24 de octubre de 2020 00:39 AM
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Las abejas y la inmunida

s posible que la salud de la biosfera se encuentre en las patas y las alas de las abejas

La historia de la apicultura se remonta a 8.000 a. C, cuando agricultores primitivos recolectaban la miel producida por enjambres naturales en árboles y otros vegetales, como puede observarse en imágenes grabadas en piedra en distintas cuevas-viviendas neolíticas. Paulatinamente, en antiguas civilizaciones mediterráneas orientales fueron apareciendo técnicas artesanales de cultivo en colmenas seminaturales: los sumerios conocían bien las abejas productoras de miel y las representaban en sus escrituras pictográficas sobre tablillas de arcilla hace seis mil años; en tumbas del Egipto faraónico de 3.000 a. C. se han hallado escenas grabadas y bajorrelieves de ritos funerarios y ofrendas a los dioses con procesos apícolas. Los fenicios, griegos, romanos y árabes serían responsables de su expansión por el mundo occidental; así, Lucio Columela, nacido en Gades, escribió De re rustica en 42 d. C, uno de los primeros tratados agronómicos en el cual aparecen normas para el cuidado y la cura de las abejas. Andalucía es la primera región en el censo español actual de colmenas, las cuales se instalan en numerosos lugares, siendo la provincia de Sevilla una de las mayores productoras nacionales de miel.

“Cuando el dios Sol lloraba, sus lágrimas al tocar el suelo en abejas se transformaban ” (Leyenda egipcia).

Las abejas del género Apis elaboran miel, jalea real, cera, propóleos -defensa de la comunidad- y acumulan polen. El propóleo lo fabrican a partir de exudaciones de origen vegetal, como yemas, cortezas, ramas o frutos jóvenes, mezcladas con polen y enzimas que las modifican químicamente; el resultado es una sustancia resinosa que utilizan para tapizar y desinfectar las celdillas de la colmena, impidiendo la presencia de bacterias, virus, hongos y otros parásitos. Considerado como un alimento funcional por el ser humano, aporta beneficios medicinales al presentar poderosas propiedades farmacológicas, testadas en investigaciones científicas: antioxidantes, antibióticas, antitumorales, cicatrizantes, antiinflamatorias… Todo ello redunda en una capacidad de refuerzo orgánico inmunitario para la prevención de enfermedades y la lucha contra múltiples tipos de infecciones.

Es posible que la salud y la supervivencia de la biosfera se encuentren en las patas y las alas de bellos insectos que sobrevuelan y se posan sobre plantas para recolectar néctar, polen fecundador y productos resinosos para elaborar propóleos; y que nos muestran día a día su lucha, su solidaridad social y su fidelidad a la naturaleza. En su preservación ante las amenazas naturales y aquellas provocadas por el hombre se encuentra marcado el destino de la Humanidad.

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