29 de noviembre de 2020 09:52 AM
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Plan verano contra el estrés calórico

Un grupo de especialistas elaboró un protocolo de bienestar animal que resulta clave ante la mayor frecuencia de temperaturas máximas extremas pronosticadas para la temporada estival en la franja central del país. Cómo utilizar el índice de temperatura y humedad del INTA y qué hacer en el campo, feedlot, transporte y mercados de hacienda para minimizar pérdidas.

Ante la resonancia que en los últimos años tuvo la muerte de bovinos por estrés calórico en diferentes puntos del país, el Grupo Gurú Ganadero elaboró a fines de 2019 un manual con herramientas básicas para anticiparse a estos eventos y prevenir sus consecuencias. La tarea fue realizada por los M.V. Abel Arguelles Iriondo, Mónica Ponce del Valle, Damián Bonadeo y Sebastián Vittone, el Ing. Agr. Gustavo Sueldo, el consignatario Carlos Pujol y el transportista Manuel Lamas.

Hoy, el trabajo recobra importancia ante los pronósticos de temperaturas superiores a lo normal en amplias zonas ganaderías del país, según lo previsto por el Servicio Meteorológico Nacional.

El problema

El rango de confort térmico del bovino es aquél en el que puede regular su temperatura interna sin gasto de energía adicional: en las razas europeas está entre 10 y 21ºC y en las índicas entre 12 y 27 ºC.

¿Qué es el estrés calórico? Son los cambios fisiológicos que se desencadenan ante la exposición prolongada a elevadas temperaturas ambientales y determinadas condiciones de humedad relativa, radiación solar y velocidad del viento, entre otros. Los bovinos intentan adaptarse mediante el aumento de la frecuencia respiratoria -que puede pasar de 20 a 115 veces por minuto- y la sudoración para perder calor. A la vez, disminuyen el consumo de materia seca, de modo de no incrementar la temperatura corporal, y aumentan el de agua, además de cambiar sus hábitos de pastoreo tratando de encontrar alguna sombra. Todo ello conduce a una progresiva disminución de las ganancias de peso diarias, de la performance reproductiva y, en casos extremos, a la muerte. Además, se pueden producir pérdidas de calidad de carne, cortes oscuros, menor tiempo de conservación en frío y acelerada oxidación de la grasa que lleva a un aspecto amarillento, entre otros.

Gestionar el riesgo 

En los últimos años se han desarrollado diversos índices de estrés calóricos para contribuir a la toma de decisiones de los productores. El más conocido es el Índice de Temperatura y Humedad (ITH), que elabora el INTA, cuya plataforma web permite calcular el ITH de diferentes zonas del país con un valor predictivo de 48 hs.

El valor de ITH implica la intensidad de las condiciones de estrés calórico al que se encuentra expuesto el animal:

  • alerta (leve) ITH ≥ 75,
  • peligro (moderado) ITH ≥ 79
  • emergencia (severo) ITH ≥ 84

A su vez, para realizar una correcta interpretación de la severidad del evento, es importante contemplar la duración y la frecuencia del mismo.

A mayor frecuencia de exposición a condiciones de estrés, el bovino tiene menor tiempo de recuperación. Los casos extremos se dan por las olas de calor, que son períodos de 3 o más días con ITH ≥ 79, en los que se reduce la cantidad de horas en las que es posible disipar la carga calórica extra acumulada durante el día.

En tal sentido, el meteorólogo Leonardo de Benedictis, en un webinar organizado por la consultora AZ Group, predijo pocas olas de calor durante el próximo verano, pero con picos muy altos y ascensos y descensos fuertes en tiempos breves.

“Los productores deberían incorporar el uso de pronósticos climáticos e índices de estrés calórico en forma sistemática para planificar las actividades con la hacienda, de modo de evitar llevarlas a cabo en días o momentos con altas temperaturas”, subraya el informe.

Paños fríos

El objetivo es mitigar los efectos de esta problemática y mantener parámetros productivos aceptables, poniendo en marcha un plan verano que incluye prácticas de manejo de la hacienda para preservar su bienestar y la infraestructura mínima necesaria en establecimientos ganaderos, transportes y predios de comercialización.

En el campo, es clave disponer de sombra natural. Potreros con arboledas distribuidas estratégicamente, es una de las medidas más efectivas y económicas, ya que no solo disminuyen la radiación solar directa sobre los animales sino que reducen la temperatura del aire por la evaporación desde las hojas.

Un estudio que evaluó el efecto de la sombra sobre el consumo diurno de alimento, estimó que los sistemas con cobertura arbórea (silvopastoriles de baja densidad) registraron hasta 2 y 2,7 unidades de ITH por debajo de las alcanzadas en praderas sin árboles y en pastos con arbustos, respectivamente, repercutiendo sobre el tiempo de pastoreo y descanso. Los lotes con pasto sin árboles ni arbustos, registraron casi dos horas menos de pastoreo que los que cuentan con especies arbóreas. El lote a pasto, evidenció el mayor tiempo dedicado al descanso, además de mayor consumo de agua.

En los corrales de encierre y aparte, es fundamental contar con sombra natural o media sombra de 80% densidad, dispuesta en sentido norte/sur y con caños aspersores de agua. En días extremadamente calurosos, se recomienda “manguerear” el suelo para aplacar la tierra y refrescar el ambiente sin que se forme barro. Además, hay que preparar las tropas al atardecer viajando de noche o de madrugada, según la distancia a destino.

En el feedlot las medidas de prevención merecen especial atención. Los corrales de encierre permanente deben contener hasta 250 animales livianos (novillitos o vaquillonas) o 200 novillos grandes, para evitar problemas de comportamiento grupal y asegurar la homogeneidad del consumo. Se recomienda que tengan un espacio mínimo de 15/20 m2/cab de modo que el confinamiento no los incomode.

El toldo de media sombra debe proveer un espacio de 2 m2/cab para novillos pesados y de 1,5 m2/cab para novillitos livianos, lo que permite reducir la temperatura entre 1° a 3° C. La altura aconsejada es de 3 a 4 m para que circule aire por debajo.

La aspersión de agua es el método más efectivo para mitigar el estrés calórico dentro de los corrales. Se requiere asperjar los animales cada hora, durante 3 a 5 minutos, con gotas grandes para que penetren en el pelo del animal. También es necesario rociar el suelo, unos 2 m2 por animal, con un camión regador o colocando aspersores, de modo de reducir el calor que emite el suelo como reflejo de la radiación.

Asimismo, hay que poner atención en los comederos. Por ejemplo, en un corral de 60 m de ancho por 50/60 m de profundidad, deberán tener unos 30 cm lineales de espacio por cabeza. Esto permiten que entre el 65 el 75% de los animales (de un total de 200 a 250) tenga acceso simultáneo a la ración, evitando estrés social.

En cuanto al agua, es aconsejable contar con dos bebederos separados ubicados en el centro de cada corral. La provisión de agua deberá asegurar al menos 70 l/cab/día en verano para novillos en terminación.

Con respecto a la alimentación, en la temporada estival, la hacienda consume la mayor parte al atardecer, lo cual le permite disipar el calor asociado a la digestión durante la noche cuando la temperatura es menor. Por lo tanto, es conveniente suministrar el 30% de la ración a la mañana y el resto a la tarde. Asimismo, es importante modificar la dieta para disminuir el calor de la fermentación ruminal, bajando la proporción de grano y subiendo la de forraje, o bien reducir el consumo de la ración alta en grano. Todo ello evitará pérdidas de eficiencia en la conversión.

Al momento del transporte es vital obtener la documentación antes de la carga y no después, así como contratar camiones habilitados por SENASA, en buenas condiciones, observando que los laterales aseguren una correcta ventilación de la jaula.

No hay que cargar la hacienda llena, se sugiere un ayuno de 8 hs de sólidos, con acceso  libre al agua fresca. Asimismo, hay que evitar esperas prologadas en los frigoríficos (de 4, 5 y hasta 6 horas), ya que luego de un viaje de 8 a 10 horas impactarán directamente en la calidad de la carne.

Por último, el informe señala que el SENASA debería implementar un protocolo de bienestar animal, contemplando específicamente el estrés calórico, y confeccionar -en conjunto con los mercados concentradores- un checklist sobre los requisitos mínimos de las instalaciones. Entre ellos, la dimensión de los corrales para el número de animales que van a albergar; la construcción de bebederos adecuados en corrales de espera; la instalación de sombra en la recepción y espera; y la colocación de agua y ventiladores industriales bajo la media sombra.

Más allá de las herramientas concretas, el Grupo Gurú Ganadero plantea un concepto fundamental para la implementación exitosa del protocolo: “la necesidad de involucrar a todos los actores de la cadena -ganaderos, transportistas, consignatarios, frigoríficos, sociedades rurales, mercados de hacienda, asesores técnicos y organismos de contralor sanitario municipales, provinciales y nacionales- en los beneficios que conlleva la aplicación de este manual básico”.

Por Ing. Agr. Liliana Rosenstein, Editora de Valor Carne

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