7 de noviembre de 2020 09:57 AM
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La productividad del agro en EE.UU. depende de la inversión científica y tecnológica

La caída en la tasa de inversión, luego de la crisis financiera de 2008/9, explica el descenso en el ritmo de productividad agrícola durante los últimos diez años.

El auge de la productividad en la agricultura norteamericana ha sido el factor crucial que ha incrementado su producción en los últimos 100 años. El producto agrícola era 15,5% del PBI en 1900 y requería el esfuerzo de 5,7 millones de “farmers” y de 37,9% de la fuerza de trabajo; y alimentaba una población de 76 millones de consumidores (relación “farmers” / consumidor, 13,1).

La agricultura en 2017 era sólo 0,9% del PBI y su fuerza de trabajo alcanzaba 1,1% del total. Mientras tanto, los consumidores habían aumentado a 325 millones, y el número de “farmers” se contrajo en ese período a menos de 2 millones, con una relación “farmers” / consumidor 10 veces superior, según afirma la Reserva Federal de Kansas.

El producto agrícola creció cuatro veces entre 1910 y 2007; lo decisivo fue que se modificó drásticamente la composición de los insumos: más de 60% de ellos fueron adquiridos en el mercado (semilla, energía, fertilizantes, etc), en tanto la fuerza de trabajo disminuyó más de 80%.

Por eso, la productividad de todos los factores (PTF), el capital, el trabajo y la innovación, que indica lo que el producto crece en relación a los insumos utilizados, aumentó 3,5 veces en este periodo, lo que implica un alza de 1,42% anual durante más de 100 años.

El factor fundamental fue la oleada de innovaciones que experimentó a través del ahorro de la fuerza de trabajo y de la utilización de tierra labrada. A su vez, la razón esencial de este incremento excepcional de la PTF ha sido el aumento sostenido de la inversión pública y privada en investigación y desarrollo (R&D) científica y tecnológica.

Los cambios ocurridos en la agricultura norteamericana en estos 100 años son inseparables de las transformaciones experimentadas por la economía nacional, especialmente a partir de las décadas del 30’ y el 40’, en las que se despliega plenamente la Segunda Revolución Industrial arrastrada por el vertiginoso desarrollo de la industria automotriz, el motor de combustión interno y el petróleo como insumo esencial; y todo esto sucede en una actividad hondamente capital – intensiva.

Esto implicó para la producción agrícola una transformación de raíz en su estructura productiva: aumento de la dimensión de las unidades, especialización en gran escala, utilización estratégica de los recursos, y papel creciente – cualitativamente superior- de la fuerza de trabajo extra-agro, en la medida que la producción se “desruralizaba”.

El auge de la productividad en el largo plazo está directamente vinculada –en una relación de causa a efecto- al nivel de gasto en investigación y desarrollo (R&D).

El resultado fue que entre 1910 y 1950, la PTF creció por debajo del promedio de largo plazo (0,83% anual versus 1,42%). Pero luego, entre 1950 y 1990, aumentó casi 1 punto más por encima de la tendencia (2,12% anual versus 1,42%), mientras que en el periodo 1990 / 2007 el alza ascendió a sólo 1,16% por año.

La correlación entre estos indicadores en nivel de inversión en R&D es la siguiente: EE.UU. representaba 20% del gasto mundial en R&D en 1960; y ese porcentaje era sólo 8,9% en 2015, en tanto en ese último año la República Popular alcanzaba a 14,5% del total mundial, en términos de capacidad de compra doméstica (PPP).

La caída en la tasa de inversión en R&D es la clave de la disminución de la productividad agrícola en Estados Unidos; y esto sucede tanto en la inversión pública como privada.

La perspectiva en este problema absolutamente decisivo de la agricultura estadounidense es nítida: la relación entre el nivel de gasto en R&D y la tasa de retorno de esas inversiones es 8 a 1, superior incluso a la industria manufacturera que es la más avanzada del mundo; y esto responde al siguiente contexto: a partir de la crisis financiera internacional de 2008/2009 la tasa de inversión en EE.UU. fue la más baja en los últimos 50 años, hasta llegar a ser sólo de 12% del producto en 2015, menos de 1 punto por encima del nivel de reposición.

Esto provocó –la falta de inversión- una caída extraordinaria del nivel de incremento de la productividad, que en los 6 primeros meses de 2015 alcanzó a 0,42% anual.

EE.UU. ha recibido más de U$S 12 billones de inversiones del mundo entero en los últimos cuatro años, y esto ha incrementado la productividad a un nivel de 3% anual o más. Esto también ha beneficiado, y de manera especial, al sector agroalimentario.

El agro norteamericano marca el rumbo de la producción mundial en el siglo XXI.

Fuente: Clarin

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