27 de diciembre de 2020 20:57 PM
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Uruguay : Lo que el 2020 se llevó, y lo que nos dejó

Manuela García Pintos | No sé analizar los mercados como Rafa Tardáguila; ni estudiar la economía como Nico Lussich; no voy al fondo de los temas como Martín Olaverry, ni tengo la labia de Pablito Mestre. De todas formas, me gusta pensar que si bien no trabajo en el campo, trabajo para el campo. El […]

Manuela García Pintos |

No sé analizar los mercados como Rafa Tardáguila; ni estudiar la economía como Nico Lussich; no voy al fondo de los temas como Martín Olaverry, ni tengo la labia de Pablito Mestre. De todas formas, me gusta pensar que si bien no trabajo en el campo, trabajo para el campo.

El de la foto es mi papá, un productor rural de Lavalleja. Él no paró, ni se quedó en casa, ni un solo día. No pudo porque, además de la pandemia, el campo sufrió una seca terrible que, cuando quisimos acordar, los campos estaban amarillos otra vez. Tampoco lo hizo mi madre, funcionaria del INAU, porque alguien tenía que hacerse cargo de los niños del Estado. Afortunadamente en mi casa no se paró, y debemos ser conscientes de ello.

Me pidieron que escriba sobre lo que el 2020 nos dejó, pero prefiero empezar por lo que se llevó. El 2020 se llevó a mi abuela Graciela -¡una ídola!-que, directa o indirectamente, me enseñó el gusto por la escritura. Pero el 2020 se llevó a muchos abuelos más; a padres, madres, hermanos, tíos, amigos.

El 2020 se llevó el trabajo de más de 100 mil personas. El 2020 dejó a 250 mil en seguro de paro -sumado a otros 400.000 trabajadores informales y casi 100.000 empresas unipersonales sin derecho a este beneficio- y a un montón de uruguayos en vilo. Y, de las cosas más tristes, que el “quedate en casa” no fuera la opción más segura, porque entre abril y mayo el número de llamadas para atención y asesoramiento por violencia de género alcanzó las 64 por día, alcanzando un pico máximo en abril, cuando se atendieron 2.231 consultas, o sea, cerca de tres llamadas por hora o una cada 20 minutos.

Pero el 2020 también trajo a un gobierno que renovó las esperanzas de muchos uruguayos, de un campo olvidado y de un interior abandonado.

¡El 2020 me devolvió a mi hermano! que vivió en el exterior durante cuatro años. Pensamos que no volvería más a Uruguay, porque no es nada fácil conseguir trabajo de ingeniero agrónomo. Una lástima para un país en donde el agro genera casi el 6% del PBI, unos US$ 3.300 millones según el dato de 2019.

El 2020 nos enseñó que en situaciones límites no existen hinchadas ni banderas. Que unos 3 millones de habitantes, de un país de 176.215 kilómetros cuadrados, al cual solamente sus vecinos y pocos más conocen -gran parte de ellos por el fútbol o nuestras carnes-, despistaron al mundo. Fuimos el ejemplo, estuvimos en la portada del primer mundo, nos aplaudieron, nos agradecieron por algo que a nosotros nos sale desde adentro: ayudar al otro.

Hace no tantos meses atrás, escribíamos sobre las miles y miles de donaciones que hicieron los productores rurales y, qué ironía, ¡el problema era cómo canalizar esa ayuda!

Fue una oleada de solidaridad sin igual que dejó en evidencia la vigencia de “las gaucheadas”. Hubo un sinfín de llamadas en las que se ofrecía desde una gallina, una oveja, leche, papas, arroz, carne, dinero de la jubilación o hasta arrear el ganado gratis para ayudar a los que la estaban pasando un poco peor que ellos. ‘¡Pucha!’, dijera mi abuela Graciela, ¡qué paisito!, y qué suerte estamos acá.

Con el tiempo fui descubriendo que contar historias es mi gran pasión. Así que pido que nunca se terminen. Quiero ver más jóvenes emprendiendo y muchas más mujeres al frente de la batuta. Quiero que se continúe trabajando en el campo, que se apueste por él y que -por favor- sigan llegando generaciones que sigan haciéndonos sentir orgullosos de ser uruguayos.

Que venga un 2021 con agua para el campo, salud y con muchísimo más rurales para el país.

Fuente: El Pais

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