6 de enero de 2021 20:32 PM
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Exportar carne roja no sólo depende del productor y de los frigoríficos

De poco sirve el esfuerzo del productor, si su propio Estado, que siempre lo castiga en su propia casa con impuestos e ineficiencias de todo tipo, no logra lo que otros Estados obtienen, que es un trato arancelario más atractivo que, de pronto, es el que define quien exporta, y quien no, a cada mercado en particular.

Para países como la Argentina, la posibilidad misma de poder exportar carnes rojas al resto del mundo no depende, nunca, sólo de los productores y comercializadores. También depende del Estado del país vendedor y de su habilidad -o incompetencia- negociadora frente a los Estados de los países compradores. Una reciente nota publicada en el excelente diario uruguayo “El País”, el 30-12-2020, así lo evidencia, aparentemente.

En efecto, la carne roja uruguaya que se exporta a Gran Bretaña paga, al ingresar al mercado británico, un arancel de importación del orden del 40% del valor de la carne exportada. Altísimo. Casi la mitad del valor de la carne importada queda, entonces, en las arcas del Tesoro británico. Una expresión más de “perfidia”.

A su vez, cuando esa carne se exporta a China, como sucede con todos los países del Mercosur, ella debe pagar un arancel de importación del orden del 12%, cuando, en cambio, la carne australiana de similar calidad paga un arancel de importación mucho menor, de apenas entre el 4,8% y el 3,6%. Otra silenciada discriminación.

Sigamos con los ejemplos. Cuando la carne uruguaya entra, en cambio, a Japón, el arancel de importación es del 40%, mientras que la carne similar, pero proveniente de los EEUU, paga apenas un arancel del 13,3%; la de Australia, un arancel del 18,6%; y la de Nueva Zelanda, uno del 21,3%. Más de lo mismo, por cierto.

Esos pocos números deberían hacernos reflexionar. De poco sirve el esfuerzo del productor, si su propio Estado, que siempre lo castiga en su propia casa con impuestos e ineficiencias de todo tipo, no logra lo que otros Estados obtienen, que es un trato arancelario más atractivo que, de pronto, es el que define quien exporta, y quien no, a cada mercado en particular.

Este tema debería estar siempre en la agenda permanente de los productores con su propios Estados, para que nadie tenga condiciones de exportación que, por ellas mismas, sean las que abran puertas para algunos y para otros, en cambio, no.

Los datos comparativos deberían ser publicados regularmente, de modo que el gran público pueda calificar como corresponde la efectividad y eficiencia real de la acción exterior de sus propios gobiernos.

Cuando los gobiernos nacionales no son capaces de acotar las “brechas externas arancelarias” que enfrentan las exportaciones de su propio país, ellos son -seria y claramente- parte del problema. Porque son incapaces de derribar las barreras que otros gobiernos de países competidores han derribado. Así de simple y así de claro.

Emilio J. Cárdenas

Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.

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