4 de octubre de 2020 00:02 AM
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Argentina, la “fábrica” de cerdos para China

Una estudiante de Agronomía de la Universidad Nacional de Villa María analiza las fortalezas y debilidades del proyecto de construir megagranjas porcinas para exportar a China. Se plantea si es viable y sustentable ese tipo de producción

Nuestro país se encuentra debatiendo si se abrirán megagranjas para la producción intensiva de cerdos con el propósito de alimentar la población del país asiático, que está pasando por una mala racha debido a las enfermedades que proliferan a causa del hacinamiento animal. Esta situación está obligando a los chinos a sacrificar a sus animales y a tener a su población confinada por el temor de un nuevo brote viral con potencial de pandemia, como lo fue el COVID-19.

Ante esta situación, el gigante asiático se presenta como uno de los principales demandantes de alimentos y, particularmente, de proteínas animales. Una de las ideas que se debate en Argentina es la de erigir “megagranjas”.

¿Qué son megagranjas?

Nos meteremos en el contexto de una granja porcina: megagalpones donde se disponen jaulas que, a juzgar por los parámetros necesarios para el bienestar animal, son de tamaño pequeño. Están una al lado de la otra, donde se encuentran cerdos  que pasan allí un par de meses hasta alcanzar su pesaje ideal para faena, primero junto a sus madres y luego separados de ellas, en otros galpones.

El agronegocio porcino hace que los cerdos soporten estas condiciones, engorden, se reproduzcan y así cumplir con kilos de carne para que se alimenten al otro lado del mundo.

Argentina, un país con desigualdad social

La pregunta es, aquí en nuestro país, ¿todos los habitantes tenemos seguridad alimentaria?, ¿existen niños con desnutrición?, ¿las comunidades aborígenes tienen acceso a alimentos y agua de calidad?, ¿todos tienen los mismos derechos de alimentación, o solo quien tiene el poder adquisitivo puede nutrirse correctamente?, ¿los alimentos que producimos como país contribuyen a nuestra soberanía alimentaria, o solo enriquecen a las grandes empresas de capital extranjero?

Todos estos planteos nos llevan a datos oficiales de Unicef Argentina, que establece que la pobreza infantil se ubicaría para fines de este año en el 62,9%, un 10% más con respecto al mismo período del año 2019, este dato está estrechamente ligado a la inseguridad alimentaria que llegó al 10% en lo que va de este año y se debe a la falta de agua potable y alimentación insuficiente.

En un país donde se producen alimentos para abastecer dos veces a su población, ¿es posible que los niños y adolescentes pasen hambre? Lógicamente hay algo que no estamos haciendo bien.

Tierra de nadie

Otro punto a debatir es el territorio donde se van a instalar las megagranjas, que, si bien en el mapa se consideran lugares donde no existe otra actividad productiva (no se tienen en cuenta pequeños productores familiares), allí existen pequeños poblados, donde hay escuelas, ríos. En definitiva, comunidades enteras que se ven afectadas por la contaminación de los cursos de agua, la acumulación de desechos de origen animal, las cuales no tienen un destino definido ni un plan de tratamiento para que no produzcan contaminación, olores nauseabundos que pueden ocasionar dolores de cabeza, vómitos, ansiedad, estrés crónico, no solo a los trabajadores de las granjas, sino también a cualquiera que esté en permanente contacto con estos olores (Jimena Ricatti – Neurocientífica e investigadora).

Producción… ¿sustentable?

El hacinamiento puede ocasionar brotes de enfermedades virales que se alojan en los animales, pero luego pueden mutar y transformarse en zoonóticas, infectando también a humanos.

La cantidad de recursos que se utilizan para generar un kilo de carne hacen que la producción no sea sustentable, es decir se necesitan muchos más recursos (agua y alimentos), que los kilos de carne que se producen; los alimentos, es decir los granos para alimentar a los cerdos, también provienen de nuestros suelos, por lo tanto, con cada kilo de carne de cerdo también estamos exportando nuestros nutrientes, nuestra agua, nuestro suelo.

Haciendo un análisis de fortalezas y debilidades, aunque los economistas intenten persuadirnos de las ganancias monetarias que nuestro país obtendría de este proyecto, deberíamos primero analizar el costo ambiental y social y decidir si queremos que nuestra biodiversidad, nuestros paisajes, cursos de agua y regiones forestales sufran deterioros que impactarán directamente sobre nuestra calidad de vida y nuestra salud. Seguramente existen formas de producción sustentables, que incluyan al medioambiente en sus cálculos y también a la salud de las personas.

BOLSA DE CEREALES de Córdoba – Granos: relación precios-insumos

La Bolsa de Cereales de Córdoba analizó la evolución de precios de maíz y soja, que son las que más aumentaron sus valores en el último año y también del trigo.

Además, comparó el precio actual de los granos con el costo de los insumos. Al respecto, indicaron que en esa comparación “el maíz fue el más beneficiado, con una mejora en el poder de compra promedio del 20%. Todos los insumos se abarataron en relación al cereal si se comparan los precios respecto a septiembre de 2019, logrando que se requiera menos maíz para su adquisición”, explicaron.

Para el caso de la soja ocurre algo similar, siendo el fosfato monoamónico y el gasoil los insumos que más se abarataron con respecto al valor de la oleaginosa, llegando a caer 18,3% y 15%, respectivamente. Por otro lado, tanto las semillas como el glifosato requirieron un 12,3% menos de grano para su adquisición.

“Las caídas en la relación insumo-producto obedecen en gran parte al aumento en los precios de los granos, que para la soja pasó de USD237 en septiembre de 2019 a USD270 para el mismo mes de este año, y de USD127 a USD159 en el caso del maíz”, agregaron.

El trigo no corrió la misma suerte, dado que presentó una caída del 3,9% del poder de compra.

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