17 de enero de 2021 10:50 AM
Imprimir

El país está mal y sin el campo va a estar peor

Una diputada camporista sostuvo que “la desgracia del país es ser exportador de alimentos”, porque eso los encarece. En medio del conflictivo clima que instaló el desactivado bloqueo a la exportación de maíz, el delirante razonamiento de la legisladora Fernanda Vallejos terminó avalado por el silencio de los oficialismos. Ni nuestros alimentos son “caros” en […]

Una diputada camporista sostuvo que “la desgracia del país es ser exportador de alimentos”, porque eso los encarece. En medio del conflictivo clima que instaló el desactivado bloqueo a la exportación de maíz, el delirante razonamiento de la legisladora Fernanda Vallejos terminó avalado por el silencio de los oficialismos.

Ni nuestros alimentos son “caros” en relación con el mercado internacional ni la culpa de la pobreza, que es lo que los vuelve inaccesibles, la tiene su exportación. Más bien, el problema es atribuible a una dirigencia que ignora a la producción y prefiere fabricar pobres. En medio de una pandemia que hundió los indicadores sociales y económicos a niveles impensados, lo menos que necesita la Argentina hoy son improvisaciones en el manejo de la crisis sanitaria, pasos en falso con las vacunas y funcionarios que no estén a la altura que requiere una potencia agroalimentaria mundial.

La capacidad de exportar alimentos es una fortaleza y la actividad rural no solo genera divisas sino que tiene efectos multiplicadores en pymes, tecnología, metalmecánica, agroindustria y desarrollo humano, porque con las fincas llegan los caminos, el agua, la electricidad, los centros de salud y las escuelas.

La economía cae desde 2011 y la crisis global acentuó el hundimiento en el último año.

Con el bloqueo que se dispuso contra la exportación de maíz, el gobierno apeló, una vez más, a una herramienta que fracasó en todo el mundo. Ante la lógica reacción del agro, volvió sobre sus pasos y propuso un sistema de cupos que finalmente desechó, luego de que referentes del Consejo Agroindustrial Argentino (CAA) advirtieran sobre la discrecionalidad, favoritismo y corrupción a que se prestaron similares esquemas en tiempos no tan lejanos.

El problema de fondo es macroeconómico y el gobierno no está en condiciones o al menos no muestra un proyecto coherente para salir del pozo. Con culpar al pasado y limitándonos a emitir billetes como única solución, solo caeremos un poco más abajo. La falta de objetivos de desarrollo económico garantiza una decadencia más pronunciada aún. La pobreza actual trepó al 44,2%, según datos de la UCA, y el empleo en negro deja fuera de la protección legal a casi la mitad de la población activa.

Y en este contexto, ante los problemas que siguen sin ser abordados en la macroeconomía y el mercado interno, no se tuvo mejor idea que intervenir en la única economía competitiva que tiene la Argentina, junto con las tecnológicas que se marchan del país.

Los ensayos que siembran incertidumbre en el agro y la ganadería no son gratuitos.

Las agroindustriales representan más del 70% del volumen total de las exportaciones argentinas, es decir que 7 de cada 10 dólares que ingresan al país son generados por las colocaciones internacionales del agro y la ganadería. Exportar alimentos no es una “maldición” para el país sino una de las pocas razones por las que el dólar no es más caro y los salarios reales no son más bajos.

La cadena de la agroindustria es la primera generadora de divisas y hasta los analistas más escépticos reconocen que sin ella, por más vacunas que se apliquen, no habrá apertura económica posible, ni modo de cubrir los abismos de un gasto público descomunal. En Salta, como en otras provincias, el campo es el principal motor de la economía y el que más empleos sostiene después del Estado.

El país necesita agro e industria, como bien dijo el ministro Matías Kulfas al comienzo de su mandato. Deben ser complementarios. Pero es inconcebible imaginar que el país va a retomar el rumbo del desarrollo humano si, en nombre de ideologías anacrónicas, fracasadas y que ignoran las necesidades de los sectores más vulnerables, se destruye lo único que hoy puede ser el punto de apoyo para iniciar el crecimiento.

Fuente: eltribuno.com

Publicidad