Esto es lo que convierte al 5-G en la fuerza más disruptiva de la historia del capitalismo.

El eje del 5–G en el mundo está hoy en China, a través de Huawei, que es titular de más de 40% del negocio mundial de esta tecnología, y que dispone en su sede de Shenzen, de un fondo liquido de más de U$S 100.000 millones destinado en más de 40% a la investigación y desarrollo científico y tecnológico (R&D).

Lo que se ha puesto en marcha es un complejo productivo –un ecosistema- que abarca la virtualización de la totalidad de la producción, procesada a través de la “nube” o “cloud computing”; y esto exige especializar servicios y señales en nichos específicos, lo que acarrea la ruptura sistemática de las grandes corporaciones verticalmente integradas. De ahí la sofisticación creciente de la fuerza de trabajo, cuyo número y calificación constituyen la principal restricción productiva.

Esto significa el abandono definitivo de la “ruralidad” en la producción agrícola, con la consiguiente desaparición de la categoría “renta agraria” / rendimiento de la tierra.

El 5-G es la contrapartida necesaria del “Internet de las Cosas” (IoT), que es la vinculación de todas las cosas (convertidas en sensores inteligentes) con el resto de los objetos del sistema mundial; y en el camino con todos y cada uno de los individuos de la población del planeta. Este es un proceso histórico en pleno desarrollo, no una utopía futurística propia de la ciencia ficción.

El agro argentino, el más avanzado del mundo junto con Estados Unidos, es una parte relevante y necesaria de esta tendencia central de la época.

Fuente: Clarin

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