16 de diciembre de 2020 09:41 AM
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Invernaderos solares, un sistema de trazabilidad a prueba de crisis

CompartiremailFacebookTwitterEn 2011 el sector agrícola de nuestro país sufrió la mayor crisis de imagen a lo largo de la historia. La producción nacional fue azotada por la mal acuñada “crisis del pepino”, ocasionando pérdidas difícilmente cuantificables para las explotaciones de hortalizas y la exportación. ¿Qué ocurrió? recordemos este hito que nos permitirá analizar la efectividad de […]

En 2011 el sector agrícola de nuestro país sufrió la mayor crisis de imagen a lo largo de la historia. La producción nacional fue azotada por la mal acuñada “crisis del pepino”, ocasionando pérdidas difícilmente cuantificables para las explotaciones de hortalizas y la exportación. ¿Qué ocurrió? recordemos este hito que nos permitirá analizar la efectividad de una buena trazabilidad del producto a lo largo de la cadena y conocer los controles destinados a que los productos lleguen inocuos y seguros a los consumidores.

En mayo de 2011, se identificaron en Alemania los primeros casos de afectados por la toxiinfección provocada por la bacteria E.coli y que causó la muerte de, al menos, 53 personas en Alemania. Inicialmente, las acusaciones –de gran impacto mediático- apuntaron a que el serotipo aislado, E.coli O104:H4, causante del Síndrome Urémico Hemolítico (HUS) , se encontraba en un cargamento de pepinos ecológicos procedentes de Almería.

Sin embargo, finalmente se demostró que la bacteria tenía su origen en una granja de brotes de soja ubicada en la Baja Sajonia.

Sistema de trazabilidad

Gracias al eficaz sistema de trazabilidad implantado en el sector hortofrutícola almeriense quedó demostrado que los invernaderos almerienses no solo no tenían nada que ver en esta crisis, sino que, además, aquí se cumple con los sistemas de certificación más exigentes del mundo, lo que garantiza la calidad y la trazabilidad de los alimentos desde que se cultivan hasta que llegan a los lineales de los supermercados.

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La trazabilidad, además de ser una obligación legal de las empresas alimentarias, es un sistema que les permite identificar a sus proveedores y mantener el producto identificado desde el campo a la mesa del consumidor. Además es una herramienta eficaz para combatir el fraude y facilitar el manejo de cadenas logísticas complejas. Se trata de algo así como el DNI del alimento, una etiqueta que aporta la información a transmitir entre operadores hasta llegar al consumidor final.

En la mal llamada crisis del pepino, los registros de trazabilidad aportados por los productores españoles y la empresa de Alemania, permitieron demostrar con transparencia el origen del brote.

En el caso de los invernaderos solares de Almería y la costa de Granada, gracias a su enorme capacidad exportadora, el 100% de la producción posee un sistema de trazabilidad, fruto de la exigencia de las grandes cadenas de distribución, las normativas europeas y las normas de certificación, cada vez más exigentes. De esta manera se lucha contra el fraude y se garantiza la inocuidad de los alimentos.

Detallada red de intercambio de información

Se trata de una detallada red de intercambio de información mediante la que la empresa debe recoger y almacenar toda la información en relación a los alimentos y las actividades durante la producción. Una de las herramientas más empleadas, es el sistema de codificación EAN, utilizando códigos de barras e, incluso, mediante RFID (Radio Frecuencia de Identificación) o códigos QR.

Según datos de FEPEX (Federación Española de Asociaciones de Productores Exportadores de Frutas, Hortalizas, Flores y Plantas vivas), la exportación española de frutas y hortalizas frescas registró en el primer trimestre de 2020 un crecimiento interanual del 2,5% en volumen, totalizando 3,9 millones de toneladas, y un 12% en valor ascendiendo a 4.528 millones de euros, incluso teniendo en cuenta las circunstancias COVID-10. Esto es señal de la seguridad y calidad que ofrecen estos productos tanto en el mercado nacional como internacional.

Sin ir más lejos, cada año, los invernaderos solares del sudeste español producen 4,5 millones de toneladas de frutas y hortalizas frescas que llegan a una población de 500 millones de personas para proporcionarles alimentos saludables en periodos donde la producción continental no es posible por culpa de las bajas temperaturas.

Gracias a la trazabilidad, los consumidores de todo el mundo tienen la garantía de que los alimentos que se cultivan en los invernaderos solares del sur de Europa se producen y elaboran de una manera segura, sostenible y ética a lo largo de toda la cadena alimentaria. Y, eso, en los tiempos que corren es algo que no todos los países pueden presumir.

CuteSolar

Para aclarar éste y otros aspectos, productores europeos agrupados en las organizaciones APROA, HORTIESPAÑA Y EUCOFEL, han puesto en marcha el programa CuteSolar: cultivando el sabor de Europa en invernaderos solares, cuyo objetivo es informar y promocionar los cultivos y los métodos de producción en los invernaderos solares.

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