4 de octubre de 2020 11:50 AM
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La ganadería tiene su mercado climático

La sequía comienza a generar interrogantes sobre cómo se comportará la oferta de hacienda bovina en los próximos meses.

El escenario muestra firme al valor del novillo y la vaca y flojo el de la hacienda liviana de consumo. Hay un aumento estacional de las compras de China y recuperación del precio del rump and loin Hilton. A moneda constante, todas las categorías -salvo la vaca gorda- superan hoy los valores de doce meses atrás. 

El consumo interno participa del 72 por ciento de la demanda y la exportación del 28 por ciento restante. No menos de un tercio del stock ganadero, ubicado en zonas donde todavía no ha llovido, exhibe con un fuerte retroceso del estado corporal de los animales y hasta con una mortandad incipiente.

Otro tercio del stock está donde ha llovido, pero aún no se revierte el déficit hídrico acumulado. Y el resto del rodeo está fuera del problema de la seca.

Un precio para la invernada que ha moderado sus picos máximos, pero que no cede. Fuertes pérdidas para el feedlot, del orden de los 5000 a los 8000 pesos por animal liviano engordado. Los corrales se están vaciando de modo más rápido y anticipado que otros años para esta misma época. A causa de la seca también hay un retraso en las recrías. 

La situación es inédita en muchas zonas; no hay forraje en los campos y la suplementación con grano, con el precio del maíz que ha subido 30 por ciento en tres meses, se ha vuelto prohibitiva. 

Si lloviera en forma generalizada es probable que se registrara una mini-retención estacional de primavera. Esto es porque los precios de la hacienda todavía son razonablemente buenos, que el productor no quiere pesos y que la reposición está muy cara.

Si no llueve, o si lo hace de modo insuficiente, aumentaría la oferta de vacas y de hacienda sin terminar y más adelante se podría producir un bache de oferta. Todas consecuencias de un mercado climático.

Más vacas

De acuerdo con datos de Senasa, en 36 partidos de la Cuenca del Salado y de la Depresión de Laprida, el stock de vacas pasó de 3,7 millones en 1994, a 4,3 millones de vacas a fines del 2019.

En 2008, el stock de vientres había alcanzado a los 4,25 millones, para caer fuertemente en los tres años siguientes y luego comenzar una recuperación que dura hasta el día de hoy.

La relación ternero/vaca, que en 1994 era del 74,7 por ciento, llegó a fines del año 2019 al 80,6 por ciento, aunque este índice puede estar sobrestimado, por la importante cantidad de terneros que hay en los feedlots ubicados en esos mismos partidos. 

El aumento en el número de vacas –de 3,7 millones a 4,3 millones en 25 años– se ha dado pese al aumento de la superficie agrícola, que si bien no ocupa un área importante se ha duplicado durante ese período.

Además, y esto es lo más significativo, en estos 36 partidos “criadores” se ha extendido la recría: entre 1994 y 2019, el número de vaquillonas pasó de 883 mil a 1,28 millones de cabezas, y el de novillitos pasó de 358 mil a 615 mil animales. 

Razones

Este aumento notable en la carga animal –aun teniendo en cuenta el “efecto feedlot”– se ha dado por una mejora en el manejo y en la alimentación. Hubo un porcentaje muy importante del área agrícola dedicado a la “agricultura para la ganadería”, sea grano o silaje de maíz, de sorgo o de pasturas. En este período, se observa también una mejora notable en la calidad genética de los rodeos.

Fuente: AgroVoz

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