6 de diciembre de 2020 10:27 AM
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Retenciones: una herramienta clave para ponerle techo a la inflación y un cepo a los vaivenes externos

El rol de las retenciones en productos e insumos como techo para los precios internos. Permite equilibrar las ganancias entre vender en el exterior y abastecer el mercado doméstico

Los factores endógenos y exógenos que componen los precios de los alimentos requiere de una regulación acorde que permita desacoplar los valores internos de ese “ruido blanco”. Una posibilidad de encarar esta problemática es identificar cómo inciden las tarifas y los subsidios sobre el nivel de precios interno de una economía. La flexibilización de los derechos a las exportación que aplicó el macrismo generó un estímulo en las exportaciones pero un efecto adverso en el consumo interno.

El efecto de las retenciones en la mayoría de los casos tiene dos efectos. Uno directo, vinculado con sus propias ventas o compras externas, y otro indirecto, a través de sus insumos. También es clave el control de la cadena para evitar que exista abuso en algunas de sus cadenas. El Destape analiza tres productos clave de la mesa de los argentinos. 

El ternero pastando en la planicie pampeana hasta el momento de la faena es una fantasía que nada tiene que ver con el proceso de “producción de carne (incluye cerdo y pollo)”. El principal elemento de engorde de animales para obtener carne vacuna, porcina y aviar son los granos, complejizando la estructura productiva en la que impactan desde cotizaciones internacionales de commodities hasta pujas distributivas dentro de la cadena, regulaciones internas, costos logísticos y comercialización, entre otros factores.

Carne

Desde octubre el valor de la hacienda vacuna en pie inició una carrera alcista que en apenas dos meses evidencia un ajuste en torno al 30%. Bajo el argumento de un supuesto retraso de precios, idea sobre la que el sector consignatario viene machacando hace varios meses, los valores de la hacienda comenzaron a alinearse con las cotizaciones paralelas del tipo de cambio. Sin un esquema de retenciones integral, tanto para la exportación como importación de materias primas es imposible desacoplar los precios internos de las oscilaciones externas. La carne, a diferencia de la soja, no tiene una cotización internacional de referencia, pero aún así se rige como si así lo fuera.

En el sector insisten en la necesidad de disminuir las retenciones a la carne para mejorar su horizonte exportador. Un trabajo realizado por el economista Emmanuel Alvarez Agis para el Consorcio ABC presenta distintas alternativas que permitirían aumentar las ventas externas. Con la rebaja que aplicó el macrismo la exportación de carne pasó de los 1029 millones de dólares en 2016 a 3092 millones el año pasado, cuadruplicando las cifras en toneladas y triplicándolas en divisas.

En lo que va del año ya se exportaron 2832 millones de dólares. El argumento para esa eliminación es que también “derramaría” en un beneficio a los precios internos. Sin embargo, la contracara fue un aumento de los precios internos, un menor consumo y una caída del stock ganadero por el cambio de mercado al que se dirigió la exportación. 

China pasó a representar un tercio de las exportación de carne vacuna, con una alta participación de animales grandes y vaquillonas. Luego de una breve pausa (el último embarque al gigante asiático había sido en abril), este mes se despachará un nuevo envió y en marzo está previsto otro. En el mercado interno, a donde se destina el 75% de la producción de carne, el consumo per cápita ya se había contraído en 7 kilos en 2019 por efecto de la pérdida de poder adquisitivo de los salarios. 

La carne encabeza en el rubro alimentos las subas acumuladas a octubre, con un 30,6% respecto a diciembre de 2019, luego de haber registrado ese año habían superado el 60% interanual. Los productores cruzan culpas. El presidente de la Cámara de la Industria de Carnes (CICCRA), Miguel Schiariti, sostiene que, “el grano de maíz que costaba 8 pesos el kilo en marzo, hoy cuesta 16″. “Hubo un aumento del 100% y es el principal insumo para el engorde en corral”, explicó el directivo a El Destape Radio. Según explicó, “muchos productores pusieron a engordar el ganado a base de pasturas, que es un proceso más económico, pero más lento. “Eso nos deja a fin de año sin una oferta necesaria”, agregó Schiariti.

El ternero pasó de costar 105 pesos el kilo a 160 pesos el kilo. El presidente de la cámara de cereleras y aceiteras (Ciara-CEC), Gustavo Idígoras, sostuvo que “el ciclo ganadero en el corto plazo no debería trasladar a precios de la industria el aumento de los granos porque ese costo se quedó atrás”. “Este aumento no tiene que ver con los precios de los granos. En la carne hay que lidiar en el mercado para ir a conseguir precio. No tiene una cotización internacional”, aseguró el titular de Ciara-CEC a El Destape. Si se sigue este análisis, sin algún paliativo, los actuales altos precios para los granos el consumidor los afrontará más adelante cuando comienza la cantinela del atraso de precios.

En el caso del cerdo, los valores del ganado en pie y los costos están dolarizados a la cotización del cambio del dólar Banco Nación Argentina tipo vendedor. La suba del precio del cerdo en pie marca un récord en dólares que no sucedía desde abril de 2018. Si bien está aún 16 centavos por debajo del promedio 2012/18, que fue de 1,25 dólares el kilo promedio, es un valor muy alto, pero que tiene relación con los valores de los precios en la mayoría de los países de la región.

Aceite

El aceite es un subproducto con cotización internacional. En este caso las retenciones tienen un impacto directo en los precios internos. El precio del aceite de girasol sobrepasó los niveles pre pandemia, entre cuyos factores se destaca la “menor producción 20/21 esperada de Argentina también condiciona el aumento del precio del girasol internacional, ya que es el tercer productor mundial”.

En este caso también sucede algo peculiar, que tiene que ver con la producción de biocombustibles a partir del uso de aceites, con lo cual el incremento del precio del petróleo se convierte en una variable a competir con las oleaginosas.  Argentina es uno de los principales exportadores de aceites vegetales, como el de soja.

En el caso del girasol, el de preferencia de los argentinos por excelencia,  hubo un aumento de 89% en el precio internacional en el año y el que quedó incluido en Precios Máximos aumentó un 9%”, aseguró Idígoras a este medio. Esquivo a hablar de retenciones, consideró que una solución alternativa al aumento de precios vinculados a las exportaciones es “incrementar la mezcla con soja que tiene un precios menor”. “Es lo que hacen otros países”, aseguró.  El ratio stock/consumo es el más bajo de los últimos 20 años. “Esta situación provocó que los precios se mantengan a pesar de la pandemia”, según los datos de la Bolsa de Comercio de Rosario.

Pero la soja también se encuentra en un raid alcista. Desde los mínimos registrados en los meses de marzo y abril, el precio de las oleaginosas no cesó de aumentar y la cotización en Chicago superó los 436 dólares la tonelada en el contrato con vencimiento más próximo, registrando un aumento de más del 20% en seis meses.

El impulso en los precios también son provocados por la mayor demanda de China, cuyas importaciones en octubre pasado crecieron más de un 40%. El precio del aceite de girasol ya alcanzó sus máximos en seis años, de manera similar a lo que ocurre en los mercados europeos. El precio del aceite de soja, por su parte, alcanzó los niveles que existían antes de la pandemia y se sitúa en máximos de tres años.

Harina

En este caso se suma “la menor molienda de productos derivados de la soja por la primarización preexistente”. La reducción de retenciones que aplicó el macrismo estimuló la venta de granos sin procesar, en detrimento de una mayor industrialización de los alimentos. 

En el sector panadero aseguran que, sin contar el impacto de precios por la cercanía de “Las Fiestas” de fin de año, la bolsa de harina se vende cerca de los 2000 pesos. Los panaderos advierten que el consumo ya se contrajo 30%. El incremento de la bolsa de harina repercute  fuertemente en el precio del pan y ya hay algunas panaderías en las que el kilo se consigue a 120 pesos.  Un informe de la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (FADA) sostiene que el trigo representa el 12% el precio que paga el consumidor, el molino el 6%, la panadería le agrega el 57% y un 25% son impuestos el 25%. 

“Traduciendo de otro modo, de 1 kg de pan, 600 gramos representan los costos de producirlo, 250 gramos impuestos y 150 gramos ganancias de toda la cadena. En seis meses, aumentó la participación de los costos y se redujo la de impuestos y ganancia global”, ejemplifica el informe. El salto en la panadería se explica porque allí convergen dos procesos: producción y comercialización.

Los excesos en la cadena de comercialización y una mayor regulación sobre los procesos son medidas alternativas que pueden coordinarse para morigerar las subas. De acuerdo con el relevamiento realizado por la Confederación Argentina de la Mediana Empresa, la brecha de precios entre lo que paga el consumidor y lo que recibe el productor para el promedio de los principales rubros agropecuarios que participan de la mesa familiar se ubicó en 4,49 veces en octubre.

Fuente: El Destape

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