22 de diciembre de 2020 00:04 AM
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Por usurpaciones: fuerte preocupación de pequeños productores en Salta

Como un espejo del sur con el norte, a 2400 kilómetros del lago Mascardi, donde ocurrieron las tomas de los mapuches, a la vera de la misma ruta 40 y con el mismo modus operandi, se repiten, aunque con otros actores, las usurpaciones y tomas en los Valles Calchaquíes, en Salta. “Se hacen pasar por diaguitas”, dijeron […]

Como un espejo del sur con el norte, a 2400 kilómetros del lago Mascardi, donde ocurrieron las tomas de los mapuches, a la vera de la misma ruta 40 y con el mismo modus operandi, se repiten, aunque con otros actores, las usurpaciones y tomas en los Valles Calchaquíes, en Salta.

“Se hacen pasar por diaguitas”, dijeron el sábado pasado pequeños y medianos productores que se movilizaron a la plaza de localidad de Cachi para pedir que se termine el avance de supuestas comunidades aborígenes sobre la propiedad privada.

Cerca de 100 pequeños y medianos productores de Cachi, Payogasta, Angastaco, Molinos, Seclantás y otros parajes de los valles, reclamaron por su derecho a la propiedad privada. “Lo importante es estar unidos, no importa que producción realicemos”, agregaron.

Según contaron, desde hace tiempo que no pueden realizar sus labores agrícolas por la presencia de miembros de la autodenominada “Comunidad Diaguita Calchaquí” que, según denuncian, no solo arremeten sobre la propiedad privada sino que impiden que siembren sus tierras, bajo amenaza de sacarles sus hectáreas.

Hace más de 80 años que la familia Wayar tiene su finca familiar en Las Pailas, al pie del Nevado, en Cachi. Son 39 hectáreas de las cuales 23 están tomadas desde 2010, o sea que en el 75% de sus tierras dejaron de producir porotos, pimientos para pimentón, alfalfa y verduras. En la zona hay también una enorme cantidad de pequeños productores a lo que los llaman “vallistos” que tienen una o dos hectáreas que las producen desde mucho tiempo.

En medio de un lote arado y listo para rayar y sembrar en la finca de los Wayar, instalaron una casa e izaron su bandera
En medio de un lote arado y listo para rayar y sembrar en la finca de los Wayar, instalaron una casa e izaron su bandera

Para Florencia Wayar, la situación que se vive en el lugar desde que se sancionó la ley 26.160 es cada vez más difícil. “En el año 2006, con la ley de Relevamiento Territorial de Comunidades Indígenas, comenzaron a aparecer pseudo comunidades que nada tenían que ver con los pueblos originarios. Desde ese entonces la gente se siente cada vez más amenazada porque estos grupos avanzan sobre la propiedad, con el aval de la normativa en la que se amparan”, dijo en diálogo con LA NACION.

La productora contó que la mecánica para usurpar primero es autodeterminarse originario y luego les marcan el territorio al Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI) donde dicen que viven para que les den posesión de las tierras. “Así crearon la Comunidad Diaguita y nombraron como cacique a una mujer a la que la llamaron Mamushka y después eligieron a otro cacique. Con solo autoproclamarse dueños pueden tomar lo que quieran y arrebatar las tierras a los productores y amenazarlos. Solo en la Poma marcaron 120.000 hectáreas como territorios indígenas. Según el INAI, nosotros estamos en un territorio indígena”, señaló.

Wayar contó que a los pequeños productores los amenazan con “que les van a quemar sus casas, que les van a quitar las tierras y no los dejan producir” y relató que a principios de diciembre unas 20 personas volvieron a querer tomar más tierras de su finca bajo amenaza y cuando la policía los vino a proteger y respondieron con piedras. “Lo más grave es que ellos no viven en comunidad sino que se reparten las tierras para cada uno de los integrantes, es decir las lotean”, dijo.

De la vereda de enfrente, Ulises Yañez, delegado de la Union de los Pueblos de la Nación Diaguita en Las Pailas, Salta, dijo que su comunidad está abierta al diálogo, “que son un pueblo preexistente con una posesión milenaria ancestral y que siempre han estado en el lugar”.

“Hay una deuda argentina para con los pueblos originarios. Siempre fuimos poseedores, ahora queremos la titularidad. No hay diálogo por parte de ellos. No tenemos un fin independentista y nos sometemos a la Justicia argentina para que resuelva”, indicó.

Otras regiones, más usurpaciones

Las usurpaciones y tomas también se dieron en Payogasta. Allí los Colque tienen una finca de 40 hectáreas cultivables que compraron en los años 90. Los cuatro hermanos siembran hortalizas, tienen ovejas y cabras y realizan una pequeña producción de quesos de cabras.

“Hace un tiempo, a un arrendero que nos alquilaba le dijeron que si se transformaba en originario se convertía automáticamente en dueño. Fuimos a a Justicia y lo desalojaron. Pero al tiempo ingresaron por la fuerza 40 personas a mi finca”, dijo Guillermo Colque.

Ahora tienen 13 hectáreas tomadas pero lo más grave es que tiene miedo que le sigan tomando más tierras. “Ese es el gran problema de la autodeterminación, con una Justicia ausente que toma desiciones en base a esa ley y deja de lado el derecho de propiedad es difícil seguir adelante”, apuntó.

“Hoy en un corto tiempio se crearon 40 nuevas comunidades en el Valle Calchaquí que están como poseedores de un lugar que nunca estuvieron. Solo en la Poma hay 120.000 hectáreas que figuran como territorio indígena”, agregó.

Otro de los casos es el de Carlos Urtasum, porteño pero que en el año 2004 decidió mudarse a Salta para tener una vida más tranquila con un emprendimiento vitivinícola. Compró una finca de 14 hectáreas en Cachi y allí puso unas cabañas para turismo y tres hectáreas con viñedos. Hace ocho años, tuvo un problema con unas comunidades nuevas que aparecieron y prefirió dejar de utilizar 10 hectáreas.

“Compré de buena fe y hoy solo trabajo cuatro de las 14 hectáreas que tengo para no tener conflictos. Uno le hace mejoras al terreno y cuando es un vergel vienen y te usurpan. Al final uno cede a reclamos injustificados donde nada los avala.Tengo 68 años y quiero vivir tranquilo”, describió.

Luego de tres vueltas alrededor del pueblo de Cachi, pasado el mediodía, el último sábado los productores se retiraron a sus fincas para seguir con su labor agropecuaria, sin antes dejar de reclamar la presencia del Estado. “Está ausente tanto para las verdaderas comunidades de pueblos originarios carentes de necesidades básicas, como de la sociedad velando por sus derechos”, concluyó Colque.

Por: Mariana Reinke

Fuente: La Nacion

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