5 de octubre de 2020 01:36 AM
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Vacas sanas y felices producen más

En Colonia San José, una sociedad de dos mujeres apuesta a optimizar la eficiencia reproductiva mediante un manejo holístico que privilegia el bienestar animal y el compromiso cotidiano con el rodeo.

Hay una vieja frase en la veterinaria que dice que un animal que goza de buena salud está contento, alerta y produce eficientemente. Según el Méd. Vet. Emiliano Kreczmann, para poder obtener éxito a cualquier nivel se debe atender el concepto de salud productiva.

Minutos antes de ponerse el guante para arrancar con los tactos en la manga, conversó con Campolitoral acerca de los alcances de esta filosofía productiva. “Los pilares de todo emprendimiento ganadero son: genética, nutrición, sanidad y manejo. Son la estructura de una cadena, y si fallamos en alguno, la cadena se corta y tenemos pérdidas productivas”.

Kreczmann cuestiona que a veces se invierte mucho en genética, pero después no se sabe cómo acompañarla. “Estamos esperando resultados que no podemos lograr. En Argentina y en cualquier sistema productivo es el porcentaje de destete, que en nuestro caso es muy bajo. La meta es lograr un ternero por vaca por año, pero estamos lejísimos de ese 100 %, apenas andamos por el 57”, dispara.

Según el veterinario, para acercarse a esa cifra se debe encarar el esquema productivo a nivel de sistema. Adecuados planes sanitarios, vacunas reproductivas previos al servicio, adecuada suplementación (de minerales inyectables). “En esta zona hay carencias de cobre, por lo que si no lo hacemos de manera estratégica, empezamos a tener pérdidas productivas, y eso sólo por un pedazo mínimo de la nutrición. Hay que aprovechar las tecnologías que no son costosas y hacerlo de forma estratégica”. Según analiza, las ganancias son inmediatas. “Con ese tipo de estrategia, gano en la parte productiva y reproductiva. En un rodeo de cría previo al servicio no podemos olvidarnos de preparar los toros”.

Porque a veces vienen con buena condición corporal pero cuando salen a campo a veces no alcanza. “Un buen plan sanitario previo al servicio y en el último tercio de gestación para que ese ternero tenga las reservas necesarias y después tengamos ganancia de peso. Se logran hasta 13 kilos en terneros tratados complementaciones minerales”, asegura.

En el cepo y en la manga. Ellas hacen todo el trabajo, apuntando a mejorar la calidad del rodeo con inseminación de toros Hereford.

Estrategia y manejo

Para el veterinario, estos son suplementos, pero uno debe tener aceitado el manejo general. “En los potreros, en las pasturas de cada uno (eso dependerá de la época del año y este fue un año muy seco, que lo va a complicar en primavera verano). Implantar pasturas, rollos, son alternativas estratégicas”.

Pero reconoce que en este campo no hay muchos problemas, “porque las chicas le meten mucha pasión y están encima de los animales. En este establecimiento en particular las productoras se encargan que haya una suplementación correcta, dietas balanceadas, suplementación con rollos y pasturas implantadas”.

Finalmente, reconoce que la mitad de un ternero está en el toro y la otra en el útero de la vaca, pero para que haya un nacimiento se necesitan muchos nutrientes, por eso el éxito reproductivo nace en el tema nutricional. “Si no hacemos suplementación estratégica empezamos a tener pérdidas subclínicas, que el productor ni el veterinario no lo ven, y empiezan a pegar en menor respuesta inmune a las vacunas que damos, menor respuesta reproductiva menor crecimiento y desarrollo”.

De memoria

Laura Buttini llegó “de rebote” al campo. “La primera vez que vi una vaca tenía 24 años. Para mí esto era un mundo desconocido, pero es apasionante”, reconoce. Y agrega que están en el eslabón menos rentable (la cría), pero “cuando empiezan las pariciones es apasionante, porque te da muchas satisfacciones: ayudar a una vaca a parir es una sensación muy reconfortante”.

Laura cuenta que en 2016 se vinieron a Colonia San José desde un establecimiento en “Las Cañas” bien distinto al actual. “Era un manejo diferente, con animales de monte y alimento básico. Cuando nos trasladamos acá la cuestión fue distinta. El manejo es otra historia, tuvimos que empezar a trabajar las pasturas, comprar rollos, y es algo totalmente diferente”.

Arrancaron con 120 madres y este año redujeron a 90 por los costos, con un porcentaje de recría apuntando a Braford y Brangus, pero sobre todo al Hereford. El secreto: estar todo el día con ellas, al punto de ponerles un nombre. Mientras hacemos la nota, “Pirata”, “Gisela”, “Carol”, “Bombón” o “Luisa”, van desfilando mansamente por la manga. “Lilita”, “Cristina” y “Camaño” se quedaron un poco más atrás. Sus nombres hablan de un carácter distinto.

“Trabajamos con los animales a pie y con una moto; con banderas; no usamos picanas; le damos mucha importancia al tema del bienestar animal. Lleva más trabajo, pero los resultados en el manejo cotidiano son grandes”, reconoce. Y explica que arrancaron destetando con 140 kilos (casi a pérdida), pero que fueron mejorando, con la idea de llegar a 200. “Estamos haciendo ajustes, inseminando una parte del rodeo, queremos ganar en calidad con un plantel más pequeño, no tener más terneros, sino mejores terneros”.

Por último, admite que no es un campo fácil. “Cuando llegamos en 2016 el campo estaba inundado. Luego vino la peor sequía de los últimos 72 años. En diciembre cayeron 300 mm y perdimos las pasturas, y se hace difícil planificar. A veces tenés que salir a suplementar con lo que hay a mano”, explica, en referencia a una Colonia que históricamente recibe los caudales excedentes de Franck.

Un cable a tierra, un compromiso

“Vivimos a 28 km del campo, pero venimos todos los días”, cuenta Eugenia Duarte. Agrega que ya tenían experiencia en campos de cañada y monte. De allí que la idea desde el inicio del emprendimiento es mejorar la genética. Ir pasando de razas muy asebusadas y rústicas, para implantar una genética más británica que permita ir mejorando así la calidad del rodeo. “Empezamos con un campo que hacía mucho no se trabajaba. Iniciamos con pasturas implantadas y pastoreo racional (por los beneficios al suelo y a los animales). Buscamos el bienestar animal, nos gusta tratarlos bien, porque son seres vivos. El bienestar animal trae el bienestar para la producción”, asegura con convencimiento.

Por eso, estos años trataron de mejorar la genética con toros y con inseminación, buscando generar mejores vientres. Igualmente, esa rusticidad les permitió no tener problemas de patas, o de ojos. “Tratamos de integrar las virtudes de ambas razas”, reconoce.

En sintonía con Laura, explica que quieren menos vientres pero terneros más pesados, y eso se los puede aportar la genética Hereford, por la facilidad de parto propia de la raza. Apuntan a un destete a los 6 meses con 180 a 200 kilos.

“Ellas no son un número, ni hay día que no venga a campo y los vea todos los días, los animales te reconocen. Como me pasó hace un mes, la vaca no podía parir, estaba muy cansada y no reconocía al ternero y lo tuvimos que atender por dos días hasta que la madre se pudo hacer cargo de la cría. Para mí no es un esfuerzo, me enamoré de la actividad. Es lo que me gusta, los animales y estar en el campo, se siente una paz que no se paga con nada, pero es una responsabilidad porque no hay feriados, días de lluvia, o una vaquillona que se enrolló el cuello con un alambrado, y si no estaba se moría”.

Finalmente, Eugenia lamenta las dificultades de la macro. “El costo de todos los insumos y los alimentos. “Tenés que planificar muy bien la comida de todo el año, porque si te salió mal te quedás sin alimento. Y los costos son muy elevados. Podés perder un año de ganancia”.

Y reconoce que tranqueras adentro, la clave es estar. “En épocas de parición tenés que estar muy encima de los animales, asegurarte que tengan buena sombra. Hace 4 años que tratamos de sembrar árboles (más de 50) pero las hormigas, el agua, las cotorras no los dejan crecer. Cuidarlas del calor, darles agua, estar. Estamos atentas a ellas. Siempre”.

Fuente: El Litoral

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