20 de noviembre de 2020 00:16 AM
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Rulo cárnico: la maniobra de algunos operadores que ya tiene en alerta al Gobierno

El Gobierno quiere avanzar con valores de referencia para evitar posibles maniobras de subfacturación en las exportaciones

El rulo financiero llegó a la carne, ya denuncian algunos en el sector. La brecha cambiaria no solo juega en el mercado de las finanzas o en lo que se vio en el rubro automotor con quienes decidieron aprovechar una oportunidad de compra vendiendo dólares en el mercado informal para hacerse de más pesos, sino en el sector cárnico, donde ya habría casos de subfacturación de las exportaciones por parte de determinados operadores.

Al tema ya le puso la mira el Gobierno, que está trabajando para establecer valores de referencia en las exportaciones cárnicas. En rigor, la Dirección General de Aduanas (DGA), que encabeza Silvia Traverso, ya se reunió con cámaras exportadoras de otros sectores para definir cada uno de los valores.

“Ahora estamos trabajando con las exportadoras de productos cárnicos para establecer valores referenciales en el sector. En aquellos productos donde no existe un valor referencial, también son objeto de fiscalización ante desvíos que detectan los sistemas en función de múltiples variables monitoreadas en forma permanente”, indicaron en el organismo.

Precisaron que desde diciembre del año pasado se monitorea la situación. “Al comenzar la gestión reactivamos herramientas como los valores referenciales, que son fundamentales para poder detectar una posible subfacturación en las exportaciones”, dijeron.

“Cuando existe brecha cambiaria aparecen incentivos para que surjan maniobras de sobrefacturación y subfacturación de operaciones de comercio exterior”, admitieron en el organismo que conduce Traverso.

Miguel Schiariti, presidente de la Cámara de la Industria y el Comercio de Carnes (Ciccra), denunció que desde la pandemia que se vienen haciendo estas operaciones subfacturadas de exportación de carne a China y que luego el diferencial de precio se realiza a través de una tercera empresa radicada en el exterior.

En diálogo con LA NACION, el dirigente señaló que en estos casos habría tres jugadores en la relación comercial, una verdadera triangulación. “El primero es quien vende a un determinado precio, inferior que el resto de las operaciones de mercado, a una empresa subsidiaria, quien se encargaría luego de facturar en realidad el valor final a la empresa importadora”, indicó.

Fuentes del sector exportador señalaron que es factible que esto ocurra existiendo una brecha cambiaria tan importante. Agregaron que algunos operadores locales vieron el negocio y se convirtieron en “exportadores sin fábrica”.

La maniobra afecta a los operadores tradicionales
La maniobra afecta a los operadores tradicionales Fuente: Archivo

“Para ellos el rulo cárnico es un negocio bárbaro, pero cuando la brecha se achique y no haya más dinero fácil se van del negocio, total eso no les genera inconvenientes porque no crean mano de obra genuina. Hoy vieron una oportunidad que cuando no exista más negocio, dejarán de hacerlo”, explicaron.

Sin dar nombres, el presidente de Ciccra señaló que “el negocio está en el diferencial entre el tipo oficial y el blue, que a su vez es más de 20% en pesos. Es fácil encontrar quienes son estos operadores que juegan en la informalidad porque si pagan más y venden por menos, hay algo que no cierra. Es muy llamativo que durante este año aumentamos el volumen de exportación de carne y la recaudación caerá en US$200 millones”.

Schiariti fue más allá y sostuvo que es gracias a estas diferencias en las operaciones lo que ayudaría a bajar y “estabilizar” el dólar blue, como una suerte de “manos amigas, porque ese dinero no declarado ingresa directamente al circuito paralelo, a través de cuevas”.

“Este escenario perjudica a los exportadores que hacen las cosas bien porque a la hora de comprar hacienda pagan más y suben los precios y distorsiona el mercado interno al comprar animales que iban al consumo interno para enviarlos afuera”, dijo.

Por: Mariana Reinke

Fuente: La Nacion

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