10 de enero de 2021 18:08 PM
Imprimir

Sobra el maíz pero no aparece. ¿Pues entonces, quién lo tiene?

l gobierno limitó las exportaciones por falta de maíz para la industria local y la Mesa de Enlace lanzó un lockout. ¿Qué es lo que se juega detrás de este negocio?

En grandes números, la cosecha de maíz del último año dejó una producción de 58 millones de toneladas. La demanda interna (para biocombustibles, alimentación para aves, pollos y cerdos, industria molinera y sus distintos derivados) ronda en torno a las 20 millones de toneladas anuales. Por lo cual, quedarían disponibles 38 millones para la exportación. Hasta inicios de la última semana, se habían registrado compromisos de exportación (la mayor parte ya concretada) por 34,25 millones, es decir que le quedaba un margen de alrededor de 4 millones todavía para destinar al exterior. Sin embargo, desde sectores de la producción agroindustrial (concretamente, de carne aviar y de huevos) advirtieron que faltaba maíz en el mercado. “No nos venden, y lo poco que hay lo ofrecen a precios exorbitantes”, se quejaron ante el gobierno. ¿Qué pasaba? Ante la ausencia de una respuesta satisfactoria, la solución preventiva que dispuso el gobierno fue cerrar las exportaciones. ¿La reacción? La agroindustria y los exportadores de cereales conformaron una mesa para buiscar una solución. La Mesa de Enlace, expresión degradada de la producción más concentrada, lanzó un lockout, un cese de comercialización en protesta. Es decir que, quienes tiene los granos pero se niegan a venderlos al mercado interno, al mismo tiempo lanzan una medida de fuerza porque no se lo dejan exportar. ¿Puede haber alguna duda de que están apostando al desabastecimiento, presionando al gobierno para algún otro tipo de medidas? ¿Por ejemplo, una devaluación?

Otro modelo productivo

En los ultimos años, el maíz se transformó en Argentina en lo que se denomina “un insumo difundido”. Esto es, una misma materia prima de la cual dependen diversas ramas productivas a la vez. Fundamentalmente, a partir del cambio de la forma de producción de las carnes. Las vacas y los novillos ya no caminan el campo pastando. Los pollos y las gallinas ponedoras tampoco recorren el corral picando los granos que encuentran en el piso para alimentarse. La producción de carne y leche se hace en establecimientos cerrados donde los animales comen alimento balanceado en base a maíz (feed lots). La producción de carne aviar y de huevos tampoco se realiza a campo abierto, sino en establecimientos cerrados con aves que reciben una alimentación balanceada en cantidades medidas. El cambio también alcanzó a la cría y engorde de los rodeos porcinos, con similares características en la transformación de las formas de producción. 

Por si fuera poco, surgió en las últimas décadas la producción de biocombustibles (etanol) a partir del maíz. Actualmente, se estima que por año la producción de etanol y de diferentes subproductos de la molinería (no sólo harinas y aceites, sino también otros productos para la alimentación y de uso industrial) demanda entre 3 y 4 millones de toneladas de maíz como materia prima. Mientras que el consumo animal (ganado vacuno, porcino y aviar) demanda entre 16 y 17 millones de toneladas al año.

Veamos ahora que pasó con la oferta de maíz, con la producción y su llegada al mercado en esta temporada. Como se dijo, la cosecha de maíz superó las 58 millones de toneladas. Pero hacia mediados de diciembre, se detectó que pese a que a la exportación le quedaba aún un margen amplio para exportar y el uso interno del grano no había llegado a los 20 millones de toneladas, empezó a faltar el producto. Concretamente, no había maíz disponible para su uso como alimentos balanceado para la actividad avícola.

Suba de precios

Excedente de maíz debía haber, pero en el mercado no aparecía. Las causas quizás haya que buscarlas en el contexto. El precio internacional del maíz viene en una suba sostenida por lo menos desde agosto, lo que ya lo ubica en su mayor valor de los últimos seis años. El aumento se refleja en el precio interno, donde la tonelada registró un aumento, en pesos, de alrededor del 100 por ciento en los últimos seis meses (precio actual contra el vigente a julio de 2020). Es decir, hoy el precio para el productor de maíz es excelente tanto para exportación como para mercado interno. ¿Por qué no vende? ¿Espera que siga subiendo?

La respuesta, según parece, es que SI. Hay una doble presión alcista sobre el precio de la materia prima. La tendencia a la suba en el mercado internacional por ahora parecería imparable, porque se espera un descenso en la oferta de la nueva campaña. Entonces, una primera razón para la reacción agresiva de la Mesa de Enlace es la oposición a que el gobierno “intervenga” para tratar de cortar ese circuito entre la suba internacional del precio y su reflejo en el precio local. La segunda razón es que también en el plano interno se esperan dificultades con la nueva cosecha. Los grandes productores, los que tienen espalda suficiente, se ven tentados a sentarse sobre sus silobolsas cargadas y esperar que el precio siga subiendo. Desentendiéndose, claro está, de los eventuales problemas de desabastecimiento para la industria de alimentos. 

Cosechas

El calendario del ciclo productivo del maíz tiene marcadas dos fechas de cosecha por año. Con un ciclo de producción de cinco meses, el maíz sembrado en septiembre se cosecha a partir de febrero del año siguiente: primera cosecha o maíz “de primera”. En julio hay una segunda recolección, el maíz “de segunda”, pero la de mayor volumen es la cosecha “de primera”. Los meses de verano, de diciembre hasta febrero o marzo, son los de “empalme” de cosechas. Se va agotando la disponibilidad de la cosecha anterior a medida que llega la nueva. La particularidad de este año es que, como hubo sequía en los meses previos, no se espera una buena recolección para febrero/marzo. De allí la especulación de los productores que tienen stock de la cosecha vieja y prefieren guardarla. 

“El año 2021 se verá afectado por el fenómeno climático de La Niña, va a haber nuevamente sequías y no sólo en Argentina”, indicó un  especialista consultado por . Página/12. Eso explicaría, en parte, que se mantenga la tendencia a la suba en los granos a nivel internacional: se espera una reducción en la oferta no sólo de maíz, sino también en soja y probablemente en trigo. En el caso del maíz en Argentina, indicó que “el productor mantuvo la superficie sembrada de la temporada anterior, que fue de producción récord, pero no se van a repetir los rindes, con lo cual la producción puede caer en dos o tres millones de toneladas”. 

Dos actitudes

Cuando el gobierno decidió la suspensión de exportaciones de maíz hasta el 28 de febrero, fue una respuesta y una advertencia por la escasez de materia prima para la producción interna de carne aviar y huevos, que podría llegar a afectar también a la carne vacuna, porcina y a la producción de leche y sus derivados. Hubo dos reacciones diferentes: tres de los dirigentes de la Mesa de Enlace Jorge Chemes (CRA), Daniel Pellegrina (Sociedad Rural) y Carlos Achetoni (Federación Agraria), decidieron romper el diálogo con el gobierno y lanzaron un lockout con cese de comercialización de granos 72 horas, a partir de este lunes 11. El resto de los sectores de la produccióm agrupados en torno al Consejo Agroindustrial conformaron una mesa de trabajo, que elaboró un documento que le presentaron al gobierno el jueves último.

Su propósito, expusieron, es “elaborar propuestas para solucionar la situación planteada, así como analizar la situación de la oferta y la demanda en el mercado interno”. Como para marcar diferencias con la Mesa de Enlace, que ya para entonces había lanzado el lockout, sostuvieron que “las entidades presentes, en el marco del Consejo Agroindustrial, estan firmemente comprometidas a dialogar, proponer, acconar y comunicar las políticas públicas que den respuesta a esta profunda crisis económica y social”.

Tras el análisis de los datos de la campaña 2020/21, las entidades que componen dicho encuentro concluyeron que “las cifras no evidencian un problema de abastecimiento interno, contándose con un stock de maíz superior a los 10 millones de toneladas”. Es decir, que a las casi cuatro millones todavía pendientes de inscribir para exportar, todavía quedan otras 6 millones de toneladas disponibles para el mercado interno. Pero, ¿en poder de quién?

Una salida

El compromiso que asumieron las entidades ante el Ministerio de Agricultura el jueves fue encontrar mecanismos para “atender las necesidades de la demanda para el consumo interno así como mitigar efectos de cambios bruscos en precios internacionales” sobre los valores locales. Vale repasar: firman el documento las asociaciones de productores porcinos, la de semilleros, la cámara de exportadores de cereales, la de feedlot y la de productores avícolas, la asociación Maizar, las bolsas de cereales de Buenos Aires, de Córdoba y la de Comercio de Rosario, y Matba-Rofex.

El gobierno se comprometió a levantar la suspensión de exportaciones pero sólo si aparece un mecanismo efectivo que resuelva la aparición de las toneladas de maíz que faltan en el mercado. Pero, ¿quién las tiene? ¿Los productores en sus silobolsas? ¿Los acopiadores? ¿Los propios exportadores? Y lo más interesante: ¿qué hará la Mesa del Maíz del CAA para que salga esa oferta en el mercado? El gobierno está esperando la respuesta. Si es convincente en su efectividad, dejaría sin efecto la suspensión de exportaciones. Podría ocurrir en las próximas horas.

Fuente: Pagina 12

Publicidad