25 de octubre de 2020 11:37 AM
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Uruguay : Rebote, recuperación y después

La economía muestra síntomas de que el rebote de la actividad -posterior a la caída que causó la irrupción del Coronavirus- está llegando a su fin. En adelante, el camino de la recuperación será más lento y difícil. El agro suma

¿Rebote o recuperación? Ambos están conviviendo por estos meses en los que la economía uruguaya busca retomar mayores niveles de actividad. En buena medida, el rebote era esperable; por un lado, el freno en ciertas actividades fue transitorio y se reiniciaron las tareas pocas semanas después de confirmados los primeros casos de Coronavirus, una vez que se establecieron los correspondientes protocolos. Así fue el caso de la construcción, parte del comercio y el transporte. Otros sectores -caso del agro y algunos sectores industriales- no pararon nunca. 

Por otra parte, ciertamente hubo sectores que debieron suspender la actividad por plazo más largo y hasta el día de hoy la tienen truncada en un cierto porcentaje. Notoriamente es el caso de la gastronomía y parte del comercio. Esto hizo que el consumo se frenara y -en parte- se postergara. Así, varias personas y familias acumularon cierto ahorro, que en parte decidieron gastar en estos últimos meses; es lo que ha sucedido -por ejemplo- en el comercio de electrodomésticos, las ventas de automóviles y las ventas en los shoppings. Más que una recuperación continua y consistente, se alternan meses buenos y otros más flojos.

En este contexto de rebote y parcial recuperación, una de las variables clave es el empleo.

Este también rebotó luego de caer a mínimos en marzo-abril, pero ya en julio-agosto mostró cierto estancamiento, posible reflejo de que la recuperación no es completa y será más lenta de ahora en adelante.

Situaciones diversas y divergentes. La economía es una sola pero la realidad de los distintos sectores es muy variada y hay diferencias importantes entre ellos. El agro está en un momento positivo, especialmente por el aumento en el precio internacional de los granos que se está trasladando automáticamente al mercado local. La fuerte y sostenida demanda de China, agregada a la de otros países que han decidido aumentar stocks ante la incertidumbre que genera la pandemia, y sumado a problemas climáticos en varias zonas productoras importantes del mundo, han configurado un escenario alcista de precios muy bienvenido para los agricultores uruguayos que vienen de varios años de tropiezos y márgenes estrechos o en rojo. Las últimas lluvias permiten confirmar que estamos a las puertas de una muy buena cosecha de invierno (trigo, cebada, colza), y arrancando una auspiciosa zafra de verano. 

En la ganadería los precios al productor por el ganado gordo han cedido, pero la actividad de faena aumenta, hay una intensa comercialización de ganado para el campo y reproductores, y todo indica que la cadena cárnica está ingresando en una etapa de crecimiento en su producción, a la que bien le vendría más mercados. La producción de leche también sigue en aumento. Por todo esto el agro se muestra como un sector que aportará al crecimiento de la economía.

A nivel industrial las cosas parecen más complicadas, puesto que los costos internos siguen pesando mucho y permanecen arriba de lo que se registra en la región; esto erosiona la capacidad de competir y vender en el mercado interno y externo. Los problemas de competencia se dan en especial con Argentina y Brasil, pues con el resto del mundo hemos mejorado los precios relativos. Pero con ellos (Europa, EEUU) hemos perdido preferencias arancelarias y no tenemos acuerdos comerciales, lo que impone una fuerte limitación. Por eso China se vuelve clave y predominante.

En cuanto a costos internos, uno de los renglones que más complica es el costo energético, tanto en energía eléctrica como en combustibles, y su efecto en los costos logísticos. Lo que sucede con la energía reviste una paradoja: las inversiones millonarias que se desplegaron en el ámbito de las empresas estatales a principios de la década de 2010 (administración Mujica) hoy son más un lastre que una ayuda. Lo de ANCAP ya es conocido: se gastaron millones de dólares, pero de poco sirvieron para bajar el costo de los combustibles a los productores, transportistas y consumidores en general; se construyó una nueva desulfurizadora, que se usa poco; se apostó a los biocombustibles, pero han encarecido el litro final en surtidor, etc.. No todo fue malogrado, pero las pérdidas debieron ser cubiertas a través de una millonaria capitalización del Estado, que se pagó con un período largo de tarifas altas. Ahora ANCAP está en la tarea de reducir costos, pero no son logros inmediatos.

En el caso de la energía eléctrica el despliegue de inversiones en energía renovable -en especial a través de parques eólicos- se hizo a partir de contratos que comprometen un precio fijo por un plazo largo, el cual -con el diario del lunes- resultó especialmente alto. Así, hoy tenemos compromisos de costos que impiden bajar la tarifa eléctrica con mayor agresividad. La historia arrancó bien: inversión, suba del PBI, sostenibilidad; pero terminó mal: sobre costos, pérdida de competitividad, freno a la actividad y al PBI. 

En los servicios se dan situaciones casi opuestas. El turismo está en crisis por la pandemia: la hotelería -que ya venía escorada por sobre oferta, en especial en Montevideo- va reduciendo el número de empresas y se concretan ventas de hoteles para otros destinos, o directamente cierran. En el extremo opuesto, el sector de las tecnologías de la información -pujante antes de la pandemia- aprieta el acelerador por la mayor demanda de servicios online, causada por la “nueva normalidad”. Aquí la limitante no son los costos sino la falta de gente formada y capaz de cubrir la permanente y creciente demanda por servicios de información, tecnología y computación (software y hardware).

Es una dura lección de cómo Uruguay no aprovechó bien el ciclo de auge 2006-2014: lo que en su momento invertimos mal en el ámbito de las empresas estatales podríamos haberlo hecho en el sistema educativo y las nuevas generaciones, para abrir más oportunidades y sumar talento que se agregue al crecimiento de estas nuevas empresas tecnológicas. Más fácil decirlo con el diario del lunes, que hacerlo en el momento adecuado… 

Pero más vale tarde que nunca: hay oportunidades que se abren a pesar de estos tiempos de pandemia. La demanda por alimentos no afloja y Uruguay tiene un potencial que aún está lejos de alcanzar. La producción forestal también suma, tanto en la producción como en las nuevas obras vinculadas al proyecto de UPM, a pesar de los contratiempos del ferrocarril. Los próximos no serán meses sencillos, pero hay un futuro a conquistar.

Por Nicolás Lussich, ingeniero agrónomo MBA

Fuente: El Pais

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